El rompecabezas de pistas en torno al crimen de Judith

La víctima tuvo la madrugada de su desaparición un encontronazo con un cliente que no le quería pagar, mientras sigue la búsqueda de su pareja brasileña, quien tiene causas pendientes en su país

La Guardia Civil en la zona donde se halló el cadáver, en el polígono de As Gándaras de O Porriño.

La Guardia Civil en la zona donde se halló el cadáver, en el polígono de As Gándaras de O Porriño. / Anxo Gutiérrez

Muchos hilos de los que tirar, pero sin nada claro aún como para establecer una hipótesis principal de trabajo. La Guardia Civil se enfrenta a toda una maraña de información y de posibles pistas en el caso de Judith Muñoz González, la vecina de Vigo de 37 años asesinada por asfixia cuyo cadáver fue hallado el jueves detrás de un contenedor en el polígono porriñés de As Gándaras. Una de las líneas de investigación se centra en la madrugada en la que su entorno de Camiño Redomeira, donde la víctima residía, sitúa su desaparición, la del sábado al domingo 19 de noviembre, cinco días antes de que apareciese su cuerpo.

Uno de los datos significativos de esa noche es que la mujer, que ejercía la prostitución, tuvo un fuerte encontronazo con un cliente. Así se lo transmitió a un amigo en mensajes de WhatsApp y a otro al que llegó a llamar por teléfono. “¡Este tío no me quiere pagar!”, recuerda esta persona que le dijo ella visiblemente enfadada. A este relato se une el de otra conocida que dijo haberla visto más tarde ya de vuelta en Redomeira, justo en el momento en que había una furgoneta blanca rotulada en las inmediaciones. Los agentes indagan en todos estos hechos al tiempo que mantienen activa la búsqueda del novio brasileño con el que vivía Judith, un hombre de 44 años del que nada se sabe desde hace días. “Pareja de la víctima fallecida asignada a EVAP-PL Vigo, con medidas judiciales en vigor. Interesa su localización”, se concreta en esta alerta emitida un día después del hallazgo del cadáver de la mujer, que constaba en el Sistema Viogén como víctima de violencia machista: tenía dos expedientes más antiguos ya cerrados y uno reciente con un seguimiento policial asignado que concluía en marzo de 2024, pero que en las últimas semanas no se había podido hacer efectivo porque ni respondía al teléfono ni estaba en la dirección facilitada.

Judith, madre de una niña que reside con su abuela en Ourense, vivía en una de las casas okupas en ruinas de Camiño de Redomeira, paralela a la calle Aragón. Sus conocidos de ese entorno ya contaron en el cuartel de la Guardia Civil de Vigo lo que saben de la madrugada en que le perdieron la pista. “Estuvimos todo el sábado juntas. La llamé, vino hasta la casa de un amigo de la avenida del Aeropuerto donde yo estaba y después nos volvimos a Redomeira, a la vivienda de otro conocido, donde ella me dijo que se iba a ir al Berbés a hacer la calle. Yo le dejé ropa y cuando me fui, ella estaba terminando de vestirse porque después la iba a llevar hasta allí un amigo que tiene coche y que la suele acompañar y ayudar. Creo que eran sobre las tres de la mañana”, afirma esta mujer, si bien el residente en la vivienda donde ambos estaban sitúa la marcha de Judith algunas horas antes.

A este hombre y al otro amigo que solía acompañarla fue a los que Judith alertó poco después esa misma madrugada de que tenía un problema con un cliente que no le quería pagar. “Tuvieron una discusión porque al parecer la llevó a Gondomar y después no la quería traer de vuelta, no le quería pagar, pero creo que cuando fue el encontronazo ya estaban en Vigo, en el nudo de Isaac Peral”, dicen en su entorno. Y parece, al menos según el relato de otra conocida, que la víctima, tras esa disputa, sí regresó a Redomeira, porque esa mujer se cruzó con ella en la calle y estuvieron hablando. Esta testigo es la que refirió que en las inmediaciones había una furgoneta blanca rotulada, extremo que trata de confirmar la Guardia Civil, que sigue la pista de un vehículo de estas características tipo Berlingo.

Con estos testimonios sobre la mesa y a la espera de lo que deparen las grabaciones de las cámaras, el ADN y la geolocalización que se intentará del desaparecido teléfono móvil de Judith, los agentes tratan de averiguar si en algo de lo relatado por los testigos está la clave para resolver el crimen de Judith, un caso en el que aún se ignora en qué lugar se cometió el homicidio y cómo trasladaron el cadáver hasta el polígono donde fue hallado. La autopsia arrojó que la víctima falleció por asfixia, para lo que se usó la prenda textil que tenía dentro de su boca. Algunas fuentes la identifican como un pañuelo o como uno de esos paños que se llevan en el coche para limpiar el salpicadero, pero aún no trascendió información oficial sobre sus características.

Orden de alejamiento

Y ayer seguía activa la búsqueda del novio de la víctima, al que no ven desde el miércoles. Personas de su entorno contaron que tras la desaparición de Judith le dijeron que debía denunciar, que debía buscarla en hospitales o ir a la Policía Nacional para informar de su desaparición, pero que el hombre, relatan, no quería hacerlo porque “podía meterse en problemas” ya que “tenía una orden de alejamiento” con respecto a ella. Sobre esta línea de investigación, las fuentes consultadas informan de que la búsqueda no responde a que en estos momentos se le vincule con el crimen, pero que, en todo caso, es una hipótesis que se debe explorar. 

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Junto a la inspección técnico-ocular realizada en el punto del polígono de As Gándaras donde fue hallado el cadáver de Judith, la Guardia Civil hizo este fin de semana una entrada y registro en la vieja casa en ruinas donde la víctima residió durante un tiempo con su pareja, a la que ahora buscan, en Camiño de Redomeira, vivienda que ya permanecía desde el viernes precintada por la Policía Local. Junto a papeles con anotaciones de números de teléfono, los agentes se incautaron, entre otros efectos, de prendas de ropa, algunas de varón, para presumiblemente intentar extraer algún perfil o perfiles genéticos que permita compararlos con los que se pudiesen obtener en el cuerpo de la mujer y en la vestimenta que llevaba. No aparecieron, sin embargo, ni el teléfono móvil ni el bolso de la víctima, efectos que se llevó consigo su asesino tras abandonar el cadáver.