Cinco mil pacientes demandan cada año apoyo religioso en los hospitales de Vigo
Los capellanes tienen habitación propia en los centros médicos, donde realizan guardias de 24 horas en las que administran los sacramentos de unción, comunión y penitencia

El párroco y capellán Víctor Bargiela, este lunes delante el Hospital Meixoeiro. / José Lores
“Que se vaya tu padre es relativamente fácil de comprender dentro de las dificultades que tenemos para comprender el final de la vida, pero que se te vaya tu hijo no tiene comprensión. Lo que hacemos es acompañarlos y decirles que no es Dios quien se lo lleva, sino que Dios está con ellos”. Víctor Bargiela, que compagina su trabajo en cuatro parroquias con la labor como capellán en el Hospital Meixoeiro, confiesa que no son pocas las veces que se ha visto afectado por las difíciles situaciones que se viven entre camillas y despedidas. Tampoco lo son los enfermos que demandan apoyo religioso en los centros médicos vigueses. En total hay 5.000 pacientes que solicitan anualmente el acompañamiento de los capellanes en estos espacios donde la fe se abre un hueco entre la ciencia. Entre la vida y la muerte. “Donde otros ven números, nosotros vemos personas y atendemos a cada una particularmente”, manifiesta.
La cifra aproximada de ciudadanos que piden asistencia eclesiástica llega de Benito Rodríguez, delegado de la Pastoral de la Salud de Vigo y capellán en el Hospital Álvaro Cunqueiro. Según destaca, es “un derecho” del enfermo ser atendido de acuerdo a sus creencias.
Yéndose a la Orden de 20 del diciembre de 1985 por la que se dispone la publicación del acuerdo sobre Asistencia Religiosa Católica en Centros Hospitalarios Públicos, posterior a los concordatos de la dictadura y que llegó tras la transición democrática, recuerda que los capellanes comen allí o duermen cuando están de guardia. Tienen una habitación, baño e incluso despachos propios.
“Donde otros ven números, nosotros vemos personas”
En la ciudad hay más de una decena de profesionales dedicados a tal fin. Fundamentalmente se ubican en el Cunqueiro (tres capellanes y una religiosa) y el Meixoeiro (tres capellanes y una religiosa), aunque también hay en el Nicolás Peña o el Povisa (una religiosa en ambos). En los restantes, los más pequeños, los enfermos son atendidos por las parroquias más cercanas.
Todos los centros públicos cuentan con capilla, en las que se celebra una misa cada día, normalmente a media mañana. Además los capellanes visitan a los enfermos y administran los sacramentos de la penitencia, la unción de enfermos y comunión, atendiendo a los pacientes y familiares pero también a parte del personal sanitario que requiere sus servicios.
“Tenemos nuestros coloquios, organizamos cursos y tratan temas de ética médica y que afecta a la conciencia de las personas”, reconoce respecto a este último colectivo, citando temas como el aborto o la eutanasia y dejando caer su postura. “No estamos para ayudar a morir, sino para ayudar a vivir la última etapa de la vida”, remarca en relación a aquellos dolientes que se encuentran en peor estado.
“Como personas que acompañamos a mí también me duele no poder hacer más. Todos tenemos sentimientos. Los nuestros están a flor de piel, también lloramos juntos. En muchos casos el proceso es muy consolador para el enfermo, lo celebra, y sabe que esta vida se va pero la vida con Cristo es eterna”, concluye en esta línea.
“A mí me duele no poder hacer más. Todos tenemos sentimientos y los nuestros están a flor de piel”
A ojos de Francisco Cabaleiro, el COVID ha marcado un antes y un después en el trabajo de los capellanes. Y aunque ahora se ha vuelto a la normalidad, en los peores instantes el acercamiento no era tan personal. “Humanamente hablando durante la pandemia se perdió el contacto más cercano”, evidencia. “No podías ver una cara o unas facciones. Ellos (los enfermos) tampoco”, agrega sobre esta situación que complicaban los EPI, mascarillas y pantallas (protectores vitales).
Guardias de 24 horas
Compaginando su actividad en los hospitales con su labor parroquial, en su caso en Baíña y Baredo, realiza guardias de 24 horas en el Meixoeiro. De 9.00 de los martes a 9.00 de los miércoles, primero lleva a cabo una ruta por las habitaciones, ofreciéndose a aquellos que así lo solicitan y ayudándoles independientemente de su estado de salud.
“Con el COVID se perdió el contacto más cercano”
“Para nosotros no es el paciente número x, es José, Josefa o Pepe. Con su familia, con sus hijos, con sus padres… Cada circunstancia importa”, recalca por su parte Víctor Bargiela, destacando que la función “más atractiva” es la de acompañar: “Ayudarlos a responder sus preguntas”. “La comunión o la confesión también se hacen en la parroquia”, apunta, certificando que hay muchos momentos que se hacen muy duros: “Personas jóvenes que están ahí y que además son conscientes de que se van a ir”.
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