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Galicia tira del maíz de Brasil por la mayor demanda de pienso y la guerra en Ucrania

El país latinoamericano cubre la mitad de las importaciones de cereal, que aumentan un 78% | La cosecha nacional cae, pero en la comunidad sube y se cultivó un 17% más

Plantación de maíz RK1919

La siembra de cereales de la campaña de invierno en Ucrania está ya muy cerca de la superficie prevista a pesar de las terribles consecuencias de la guerra. En trigo van 3,7 millones de hectáreas, el 93% del objetivo; el 89% en la cebada, con 600.000 hectáreas; el 92% en centeno (79.100); y la colza, que suma 900.000 hectáreas de cultivo, supera incluso los niveles esperados, según el balance del Ministerio de Agricultura del país. Preocupa otra vez la futura recolección. Gran parte de la cosecha de maíz del granero de Europa podría quedar en los campos por el encarecimiento de los combustibles, la falta de mano de obra y otras consecuencias de la invasión de Rusia, que aceptó renovar in extremis otros cuatro meses el acuerdo con Turquía y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el corredor seguro de las exportaciones de cereal ucraniano a cambio de aligerar el veto a la comercialización de su propia producción de alimentos, fertilizantes y otras materias primas en el viejo continente.

Desde la firma del primer pacto el pasado 22 de julio, Ucrania pudo dar salida a más de 13 millones de toneladas de cereales a través de los puertos de Odesa, Chornomorsk y Yuzhne en 524 buques por las rutas abiertas en el mar Negro tras la inspección de las autoridades turcas a las cargas. Según los datos de la propia ONU, España es el primer destino, seguido de Turquía y China. Uno de los últimos barcos en salir llegó ayer al puerto de A Coruña. Lleva 32.000 toneladas de maíz a bordo por encargo de los fabricantes de piensos de Galicia, que respiran un poco más tranquilos en la recta final de un año complicadísimo por la amenaza de desabastecimiento y los precios disparados.

Hugo Barreiro

“No vamos a acabar el ejercicio con malos datos de producción”, resume Bruno Beade, director de la Asociación Gallega de Fabricantes de Alimentos Compuestos (Agafac). Se mantendrán los niveles de los últimos cinco años “y subirá ligeramente” algún producto en concreto, “como los destinados al vacuno de leche”. “Después de tres años de incrementos, especialmente en estos últimos meses, los precios se han relajado un poco. Pero siguen siendo altísimos y es nuestro mayor problema –explica Beade–. La alimentación supone el 40% de los costes de las explotaciones ganaderas y lo que queremos es que puedan hacer sus números bien, pagar a los proveedores y ganar dinero”.

Las importaciones de cereal de Galicia rozaron los 1,3 millones de toneladas entre enero y octubre, como recoge el análisis de la Secretaria de Estado de Comercio, después de un avance de casi el 78% en comparación con el mismo periodo de 2021. Se compró, sobre todo, maíz (985.000 toneladas), trigo (188.400) y cebada (97.500). Además del repunte de la actividad en general por la tregua de la pandemia y, en particular, de la producción de las granjas de leche, la evolución de las importaciones gallegas de cereal está muy condicionada por el resultado de las cosechas nacionales. “España es un importador neto y el déficit de materia prima en Galicia es todavía más pronunciado”, recuerda Bruno Beade. De media, los mercados exteriores cubren entre el 75% y el 80% de la producción “y este año las cosechas nacionales fueron bajas”.

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El avance de producción de los cereales de otoño-invierno para la cosecha de 2022 en España ascendió a 14.219 millones de toneladas, un 26% menos, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Las caídas llegan al 38% en el centeno y a cerca del 30% en la avena. Entre los cereales de primavera, solo crece el sorgo (5,6%). El arroz se desploma un 36% y un 22% el maíz, a diferencia de lo sucedido en Galicia, donde la superficie cultivada aumentó un 17% (17.870 hectáreas en total) y un 13% la producción (108.300 toneladas).

En enero y febrero, de Ucrania vinieron a Galicia alrededor de 200.000 toneladas de maíz, según Agafac. El país aportó en esos dos primeros meses del año el 33% de las importaciones del cereal, en línea con los volúmenes habituales. La invasión de Rusia comenzó el 24 de febrero. A partir de ese momento, el saldo cayó en picado: 142.000 toneladas en los nueve meses y medio siguientes. Su cuota en la cesa de la compra de los fabricantes de piensos de la comunidad se redujo al 13%, obligando a los operadores que trabajan para el sector a buscar alternativas suficientes en muy poco tiempo.

El precio de la tonelada de cereal pasó de 172 euros en 2019 a 305 en 2022

Los asociados de Agafac alertaron a principios de marzo de que solo les quedaba maíz para mes y medio. La Comisión Europea relajó los requisitos de las importaciones de terceros países para, precisamente, paliar los graves problemas de suministro por la guerra. Brasil fue la solución. “Era uno de los grandes mercados de abastecimiento y se ha ampliado”, señala el director de la asociación, que achaca el mérito “a la labor de nuestros importadores”. El país latinoamericano cubre en la actualidad prácticamente la mitad de las importaciones, según la Secretaría de Estado de Comercio, por encima de Ucrania. Las compras a Reino Unido se triplicaron y suponen el 8% de las importaciones; las de Rumanía se duplicaron (6,4%); y las de Francia se multiplicaron casi por cuatro (5,7%). La contribución de Lituania sube al 5,2%; al 2,6% la de Letonia; y EE UU, con ninguna operación el año pasado, sacia el 2,4% de toda la importación de cereales desde Galicia. Lo mismo ha pasado en el resto de comunidades, entre las que destaca el refuerzo de las operaciones también con Brasil, Francia y EE UU.

La factura engorda mucho más que el volumen de importaciones porque el precio medio de la tonelada importada de cereal pasó de 172 euros en 2020, a 226 euros en 2021 y a 305 euros en lo que va de este ejercicio, con un coste cercano a los 390 millones de euros, un 139% más que entre enero y octubre del año pasado.

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