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Una experta recomienda a las familias evitar el alcohol ante sus hijos menores

El alcoholismo, ¿se hereda o se aprende? | “Lo que los hijos ven tiene más fuerza que lo que escuchan”, advierte y aconseja excluirlo de fiestas familiares hasta los 21 años

Familia y amigos celebran una comida en una terraza, en Teis Marta G. Brea

Tomarse un par de copas de vino, jarritas de cerveza o gin tonics delante de los hijos puede tener un alto coste a medio plazo para los menores que como espectadores de estos hábitos pueden acabar realizando un consumo abusivo de alcohol. Es lo que advierten diferentes expertos. Ana López Durán, coordinadora de la Unidad de Tabaquismo y Trastornos Adictivos de la Universidade de Santiago de Compostela, lo deja claro: “Lo que los hijos ven tiene más fuerza que lo que escuchan”. Por ello da un consejo: “Si se puede, evitar el consumo de alcohol delante de ellos, mejor; pero sobre todo hay que evitar un consumo excesivo ante los jóvenes”.

Aunque reconoce que hablar con ellos sobre la incidencia negativa del alcohol en exceso puede ayudar, “el diálogo siempre es necesario”, también añade que “ hay que explicar las cosas pero la conducta manda más que la palabra”.

No obstante también quiere dejar claro que “una cosa es el alcoholismo y otra el consumo del alcohol en sí que puede derivar en problemas. Esto último es el consumo cultural de alcohol”.

Ante la pregunta de si el alcoholismo se hereda o se aprende, Durán recuerda que “hay estudios que señalan una transmisión genética del alcoholismo pero lo que de verdad nos tiene que preocupar es que al final los padres son modelos para sus hijos. Cuando los adultos tenemos unas conductas delante de los pequeños, al final somos un referente para estos. Ellos imitan lo que nosotros hacemos”.

Advierte de que la herencia genética para el alcoholismo “no lo es todo”

De ahí que sea tan importante prestar atención a estos consejos sobre todo en estas épocas en las que pasamos más tiempo con los hijos, incluso momentos de ocio en establecimientos de hostelería, festivales o domicilios donde está normalizado tomar una o dos copitas.

“Cuando consumimos sustancias (psicoactivas) –señala Ana López Durán– nos encontramos con la disponibilidad percibida y el riesgo percibido. Son dos conceptos llave. En el caso del alcohol, la disponibilidad percibida está clara porque es la sustancia más fácil de conseguir incluso por encima del tabaco: está en el supermercado pero también en la propia casa. Ese es un punto que ya incrementa la probabilidad del consumo de alcohol”.

En cuanto a la percepción del riesgo. Cuanto menor sea la percepción de riesgo sobre una sustancia, mayor es la probabilidad de que se consuma y el hecho de que los padres consuman alcohol delante de los hijos disminuye el riesgo percibido, explica la experta universitaria.

Siguiendo ese esquema los niños y adolescentes, entonces, piensan que si sus padres lo hacen, no debe ser muy malo. “Por lo tanto, es más probable que consuman alcohol. El problema es que el cerebro del humano no está completamente desarrollado hasta los veinte y pocos años”, advierte Durán.

“Muchos estudios indican que el consumo de alcohol no afecta igual en la adolescencia y primeros años de la juventud que en edades adultas”

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También recuerda que “muchos estudios indican que el consumo de alcohol no afecta igual en la adolescencia y primeros años de la juventud que en edades adultas”.

Para aquellas personas que aún crean que heredar una predisposición genética al consumo masivo de alcohol puede convertir a la persona en alcohólica sin vuelta atrás, Durán subraya que “la genética no lo es todo, una cosa es la predisposición genética y otra el entorno donde nos movemos”.

Hay adultos que inician a hijos en alcohol en casa por temor al adulterado

De esta manera, señala que podríamos “atenuar ese legado en nuestros genes” por el entorno en el que vivimos. “A veces hay que tener en cuenta esa genética para actuaciones de tipo preventivo”, añade.

Pero aprovecha para incidir en que “en España hay muchos problemas con el consumo de alcohol y no hablamos de genética en todos los casos. Nuestra cultura es muy proingesta de alcohol. Lo raro es no beber. Si no quieres tomarlo, tienes que explicarte, poner excusas. Eso no es normal. Cuando la gente tiene problemas con el alcohol y tiene que dejarlo, muchos te dicen que el problema es cuando van a una cena o una boda y se los están ofreciendo continuamente”.

“Tendríamos que promover un ocio diferente. Los padres no deben respaldar el consumo de alcohol de los hijos"

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Para esta especialista universitaria, “tendríamos que promover un ocio diferente. Los padres no deben respaldar el consumo de alcohol de los hijos. Se dan casos de adultos que los inician en el consumo de alcohol en casa por temor a que les vendan otro en mal estado en discotecas, pubs o bares. Cuando preguntas a los chicos y chicas dónde probaron por primera vez alcohol no es raro que nos digan que fue en el hogar. Los padres lo hacen con afán protector pero realmente están contribuyendo a que disminuya la percepción de riesgo ante la sustancia de los menores”.

Respecto a la pregunta de que a partir de qué edad podrían beber los jóvenes alcohol, pensando en las comidas o fiestas familiares, por ejemplo, Durán no descarta el límite de los 21 aunque matiza que “va a depender del desarrollo de cada individuo. El cerebro no está formado hasta pasar los 20 años por lo que se debería evitar hasta entonces. El problema es que el consumo en estas etapas no es el tradicional que se hacía. El problema más grave es que es un consumo intensivo, con bebidas de alta graduación en poco tiempo y eso afecta más al cerebro”. 

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