La multitud que ayer tarde quiso despedir a Manoel Soto en la iglesia de Nuestra Señora de la Soledad fue una clara muestra del cariño y respeto que se ganó el alcalde de la "movida" viguesa no solo durante sus doce años al frente del gobierno olívico, sino también después de dejar el consistorio. Muchos de los asistentes se vieron obligados a escuchar fuera del templo al obispo de la Diócesis de Tui- Vigo, Luis Quinteiro Fiuza, que ofició la ceremonia.

El propio obispo dedicó unas sentidas palabras a Manoel Soto, que estrenó la democracia municipal y del que destacó sus capacidades para crear esperanzas en la ciudad. "Caminando con sus hijos y su mujer, dio ejemplo extraordinario de virtudes humanas. Fue un entrañable amigo, una persona de corazón, con fuerza interior, extraordinaria, generosa y auténtica. Nos ha enseñado a vivir la alegría de la vida y el entusiasmo de grandes proyectos", recordó el prelado antes de ensalzar su "honradez y alegría".

Vigo da su último adiós a Manoel Soto

Puri del Palacio, viuda de Manoel Soto, saluda Abel Caballero // M. CLAVERO

En el templo de O Castro, la mujer de Soto, la artista Puri del Palacio, y demás familiares estuvieron arropados por el alcalde de Vigo, Abel Caballero; la presidenta de la Diputación, Carmela Silva; los concejales Ángel Rivas y Elena Espinosa; el delegado de Zona Franca, David Regades; el presidente del Parlamento de Galicia, Miguel Santalices; el líder del PSdeG, Gonzalo Caballero; el cónsul Adriano Marqués de Magallanes; el pintor Antón Pulido; o el exrector de la UVigo Luis Espada, entre otros.

Manoel Soto deja tras de sí un legado indeleble en la transformación que sufrió la primera ciudad de Galicia en la década de los ochenta, tanto desde el punto de vista de las infraestructuras como, sobre todo, de la cultura y el ocio.