El divorcio de Podemos con Sumar y su fuga al grupo mixto torna casi imposible su coalición en Galicia

Los partidos paralizan sus negociaciones para aliarse en las autonómicas

Ya habían chocado por el reparto de cuotas

De izquierda a derecha, Paulo Carlos López, Marta Lois, Verónica Martínez y Manuel Lago.

De izquierda a derecha, Paulo Carlos López, Marta Lois, Verónica Martínez y Manuel Lago. / E. P.

Daniel Domínguez

Daniel Domínguez

La ruptura de Podemos con Sumar, fugándose al grupo mixto en el Congreso, convierte en prácticamente imposible su alianza electoral en las autonómicas gallegas previstas para febrero o marzo y abre un horizonte de incertidumbre en ambas formaciones. Minutos después del anuncio del partido morado de que rompía con la formación de Yolanda Díaz, ambas fuerzas decidían paralizar sus negociaciones en la comunidad.

El divorcio entre ambas partes se veía venir tras el incremento de críticas por parte de Podemos hacia Díaz y los suyos, a los que reprochan haber vetado la presencia de Irene Montero en el Gobierno de coalición con el PSOE y relegarlos en el grupo parlamentario, negándoles la posibilidad de presentar iniciativas propias. Desde Sumar, se entiende que se trata de un nuevo ciclo político y que los morados exigen un papel que no les corresponde.

La intensidad de las críticas de Podemos especialmente a Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, arreciaban mientras en Galicia la “nueva izquierda” trataba de reinventarse tras el éxito del ciclo 2012-2016, cuando llegaron las alcaldías del cambio y los 14 diputados en el Parlamento gallego, y la debacle posterior, cristalizada en 2020 con la pérdida de toda la representación en la Cámara autonómica.

Sumar quería armar una coalición que integrase a Podemos y Esquerda Unida, pero no en pie de igualdad, al entender que ellos aportan el capital político de Yolanda Díaz y dos diputadas en el Congreso. Por eso, rechazaron de plano la exigencia de Podemos de un reparto del 33% de dirección de la coalición y recursos económicos, y primarias para elegir las listas, aunque para ello deberían acordar los cabezas de cartel provinciales. “Viven en la estratosfera”, respondió Sumar.

Si las negociaciones eran ya difíciles, ahora se antojan imposibles. ¿Cómo convencer al electorado de que quienes han roto en el Congreso van a ser fieles aliados en el Pazo do Hórreo? Aun así, ninguna de las partes quería romper puentes de manera definitiva.

Sumar Galicia trata de forzar un ruptura de Podemos en la comunidad con la cúpula estatal. “Paralizamos las negociaciones de forma temporal. Queremos saber si Podemos Galicia quiere construir Sumar Galicia con nosotros o no. Queremos garantías y un pronunciamiento público o privado de que existe voluntad de trabajar todos en la misma dirección”, exponen fuentes de la formación de Yolanda Díaz, capitaneada en la comunidad por Paulo Carlos López.

A última hora, este lanzó un mensaje: “Galicia es Galicia. Existe un bien superior: generar una alternativa al Gobierno del PP. En Sumar Galici caben todas las personas progresistas, feministas y ecologistas que piensen en clave gallega. Puertas abiertas y mano tendida al diálogo. No queremos ruido, queremos hacer política”.

Sitúa así la pelota en el tejado del líder de Podemos en Galicia, Borja San Ramón. Su partido reivindica su autonomía respecto a la cúpula estatal (“Lo que decidamos aquí es lo que se hará”, sentenciaron fuentes del partido), pero matiza que consideraban las negociaciones paralizadas desde el 13 de noviembre, cuando enviaron su propuesta de coalición a la que no obtuvieron respuesta. Desde Sumar aseguran que la rechazaron.

La ruptura estatal resucita los fantasmas de la implosión de este espacio político, nacido en Galicia y autofagocitado también en la comunidad.

El precedente fue Alternativa Galega de Esquerda (AGE) en 2012, que supuso una alianza inédita del nacionalismo de Xosé Manuel Beiras con la EU entonces liderada por Yolanda Díaz. La experiencia acabó con una ruptura de su grupo parlamentario y fuga al grupo mixto.

Cuatro años después, para superar la dinámica de partidos, se trató de poner en marcha un nuevo sujeto, En Marea, pero las fuerzas internas operaron también sin supeditarse a las órdenes de Luís Villares, un juez que aparcó su carrera para ser candidato. El grupo parlamentario también se rompió.

En 2020, los restos del naufragio se presentaron a las autonómicas con Antón Gómez-Reino de candidato a la Xunta. Perdieron todos sus representantes y quedaron fuera del Parlamento.