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Faro de Vigo

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Más de la mitad de tarjetas de discapacidad en la zona azul se usan de forma fraudulenta

Usuarios falsifican el documento o utilizan el de familiares, incluso fallecidos | Controladores detectan esta irregularidad a diario: “Hay que ponerle una solución ya”

Un controlador de la zona azul de Vigo, ayer, en la calle Rosalía de Castro. // J. Lores J. Lores

El uso fraudulento de las tarjetas de estacionamiento de personas con discapacidad para aparcar gratis en las plazas de la XER (Xestión de Estacionamento Regulado) en Vigo, más conocida como zona azul, trae de cabeza a los controladores y la Policía Local. Según fuentes conocedoras de la situación, “más de un 60%” de los conductores que colocan el distintivo en su vehículo para estacionar sin coste en estos espacios de la vía pública lo hacen de forma fraudulenta. Y ocurre a diario. Se aprovechan –algunos, durante años– de una ventaja destinada a facilitar la vida a un determinado colectivo con la intención de sortear un gran problema en el centro de la ciudad, la falta de aparcamiento, al que se suma el elevado coste de los párquines.

“Muchísimas de las tarjetas que vemos son de fuera de Vigo: Cangas, Nigrán, Baiona, Bueu, Ponteareas…”, señalan los controladores de la XER, conscientes de que este comportamiento falto de ética se ve “bastante”. Destacan el entorno de Povisa y de El Corte Inglés, entre otras zonas. “Hay ciudadanos que piensan que no nos damos cuenta o que no se controla, pero no es así”, señalan, a la vez que apuntan la dificultad de controlar estas acciones “fraudulentas”. “Si nos enteramos y tenemos pruebas después de mucho tiempo observando la situación, avisamos al jefe para que traslade el recado a la Policía Local. “Ya son escasas las plazas como como para que haya un vehículo todo el día aparcado. Hay gente residente que hace esto”, apostillan.

Estas mismas fuentes destacan que ya han visto “desde furgonetas de reparto a camiones de obra” con la tarjeta en el salpicadero, incluso una caravana. “Encuentras el mismo vehículo todos los días en el mismo sitio. Eso es gente que, seguramente, va a trabajar. Hay que ponerle remedio rápido a esto, porque los ciudadanos lo ven y genera malestar tanto en los conductores como en el colectivo de controladores. Podemos avisar a la Policía Local si detectamos algún caso sospechoso, pero habría que hacer un seguimiento y requiere mucho tiempo, de meses, además, es complicado de justificar”, apuntan. Los controladores realizan un estudio al respecto para arrojar más luz sobre esta picaresca y poder actuar.

La ventaja de la que se benefician los conductores con la tarjeta de estacionamiento para personas de movilidad reducida es, sobre el papel, la gratuidad del servicio –no tienen que sacar el tique ni avisar de ningún otro modo–, pero, a efectos prácticos, debido a la dificultad de controlar y justificar el tiempo máximo de estancia -dos horas-, lo superan en muchos casos. Es este punto el que proponen estas mismas fuentes para erradicar el uso fraudulento de los cartones. “Si obligas a los usuarios a mover el coche cada dos horas, como al resto de conductores, esta práctica se reduciría mucho. Tendrían que dejarles salir del trabajo varias veces, si fuera el caso, y no sería fácil encontrar una plaza libre en otra calle. Tendría que ser el Concello el que indicara esto e hiciera una campaña informativa”, indican.

Uno de los casos más llamativos es el de un trabajador de Vigo que se pasó al menos tres años utilizando una tarjeta falsificada para aparcar en la zona azul. Cuenta este episodio el agente de Policía Local Javier Pitillas, fundador de la ONG DisCamino, cuya finalidad es acompañar a personas con alguna discapacidad en el Camino de Santiago. Pegó en el anverso del cartón una tarjeta de Murcia que imprimió después de descargar en internet y, en el reverso, otra de Cataluña. “Nos avisaron los controladores de la ORA y, después de varios meses de investigación, le quitamos la tarjeta. Fue al juzgado, pero lo exoneraron por no encontrar indicios de responsabilidad. Se ahorró 3.000 euros en tiques y, si fuera culpado, tendría que pagar 200 euros”, anota. Otros capítulos habituales: utilizar la tarjeta de familiares, incluso fallecidos.

Ordenanza municipal

Pitillas destaca que estas acciones fraudulentas se extienden a las plazas reservadas en la vía pública para personas de movilidad reducida -sin ser de la zona azul-. Señala que el problema es la falta de ordenanza que regule estos comportamientos. “Hace 10 años que el jefe de Seguridad del Concello dice que la tiene encima de la mesa, pero no la vemos”, lamenta. Pide que la persona que comete esta infracción pague por ello. “Que se grave el mal uso de las tarjetas aparte de hacer pagar por la retirada del cepo, que son 140 euros, y por estacionar sin autorización, que son 200 euros”, apunta.

Indica que, al año, la Policía Local de Vigo retira una media de 60 o 70 tarjetas por mal uso. “En una ocasión, un hombre le pidió a una paciente del centro de salud de Rosalía de Castro que se hiciera pasar por su madre ante nosotros para justificar el uso de la tarjeta de personas con discapacidad. El problema es que, al salir, la hija de la señora le preguntó al conductor por qué estaba hablando con su madre, entonces, nos dimos cuenta de que nos estaba mintiendo”, relata. Misma situación vivió en el Cunqueiro: “Un hombre nos tuvo recorriendo pasillos mucho tiempo para encontrar a su hermano con discapacidad y, tras decirle que no íbamos a desistir por mucho que caminara, nos contó que su hermano había fallecido”. Incluso se ha encontrado a una persona con medio decena de tarjetas en casa.

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