Investigadores apoyan la edición genómica para afrontar cultivos contra el cambio climático

Rosana Malvar: “Con la que se nos avecina, deberíamos usar las técnicas a nuestro alcance, no frenar su avance”

Apuestan por una buena regulación al respecto: “no son transgénicos”

El biológo Pedro Revilla, practica selección genética tradicional del maíz en la Misión Biológica de Galicia en Pontevedra, en un proyecto internacional con 9 países. / JAVIER TENIENTE

El biológo Pedro Revilla, practica selección genética tradicional del maíz en la Misión Biológica de Galicia en Pontevedra, en un proyecto internacional con 9 países. / JAVIER TENIENTE / e. ocampo

Elena Ocampo

Elena Ocampo

“¿Es buena o mala la dinamita? Se emplea para la construcción y también para la guerra. Como en todas las tecnologías, la edición genética se puede usar para hallar especies más resistentes a la sequía y al cambio climático o incluso con mayor concentración de carotenos, lo que podría resolver un problema de nutrición en países con poco acceso a alimentos. Se ha armado una polémica artificial. Pero hay que vigilarlo, porque teóricamente, se podría usar mal”, explica el investigador de la Misión Biológica de Pontevedra (CSIC), Pedro Revilla

El científico gallego es el líder de un proyecto internacional que involucra a nueve países y doce grupos internacionales –desde Túnez, Marruecos o Argelia, pasando por Italia y Portugal a Alemania–, para conseguir variedades de maíz resistentes al estrés hídrico y la sequía. Entre sus pretensiones, lograr variedades que se puedan cultivar en el desierto del Sahara, por ejemplo: “Se trata de desarrollar un proyecto de mejora a nivel de Mediterráneo de la tolerancia del maíz a la sequía y al calor, que se prevé que va a empeorar con las predicciones de cambio climático. Queremos que tengan materiales desarrollados específicamente para esos entornos”. Eso sí, en su caso, como en otros tres grupos de investigación gallegos consultados, las técnicas que emplean son la selección y mejora genética tradicional –se cruzan especies–. No utilizan técnicas de edición genómica. Pero eso no implica que las desautoricen o renieguen. Nada más lejos. “Es precisa una buena regulación, pero es una tecnología distinta a la transgénesis aunque los objetivos sean similares, no se puede comparar porque no introduce genes de otra especie distinta”, abundan. “La edición genética tiene un gran interés como herramienta de investigación. Legislar para impedir su uso, es impedir el avance científico; si se controlan, no tendría por qué haber efectos indeseables como ya ocurre en España con los transgénicos. Yo me los comería sin ningún problema”, asegura Revilla.

Una opinión similar manifiesta la investigadora Rosana Malvar, investigadora también en el mismo ente del CSIC y que trabaja en la línea de la biodiversidad natural para explorar variedades resistentes y tolerantes a las nuevas condiciones, aunque colaboren con otros grupos españoles que sí hacen edición genómica: “Con lo que se nos avecina, deberíamos de poder usar todas las técnicas a nuestro alcance”, defiende. Eso sí, “controlarlos y regularlos bien”. “Vamos a tener que alimentar a un mundo que crece y a muchas zonas que se van a ver seriamente dañadas”.

Pedro Revilla: “¿Un alimento modificado? Sí, yo me lo comería”

La presidencia española de la Unión Europea (UE) acaba de asegurar que impulsará el uso de las nuevas tecnologías de edición genética en el sector agroalimentario, una cuestión que sigue despertando recelos, pero que los científicos –también gallegos– defienden por los beneficios que conllevan tales herramientas. El último espaldarazo llega de la la reunión informal de ministros de Agricultura de la Unión Europea, que se acaba de celebrar en Córdoba y que marcó –aseguran– “un antes y un después” para la legislación sobre el uso de nuevas técnicas de edición genómica (NTG), un proceso con el que se espera simplificar la utilización de esta herramienta, con objeto de producir variedades vegetales más resistentes a desafíos como la sequía o las altas temperaturas.

Pedro Revilla, investigador de la Misión Biológica de Pontevedra del CSIC

Pedro Revilla, investigador de la Misión Biológica de Pontevedra del CSIC / JAVIER TENIENTE

El ministro de Agricultura español, Luis Planas, y el comisario europeo del ramo, Janusz Wojciechowski detallaron que los asistentes plantearon dos preocupaciones: evitar el perjuicio a los cultivos ecológicos y conseguir que el precio de las patentes no sea obstáculo para los pequeños agricultores. De su parte, Luis Planas explicó que España confía en cerrar las conclusiones políticas sobre las NTG antes de que finalice 2023, cuando termina su Presidencia del Consejo de la UE, con objeto de que en los próximos semestres se pueda desarrollar la legislación.

La noticia ha despertado el fantasma de los transgénicos en algunos sectores. Eso sí, hay diferencias: en una planta transgénica se traslada un fragmento de ADN, es decir, una instrucción genética de un organismo donador a un organismo receptor que es la planta y ese organismo donador puede ser cualquier tipo de organismo. Pero, por contra, en la cisgénesis solo se utilizan instrucciones que ya están dentro del código genético, pero se cambian de posición.

“Los cambios introducidos mediante edición genética son del mismo tipo de los que se introducen en los sistemas de mejora tradicionales en los que llevamos centenares de años trabajando”, explica la investigadora del Centro de investigaciones agrarias de Mabegondo. –dependiente de la Xunta–, Laura Campo. Es decir, ellos emplean (mucho) más tiempo. “No trae consecuencias graves, pero siempre hemos optado por el modo más tradicional, aunque requiera emplear más tiempo”.

Pedro Revilla, practica selección genética tradicional del maíz en la Misión Biológica de Galicia en Pontevedra

Pedro Revilla, practica selección genética tradicional del maíz en la Misión Biológica de Galicia en Pontevedra / JAVIER TENIENTE

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“En la agroecología, tratamos de conseguir que perviva la agricultura ecológica, sin dependencia de las grandes multinacionales, que están buscando tener la producción absoluta de las semillas y el control, para que el agricultor tenga que pagar por esos productos. El maíz transgénico fue adaptado por Monsanto para que soportara los herbicidas, que también ellos comercializan”, explican una de las cooperativas gallegas de agricultura ecológica que pone el grito en el cielo por los planteamientos de la UE. El productor Manuel García, de “Daiquí S.C.Galega” tilda de “chocante” la técnica de edición genética En su opinión, es una maniobra de marketing. “Saben que los transgénicos suenan muy mal y están tratando de hacer un lavado de cara, que nos resulta sospechoso. Los agricultores acaban dejando de plantar sus semillas tradicionales, que están prácticamente desaparecidas –indican– o bien porque el mercado no las acepta, o porque dejan de producir a demanda”. “Si lo hiciera el gobierno con toda la buena intención, bienvenido sea. Pero vemos que no se favorece a los productores, si no que tratan de controlar la producción de alimentos desde lobbies”, critican.