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“Peor que injusto, fue una locura; me echaron las culpas por algo que no hice”

El vigués Jorge Casaleiro fue condenado a cuatro años de cárcel pero una prueba de ADN lo exculpó

Jorge junto a sus padres Manuel y Delia y su hermana Irene disfrutando de sus primeras horas en libertad

Jorge junto a sus padres Manuel y Delia y su hermana Irene disfrutando de sus primeras horas en libertad Marta G. Brea

Su historia semeja el guión de una película de ficción de jueces y abogados pero la sola frase de “basado en hechos reales” a su comienzo golpearía la conciencia de muchos televidentes. Y es que cuando un error judicial lastra por completo la vida de una persona y, por consiguiente, la de sus seres queridos jamás una indemnización puede enterrar semejante duelo. Pero sí poner voz para que estas negligencias no vuelvan a ocurrir. Esta voz es la de Jorge Casaleiro, un vigués que pasó tres años y dos meses en prisión condenado por un delito que no cometió.

Más de tres años en la cárcel por un delito que no cometió

Tras un periplo judicial de ausencia de pruebas, archivos, incomunicaciones entre órganos y un auto final del Tribunal Supremo ordenando su excarcelación, Casaleiro ya se encuentra en su vivienda familiar de Tomiño al abandonar el penal este pasado viernes, un día que sus allegados señalan como “feliz” pero que “nunca tuvo que producirse porque Jorge no era culpable”. “Me comí tres años el marrón de otro; fueron años muy duros porque sabía que yo no había hecho nada”, cuenta este varón, quien se encuentra actualmente en tratamiento por varios problemas de salud.

“Me comí tres años el marrón de otro; fueron años muy duros porque sabía que yo no había hecho nada”

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Rodeado por sus padres Manuel y Delia, su hermana Irene y su fiel perrita Lua –quien nerviosa y excitada corrió a sus brazos cuando lo volvieron a reencontrarse–, Jorge Casaleiro recuerda cómo sucedieron los hechos que, injustamente, le llevaron a estar tres años en la prisión de A Lama. “Robaron a un anciano en A Guarda y me echaron a mi las culpas de todo... Yo ni siquiera estaba allí en ese momento. Nadie me escuchaba, nadie me creía, peor que injusto fue todo una locura”, explica, todavía sobrecargado por la situación, este vigués.

  • Un vigués lleva dos años en prisión por un asalto a un anciano que nunca cometió

Al principio, tal y como relata, contaba con una primera abogada que no siguió su caso como él y su familia hubiesen querido. Hasta que pasó a ser defendido por el letrado penalista vigués Guillermo Presa.

“Si yo no perdí la esperanza fue porque sabía que mi abogado miraba por mí; sabía que podría sacarme de aquí porque yo no había hecho nada. Si estoy en libertad es gracias a él”

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Jorge Casaleiro, en su domicilio de Tomiño Marta G. Brea

Junto al buen hacer de este letrado, una pieza fundamental para la excarcelación de Jorge fue el ADN hallado en el pasamontañas del verdadero asaltante al anciano en A Guarda, quien en su huida se le cayó en la calle y fue recogido por una camarera.

“Nunca tuve dudas de que el pelo no era mío, claro, no era mi ADN, era de otra persona pero acabé igual en prisión. Fueron, de verdad, unos años muy duros de llevar. Me tuve que comer el marrón de otra persona”

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Efectivamente, como indica Jorge Casaleiro, el perfil genético de esta prenda no se correspondía con el suyo, sin embargo, el juzgado lo llevó igual a juicio con la única prueba del reconocimiento de un testigo. “No entendíamos nada de lo que estaba pasando”, cuenta Irene Casaleiro, su hermana, quien junto a sus padres pelearon durante años por demostrar la inocencia de Jorge.

"Llamaba llorando todos los días"

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Jorge Casaleiro, en su domicilio de Tomiño, junto a su perra Lua. Marta G. Brea

“Siempre, siempre creí en mi hermano. Él nos llamaba todos los días desde la cárcel llorando y nos decía “yo no fui, yo no fui”. Y es verdad, él adoraba a la gente mayor; tenemos vecinos a los que ayudaba siempre, iba por leña para sus casas... Jamás le haría daño a una persona mayor, yo sabía que no había hecho eso”, cuenta Irene.

Echando ahora la vista atrás, reconoce Irene que le cuesta trabajo encontrar palabras que definan el momento en que la Guardia Civil se llevó a su hermano. “No hay palabras; la forma en la que se lo llevaron creo que no hay derecho. Dijeron que tenía que personarse en el cuartel pero que ya volvería. Ya no lo vimos más, los agentes vinieron a por su ropa porque se iba para A Lama. Cero respuestas obtuvimos”, rememora esta mujer.

Esta situación y el absoluto convencimiento de la inocencia de su hermano, le hicieron pasar por momentos realmente duros. “Algunos vecinos que no lo conocían más allá que de vista lo señalaban como el atracador, yo les decía que era imposible, pero decían que si estaba ahí [en prisión] era por algo. Cuando vimos que el ADN del pasamontañas daba negativo y mi hermano seguía en A Lama ya no entendimos nada. Tuvimos que pelear muchísimo; estamos muy dolidos, fue desesperante”, narra Irene Casaleiro.

Ambos hermanos coinciden que retomar la vida y sus rutina será “complicado” por el tiempo que ha pasado Jorge en prisión, pero confía en su adaptación. “Todavía esta desubicado, con miedo incluso, pero se recuperará”, señala. Por su parte, este vigués reconoce este nerviosismo –y sin olvidar su inminente intención de presentar una demanda de responsabilidad patrimonial de la Administración –, solo “quiero estar un tiempo en casa tranquilo”.

Un robo en A Guarda en 2016 inició su calvario

Jorge Casaleiro fue juzgado y condenado en Pontevedra a 4 años y tres meses de prisión por el violento asalto a un anciano, maniatado y golpeado en su domicilio de A Guarda durante un robo en junio de 2016. El Juzgado de Instancia 1 de Tui envió la causa a juicio por el reconocimiento de un testigo sin esperar a recibir los resultados de ADN. Cuando apenas dos meses después de la condena, en agosto de 2017, llegó el análisis que exculpaba al condenado y delataba como autor del delito a otro delincuente, los juzgados de Tui se pasaron el expediente uno a otro, llamaron a declarar al dueño del ADN que negó cualquier relación con el atraco y finalmente se decretó el archivo del asunto, pues era causa juzgada y ya había alguien cumpliendo condena. Pero el abogado vigués Guillermo Presa descubrió la situación en enero de este año –casi tres años y medio después de que el informe de ADN se entregara en los juzgados de Tui– y llevó el caso al Tribunal Supremo, dándole finalmente la razón.

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