Las intoxicaciones etílicas en menores se disparan: casi dos de media al día

El servicio de Urxencias del 061 atendió en 2022 a un total de 686 adolescentes que en teoría tienen prohibido beber | La cifra de abusos se desboca: un 20% más en un año

Las intoxicaciones etílicas en menores se disparan casi dos de media al día

Las intoxicaciones etílicas en menores se disparan casi dos de media al día

Carmen Villar

Carmen Villar

El dispositivo sanitario de urgencias se movilizó el pasado año en Galicia casi dos veces al día de media para atender a menores que se habían excedido con el alcohol. 2022 no solo ratifica el sendero al alza del ejercicio previo, sino que marca un nuevo récord en las estadísticas de intoxicaciones etílicas en un colectivo que tiene vetado el consumo y en el que, además, como avisa el profesor la Universidade de Santiago Antonio Rial Boubeta, experto en sustancias psicoactivas en jóvenes, los efectos sobre el cerebro en formación pueden llegar a ser “irreversibles”, según muestran estudios internacionales de los investigadores gallegos Francisco Caamaño o Fernando Cadaveira.

Las estadísticas de la Consellería de Sanidade revelan que en 2022 la Fundación Pública Urxencias Sanitarias de Galicia-061 socorrió a 686 menores que se habían excedido con el alcohol, a 13 por fin de semana. La cifra supone un salto de casi el 21% respecto al año previo. Los números son los más elevados de la década y los más altos desde que en 2011 entró en vigor la ley de prevención del consumo de bebidas alcohólicas en menores, una “magnífica” norma sobre el papel, pero que, lamenta el psicólogo, no se cumple.

Un ejemplo, dice, es el botellón, un contexto donde los adolescentes no solo están expuestos a la bebida –en la que caen casi todos–, sino que es “puerta de entrada a otros consumos”, aparte de multiplicar conductas de riesgo que preocuparían a cualquier progenitor: relaciones sexuales no seguras o no deseadas, conducción de vehículos bajo el efecto de sustancias... No obstante, para el experto, las instituciones hacen dejadez de funciones: “El botellón sigue existiendo, uno de cada cinco chavales sigue haciendo botellón de manera regular al menos una vez al mes”.

"Lo que nos están diciendo es que hay un problema de consumo de alcohol en menores que se está cronificando"

“Es sorprendente que sigamos asistiendo de manera pasiva, entre comillas, a todas estas cifras. Deberíamos aprender algo de las estadísticas de una vez. Lo que nos están diciendo es que hay un problema de consumo de alcohol en menores que se está cronificando, endémico, estructural, que nada tiene que ver con el COVID”, lamenta. A su juicio, “si no se actúa, seguiremos viendo estos datos”.

Con estos datos alude no solo a las “peligrosas” intoxicaciones etílicas, a veces comas etílicos. Recuerda que el ESTUDES, que analiza las drogas en estudiantes de secundaria, muestra que el consumo en forma de atracón es la tónica para un 27% de los adolescentes en España: se traduce en que, en una ocasión, al menos en el último mes, ingirieron cinco o más cubatas. A eso se le suma que la edad media, con estudios realizados por su equipo de la Universidade de Santiago, sitúa el primer contacto en 13,5 años –lo que implica que “muchos” ya beben con 12– y la primera borrachera, a los 14,5. Es, avisa, una “bomba de relojería” con efectos a nivel neuropsicológico.

“Por favor, prestemos atención a las estadísticas, que no son números”, alega, “sino realidades muy preocupantes, diría que alarmantes, porque tras cada número está la cara de un adolescente”, sostiene. “Es un fenómeno lo suficientemente grave como para que movamos ficha. No hace falta más evidencia científica para darnos cuenta de la dimensión del problema”, reitera el experto, que urge ya a “pasar de la investigación a la acción” y demanda “compromiso político” a las instituciones, que, en cierta medida, le “decepcionan”. Vuelve al caso del botellón: “Ahora empiezan las fiestas de Semana Santa y luego vendrán otras y aquí no pasa nada: lo único que hacen las administraciones locales es mandar un par de patrullas de la Policía Local y una ambulancia para recoger los despojos y llevarlos a urgencias”.

Expertos avisan de una “banalización brutal” del consumo en las familias

¿Y qué ocurre con la prevención? “Hay que mejorarla”, conmina. De forma paralela a trabajar con la percepción de riesgo del menor, que cree que ingerir cuatro copas es inocuo, insta a abordar la prevención familiar, que, “falla estrepitosamente”. “Hay una banalización de los consumos por parte de las familias brutal”, explica Rial Boubeta, y no se arregla con una charla a los padres. “No funciona. De 500 alumnos van los padres, sobre todo madres, de 15 y son los ya sensibilizados”, lamenta. De hecho, se pregunta si en algún momento no habrá que aplicar sanciones por negligencias a los progenitores. “Hay que comprometer a las familias”, reivindica, y hacen falta recursos.

Tampoco está afinada la prevención ambiental: el alcohol tiene “un reconocimiento y un valor social positivo”. En este aspecto, insiste en apelar al cumplimiento de la ley y mira una vez más hacia el botellón como “ejemplo prototípico” para señalar las carencias.

Para este especialista, “el modelo gallego era una referencia, pero en los últimos años lo urgente está impidiendo hacer lo relevante”. “Estamos parcheando y ha llegado el momento de pararse y de hacer una estrategia y una planificación”, urge.

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Si la prevención resulta clave –y Rial Boubeta vuelve a pedirles “un ejercicio de responsabilidad a los padres” y no ser “ingenuos”–, la detección e intervención precoz no lo es menos, aunque lleva “mucho retraso”, cuestiona Rial Boubeta. A su juicio, se puede empezar a partir del momento en que un menor llegue a los servicios de urgencias, lo que ve “una oportunidad de oro que no se puede dejar pasar”. “Cuando un chico llegue tiene que haber un protocolo”, sostiene. Cuenta que en otras comunidades existen iniciativas aisladas y en Galicia alguna que otra experiencia puntual en algún hospital, pero propugna un abordaje más sistemático.

Y después en atención primaria, con la implicación tanto de pediatras como de médicos de familia. El Plan de Saúde Mental de Galicia poscovid-19 para el período 2020-2024 incluyó un pilotaje, en Vigo, del proyecto SBIRT, que consiste en dar herramientas a los sanitarios para detectar cuanto antes menores en riesgo de presentar adicción y que ofrezcan pautas de actuación a las familias o las deriven a servicios especializados. La idea era que llegara para quedarse, pero a día de hoy no se ha implantado.

Con todo, Rial Boubeta apunta que un chaval adolescente no suele demandar atención sanitaria, por lo que considera que esa detección precoz se podría realizar también en los centros educativos, por ejemplo a través del servicio de orientación. “Los centros educativos son el escenario donde socializan y donde van los adolescentes”, argumenta.