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Adolescentes y apuestas, una relación que se estrecha

Expertos advierten menores apuestan cada vez más dinero online

Unos 25.000 adolescentes gallegos han experimentado de primera mano alguna vez con las apuestas y unos 7.000 ya casi lo tienen como un hábito, ya que juegan dinero al menos una vez al mes. Aunque algunos auguraron que de la pandemia saldría una sociedad mejor, ya hay datos que apuntan a que ciertas costumbres que preocupan a las autoridades se mantienen e incluso se fortalecen. Es el caso del juego y apuestas en menores, en concreto entre los gallegos. Un estudio de la Universidade de Santiago coordinado por el profesor Antonio Rial Boubeta permite comparar la conducta de estudiantes de 12 a 17 años antes del coronavirus y tras su irrupción este 2021 y la conclusión es que “el problema del juego entre los menores gallegos repunta tras la pandemia”, sostiene el investigador. 

Las cifras recopiladas en sendos trabajos de la Unidade de Psicoloxía do Consumidor e Usuario, coordinados por este experto, lo respaldan. Si un estudio en 2019 entre 9.000 adolescentes permitía concluir que un 24% de menores había apostado alguna vez en su vida, lo que se traducía en unos 25.000 gallegos, de los que un 2%, además, “podría presentar problemas de adicción al juego”, otra encuesta realizada este curso a alumnos de secundaria advierte “más de lo mismo”. “El problema persiste y parece incluso que empeora”, sostiene este especialista, dado que la tasa de jugadores se mantiene en torno al 24-25% y además se detecta un “ligero” incremento del juego online, que asaría de un 7,1% a un 8,6%.

Aunque insta a interpretar los resultados de la última encuesta con “cierta prudencia”, dado que la muestra es de solo 2.124 adolescentes de las provincias de Pontevedra y Ourense, entiende que se pueden tomar como “un indicador” para estar al día de las tendencias. La investigación previa aparece citada en el Plan Nacional sobre Drogas como un estudio que “ha permitido comprobar que, lejos de cualquier tipo de demagogia o ideología, es un hecho que los menores apuestan” y lo hacen a una edad que preocupa porque “cualquier conducta potencialmente adictiva que se inicia en la adolescencia suele tener entre tres y cuatro veces más de probabilidades de convertirse en una verdadera adicción”, alega Rial Boubeta.

Además, si la posible prevalencia de juego problemático en el colectivo se mantiene como dos años atrás, en un 2%, la tasa de una “posible adicción” se elevaría al 15% entre los siete mil menores gallegos, sobre todo chicos, que apostarían dinero como mínimo una vez al mes (6%) en algún juego de azar. Al respecto, el investigador recuerda que hay un consenso en que uno de cada diez adolescentes que juega o apuesta dinero de forma habitual acaba desarrollando una adicción y eso, advierte, supondría hablar de más de dos mil menores que demandarían, incide, una atención especializada. Con el añadido de que el sistema sanitario público “seguramente” no estaría aún listo para proporcionarla, advierte. De ahí que inste a no seguir retrasando más la aprobación de la nueva Lei do Xogo de Galicia, y que esta “implique recursos” y una “verdadera estrategia de prevención y de intervención”.

Precisamente, el Consello Económico e Social de Galicia (CES) dictaminó esta semana sobre esa norma. Propone a la Xunta eliminar tragaperras y máquinas de apuestas deportivas de bares y restaurantes ya o desde que expire su permiso y regular el juego online.

La investigación dirigida por Rial Boubeta permite también averiguar dónde y cuánto apuestan los jóvenes. El trabajo posibilitó averiguar cómo el porcentaje de adolescentes que juegan a los formatos online es muy inferior al presencial (8,6% frente a un 22,8%, respectivamente). Rial Boubeta explica que los formatos online tienen mayor potencial adictivo por su inmediatez, privacidad o la facilidad de acceso desde cualquier hora o lugar. Si bien “enganchan más” las opciones digitales, matiza, los menores juegan “mucho más” de forma presencial, sobre todo a apuestas deportivas, quinielas o loterías y rascas. Y eso sucede, señala, porque los controles son “prácticamente inexistentes” y no se les pide DNI. Un 80% así lo asegura.

Pero no solo depende de dónde jueguen; también a qué. Así, los datos recopilados por su equipo, presentados esta semana en Praga en el 32 International Congress of Psychology, muestran cómo el formato favorito en menores son las apuestas deportivas, sea por internet o en bares, mientras que en persona tragaperras y póker y ruleta estarían a la cola. No obstante, examinado el potencial adictivo, señala, en presencial el puesto líder le correspondería a las tragaperras, aunque sean menos “populares” entre los jóvenes. Si bien Rial Boubeta entiende que compete a las autoridades tomar decisiones, cree que “ambas casuísticas constituyen un problema y, por tanto, deben ser prioritarias”.

Polijugadores: minoritarios, pero problemáticos

El trabajo muestra cómo tanto a través del ordenador o del móvil como en persona, los menores lo que practican en mayor porcentaje son las apuestas deportivas. Pero en algunos casos, los jóvenes juegan o apuestas en varios formatos. Según el informe, casi dos de cada tres de los jóvenes (63,1%) que apuestan habitualmente lo hacen solo a uno o dos formatos de juego, pero esto implica que casi un 37% jugaría a tres o a más.

Rial Boubeta explica que la tasa de jugadores problemáticos entre los primeros roza el 11 por ciento, mientras que en el segundo supuesto se remonta hasta el 20,3%. “Estamos hablando, por tanto”, destaca el psicólogo clínico y profesor de la USC, “de la existencia ya de un perfil de polijugador que, aunque minoritario, puede llegar a duplicar la tasa de adicción”.

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