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Investigadores gallegos buscan cultivos adaptados genéticamente al cambio climático

Los investigadores Pedro Revilla y Ana Burtrón, de Misión Biológica de Galicia, en la finca experimental de maíz Rafa Vázquez

Una fruta antes exótica como el kiwi es una especie ya totalmente adaptada y con potentes productores en O Baixo Miño, al tiempo que avanzan cultivos tropicales en Galicia como el aguacate y el mango. Los cítricos se preparan para resistir altas temperaturas, cercanas a los 40º, y algunos viñedos se extienden a zonas de mayor altura en España –en la sierra de Gredos o la Alpujarra de Granada–. Es la respuesta para sortear las nuevas condiciones extremas. El cambio climático ha impactado en la agricultura tradicional y con la investigación se trabaja para lograr variedades más resilientes a las nuevas condiciones meteorológicas. Una carrera contrarreloj.

Trabajan con berzas, grelos, judías, maíz, olivos y vides | Un estudio internacional coordinado por la Misión Biológica prueba variedades de maíz que soporten la sequía de Argelia o Túnez

“El cambio climático no es futuro, es ya presente. Es una realidad que vemos de forma habitual con los contrastes bruscos de temperatura y la falta de estacionalidad a la que nos estamos acostumbrando; en primavera hace frío y, en octubre, llega el calor”, ilustra la directora de la Misión Biológica de Galicia y Jefa del Grupo de Genética, Mejora y Bioquímica de brásicas hortícolas, Elena Cartea. La institución que este año festeja su centenario lleva décadas estudiando los genes de adaptación y resistencia a estreses climáticos en varios cultivos.

"Buscamos variedades resilientes para garantizar la sostenibilidad de la agricultura"

Elena Cartea - Dr. Misión Biológica

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Elena Cartea - Dr. Misión Biológica Adrián Irago

El pazo y finca de Pontevedra que alberga a decenas de investigadores vinculados al CSIC atesora un semillero de especies gallegas y del mundo, como si del Arca de Noé vegetal se tratase. En el foco de su trabajo como genetistas y mejoradores de plantas está, además de incrementar la productividad o la resistencia de las especies, la adaptación de los cultivos a los rigores del clima: temperaturas más altas, mayores sequías, estrés hídrico –dificultades de riego– y, también, aumento de plagas. Sí, también en Galicia se preparan para la falta de agua (y la mayor salinidad de esta), aunque afecte menos que en la zona mediterránea. Pioneros en esta línea, llevan varias décadas con la lupa en los genes de varios cultivos.

El investigador de Genética yMejora de Maíz Pedro Revilla, en un invernadero de ensayo en la Misión Biológica de Galicia. Rafa Vázquez

En su finca experimental hay maíz –especie que vino de América pero que ya cuenta con arraigo histórico en esta tierra– además de berza gallega, grelos y repollos; guisantes y judías, vides y olivos y también pinos.

  • El cambio climático revoluciona los cultivos

    Viñedos a 1.700 metros de altura, kiwis en Levante y cítricos a alta temperatura son la respuesta de la agricultura para sortear las nuevas condiciones extremas

Intentamos buscar variedades resilientes al cambio climático en los cultivos con los que trabajamos, que son tanto cereales como hortícolas; así como vid u olivo. Que estén adaptadas a las amenazas inminentes de subida de temperatura y falta de agua para poder garantizar la sostenibilidad de la agricultura y la producción de los alimentos”, completa Elena Cartea. Pero el reto es doble. Como si del efecto mariposa se tratase, alterar la temperatura para una plantación implica el riesgo de nuevas plagas y enfermedades. Y de ahí, otra línea de investigación de la MBG.

“Buscamos genes y compuestos químicos presentes en las plantas responsables de esta adaptación en un ambiente ‘hostil’ para conocer por qué una planta es más resistente que otra”

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Los investigadores en uno de las viñas de la finca de ensayo Rafa Vázquez

Entre los investigadores científicos del grupo Genética y Mejora de Maíz, con una línea clara en cambio climático, se encuentra Pedro Revilla, que va a coordinar un proyecto internacional que acaba de arrancar en junio y en el que participan varios países europeos y Marruecos, Argelia, Túnez, y Turquía, en busca de maíz cultivable en el Mediterráneo que sea resistente al estrés térmico e hídrico. Revilla también trabaja en la mejora genética de maíz actualmente en un proyecto nacional (“Mejora genética de maíz para resiliencia, sostenibilidad y calidad”, en el que colabora con el Centro de Investigaciones Agrarias de Mabegondo, de la Xunta).

Investigadores y equipo de Misión Biológica de Galicia Rafa Vázquez

El maíz es una ‘planta modelo’ para la investigación y ya tienen variedades identificadas por su respuesta a la falta de agua. “Las variedades tolerantes a la sequía tienen diferentes estrategias para responder a ella: desde captar mejor el agua del suelo o aprovecharla mejor del aire, hasta ahorrar agua o usarla más eficientemente”, añade.

  • “El cambio climático hace urgente buscar alternativas de cultivos con mayor tolerancia”

    La estradense ha publicado el trabajo sobre el cambio climático realizado en la Universidad de California

El cambio climático también afecta a las plagas del maíz y el ‘taladro’ –la principal en las condiciones gallegas– también es objeto de estudio de Ana Butrón, del citado grupo de Genética y Mejora de Maíz, que actualmente trabaja en un proyecto nacional y otro en colaboración con varios grupos franceses.

“Esta plaga se reproduce dos o tres veces al año, pero si el verano se alarga y las temperaturas se incrementan, podría pasar como en Marruecos, en donde se replica hasta cuatro veces”

Pedro Revilla

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. El experto también contempla variar en algunos casos la geografía de los cultivos para que se elijan las variedades –el tipo de plantación– en función de la disponibilidad de agua. Los investigadores trabajan en líneas de colaboración con empresas pero, sobre todo proyectos del Ministerio de Innovación y Ciencia.

La investigadora Ana Butrón y el investigador Pedro Revilla en la finca experimental de maíz Rafa Vázquez

El cambio climático acelera la pérdida de cultivos en toda Europa, cuya superficie agraria productiva se redujo un tercio en 50 años. Así lo constata un informe recién publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO): la frecuencia e intensidad de las catástrofes meteorológicas extremas –inundaciones, sequías y grandes incendios– generan un efecto devastador en el futuro de la agricultura. Baste como ejemplo que gran parte de la uva de la D.O. Ribeira Sacra se perdió el mes pasado a causa de una tormenta con granizo.

"La vid, el olivo y los cítricos ocuparán mayor extensión en Galicia"

Antonio Rigueiro Rodríguez - Catedrático de producción vegetal y académico RAGC

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Antonio Rigueiro Rodríguez - Catedrático de producción vegetal y académico RAGC Rafa Vázquez

El incremento de temperatura de hasta 3 y 5º a finales de este siglo hace predecir un cambio de los cultivos que hoy son dominantes, explica el académico de la sección de Ciencias Técnicas de la RAGC y catedrático de Produción Vegetal de la USC, Antonio Rigueiro Rodríguez. Este, será “más acusado” en el sur de Galicia. “El cambio climático afectará positivamente a la agricultura de las zonas más altas, de media y alta montaña, y perjudicará a las zonas más calientes de España. En Galicia afectaría más a una zona importante de la provincia de Ourense y a los valles del Miño y Sil”, reflexiona. “En Galicia se modificará la latitud de la zona más oceánica y se incrementará la superficie mediterránea, así que problablemente se desarrollarán más cultivos como la vid, el olivo y los cítricos. Ocuparán mayor superficie y se extenderán”, ilustra el catedrático sobre una ‘inercia’ –la del cambio climático– que es ya díficilmente reversible.

“Podremos cultivar tomates o pimientos fuera de invernaderos en Galicia”, vaticina. Existe una doble cara en la agricultura. Por un lado, esta actividad contribuye al cambio climático con técnicas que emiten gases de efecto invernadero –los rumiantes, que desprenden metano– así como los fertilizantes. Pero el cambio climático también revierte directamente en ella. No obstante, a lo largo de la Historia y los períodos geológicos de la Tierra –completa el experto– se han vivido otros (muchos) cambios climáticos. Eso sí, la diferencia con el actual es que este es “mucho más acelerado” y está relacionado con la actividad humana. “Lo que ahora es Galicia vivió hace miles de años un momento en el que había palmeras, como hoy en Macaronesia. Y aún quedan ‘supervivientes’ y testigos de esa época: en As Fragas do Eume habita el único helecho arbóreo que queda en Galicia (Culcita macrocarpa) –y que se conoce como ‘o fento dos colcohoeiros’ porque las escamas de sus hojas se usaron tradiconalmente en Galicia para rellenar colchones– lo que nos está demostrando que aquí hubo un clima muy diferente. “Fue hace solo 5.000 o 6.000 años cuando se instaló la capa arbórea que hoy puebla Galicia”, añade el experto.

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