Congelo óvulos, ¿y luego qué?

El Sergas rechaza usar los ovocitos vitrificados previamente por una mujer en una clínica privada para tratarse en el sistema público

Alega que no puede controlar la trazabilidad

Embriones congelados en la 
unidad de reproducción
asistida del Chuvi.   | // MARTA G. BREA

Embriones congelados en la unidad de reproducción asistida del Chuvi. | // MARTA G. BREA / A. Blasco

Cuando una mujer decide congelar sus óvulos sin que medie ningún motivo médico –un cáncer o una cirugía agresiva que merme su fertilidad, por ejemplo–, se conoce como preservación social. Las mujeres que optan por esta vía se han multiplicado por 30 en la última década en España. Como es algo que no está incluido en la cartera pública de servicios, no tienen más alternativa que hacerlo en una clínica privada. El proceso en sí tiene un coste de entre 2.000 y 4.000 euros –según datos de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF)–, a lo que hay sumar otros mil de la medicación de estimulación previa y entre 300 y 400 de mantenimiento anual en los congeladores del biobanco.

Y cuando, años después, quieren recuperarlos para ser madres, ¿qué pasa? Que tienen que aportar otros miles de euros –entre 3.500 y 5.000 en las técnicas menos complejas de Fecundación in Vitro, siempre según la SEF– para hacer uso de ellos. Su traslado a las Unidades de Reproducción Asistida del Servizo Galego de Saúde (Sergas) no es una opción. Por lo menos, en la actualidad. Eso es lo que le han respondido a una mujer del área sanitaria de Vigo.

Por motivos personales, había congelado óvulos hace tres años en una clínica privada. Ahora es usuaria de la Unidad de Reproducción Asistida del Sergas en Vigo y planteó la posibilidad de trasladar sus gametos y usarlos en este proceso. Son más jóvenes y, por tanto, con más posibilidades de éxito, lo que no solo le beneficia a ella, sino que reduce costes a la Administración porque se presupone un menor número de intentos. También porque no haría falta el proceso de hormonación previo –con medicación de alto coste– ni pasar por quirófano para la extracción de los ovocitos.

Desde la Consellería de Sanidade explican que se trata de una cuestión de “trazabilidad”. Detallan que al no haber sido vitrificados en un centro de la red del Sergas no controlan todo el proceso. “¿Quién se hace responsable si hay un problema?”, plantean. Dicho esto, es un asunto que no se cierran a estudiar de cara a un futuro. “No se descarta que de una forma conveniada” se pueda llegar a hacer. Más allá del propio caso, abre un debate con implicaciones en uno de los mayores retos de la sociedad gallega: frenar el invierno demográfico.

Debate abierto

El ginecólogo Roque Devesa Hermida, jefe de la Unidad de Reproducción Humana del Equipo Ron (Quirónsalud A Coruña) y presidente del congreso que la SEF va a organizar en mayo en Galicia y en el que se esperan más de 1.300 profesionales, explica que no se aceptan traslados ni de óvulos ni de embriones vitrificados desde un centro privado a uno público. Entre otras cuestiones, no está incluido en las prestaciones de la cartera común del Sistema Nacional de Salud en este ámbito. El doctor, que fue jefe de Ginecología en Povisa, sí conoce casos de movimientos en la dirección contraria o entre bancos privados de diferentes territorios. Recuerda cómo “hace muchísimos años” los trasladaba la propia paciente, en un proceso “totalmente irregular” que se ha sustituido por otro completamente reglado y mediante empresas especializadas.

“Lo fundamental es fomentar medidas encaminadas a adelantar la edad de maternidad”

Roque Devesa - Ginecólogo

decoration

Ve “lógica” la negativa de la Administración, sobre todo, porque lo considera una cuestión de “equidad” con aquellas personas que no pueden sufragarse la congelación privada y saltarse así esta fase en el proceso en la sanidad pública. Además, recuerda que la preservación social no está incluida en la cartera pública de servicios. Entiende que cabría deliberación en una excepción: la de una paciente oncológica, ya que para este colectivo sí se plantea la congelación pública.

¿Debería el sistema público incluir la preservación social en la situación de caída continua de la natalidad en la que está la sociedad? “Seguramente haya que hablarlo”, responde el doctor Devesa, pero plantea: “¿Sería lo prioritario?”. Advierte que “no se preserva la fertilidad, sino óvulos; se están dando oportunidades futuras”. Por ello, es partidario de favorecer la vitrificación, pero “en medio de otras medidas”, fundamentalmente “encaminadas a adelantar la edad de maternidad”.

Precisamente, como previa al congreso nacional de la SEF en A Coruña, se presentarán las recomendaciones que han consensuado para mejorar la natalidad y la salud reproductiva las principales instituciones implicadas en la fertilidad en España –la SEF, las sociedades españolas de Ginecología y de Medicina Familiar y Comunitaria, federaciones de Sociología, de Matronas, de Nutrición y asociaciones de pacientes, entre otras–. “A nivel mundial, con Asturias y Castilla y León, somos la región del mundo con menor natalidad; la situación es dramática”, resalta el doctor Devesa.

Con este documento buscan impulsar la información y educación en este ámbito, incidir en la prevención de la infertilidad y esterilidad y su tratamiento a tiempo y articular un sistema de abordaje eficiente de los retos sociosanitarios de la reproducción y la reproducción humana asistida. En esta hoja de ruta, entre otras muchas cuestiones, incluyen un llamamiento a las autoridades para desarrollar “políticas públicas que hagan asequibles estos tratamientos para las ciudadanas, erradicando así problemas de inequidad”, en referencia a la vitrificación.

Cada vez más jóvenes

Las mujeres que por motivos socioeconómicos o personales deciden posponer la decisión de ser madres y optan por la vitrificación de sus óvulos para tener luego más opciones de éxito son cada vez más jóvenes. Así lo ha constatado la Sociedad Española de Fertilidad (SEF), que calcula que han bajado de los 38 a los 35 años de media. Y también lo ve el doctor Elkin Muñoz en la clínica que IVI tiene en Vigo. “Ahora llegan con 34, 32 y hasta 30 años”, cuenta.

Han pasado de acudir a este recurso en la edad límite en la que la fertilidad suele caer en picado a unos años en los que la producción de óvulos válidos es mucho mayor. El doctor Muñoz, director médico de la clínica, lo atribuye a las campañas de difusión de este servicio y a una “mayor diseminación” de información sobre los problemas de fertilidad. “El comportamiento social ha cambiado”, sostiene.

“Ahora llegan con 34, 32 y hasta 30 años”

Elkin Muñoz - Doctor

decoration

IVI es la clínica con la que el Servizo Galego de Saúde tiene conveniada la vitrificación de óvulos de pacientes oncológicas o que se van a someter a algún tratamiento o cirugía agresiva que mermara su fertilidad –menores de 40 años y sin hijos–. Hasta marzo del año pasado lo hacían con el área de Vigo y Ourense. Desde entonces, con la incorporación de nueva tecnología, la Unidad de Reproducción Asistida del Chuvi ha podido asumir la de las primeras.

El doctor Muñoz destaca que ofrecen de forma gratuita este programa tanto al Sergas como a las pacientes que acudan por propia iniciativa –aunque les recomiendan que lo hagan por los cauces del sistema público, que asume el coste de la medicación–.

Tienen los óvulos de alrededor de un centenar de pacientes en esta situación –una media de ocho por cada una–. No son muchas las que vuelven a por ellos. Alrededor de un 10%. Hay que tener en cuenta que tienen que haber superado el tumor y que luego se tienen que enfrentar a cinco años de tratamiento, entre otras cuestiones ya más personales.

La tasa en la población sana es similar. Algunas lo han conseuido antes por método naturales. El doctor Muñoz calcula que este año realizarán unos 200 ciclos de preservación social, un 35% más que el año anterior.