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El cóctel de precariedad y pandemia en los jóvenes gallegos: solo recuperan dos de cada diez empleos destruidos

El colectivo sufre la temporalidad de los contratos y su dependencia de hostelería y comercio | La afiliación cae un 10% frente al 1,8% del total de la región y el paro sube el doble

Un camarero sirve un café a los clientes de un bar en A Estrada. // Bernabé / Javier Lalín

Un camarero sirve un café a los clientes de un bar en A Estrada. // Bernabé / Javier Lalín

La pandemia reabrió este último año muchas de las heridas que el mercado laboral de Galicia sufrió ya en la doble recesión financiera. Aunque las razones de ambas crisis no tienen nada que ver, otra vez se llevan el mayor golpe los que peor estaban porque la precariedad no distingue entre un shock estructural por el abultado endeudamiento y los lastres de la banca de otro coyuntural a causa de un nuevo virus global que obliga a restringir la movilidad y los contactos sociales.

Los menores de 35 años representaban el 21% de las afiliaciones en la comunidad en febrero de 2020. Llegó el COVID-19, la economía se cerró y los últimos en llegar fueron los primeros en salir de la ocupación. En esa misma franja de edad se concentró casi la mitad de todas las bajas en la Seguridad Social entre la segunda quincena de marzo y abril, cuando la actividad quedó reducida a lo imprescindible para frenar el pico inicial de contagios. A pesar de que las limitaciones posteriores se suavizaron, cada una de las siguientes olas impactó de lleno en el empleo. ¿Cuántos puestos de trabajo se recuperaron? Poco más de la mitad en Galicia y, en el caso de los jóvenes, únicamente dos de cada diez.

Hugo Barreiro

Un ocupado, 100 contratos

La mejor forma de entender qué pasa es echar un vistazo a lo que estaba sucediendo antes del coronavirus. Por quinto año consecutivo, Galicia batió en 2019 su récord de contratos. Fueron 1,083 millones. Ese ejercicio terminó con un incremento de 10.777 cotizantes. El desequilibrio salta a la vista: 100 contratos por cada nuevo ocupado. Cerca de un tercio de la contratación es por horas o días, menos de una semana, según los datos de la Consellería de Emprego e Igualdade, y el número de jornadas parciales se disparó desde 2009 un 118%.

Uno de cada tres empleos de horario reducido está desempeñado por jóvenes, que tienen además una tasa de temporalidad alrededor del 50%. De hecho, como refleja el último informe de vidas laborales elaborado por el Instituto Galego de Estatística (IGE) con los datos de 2018, seis de cada diez gallegos con menos de 30 años solo trabaja parte del año y entre los 27.000 jóvenes que se estrenaron en el mercado laboral durante ese ejercicio, una cuarta parte estuvo de alta en la Seguridad Social un mes como mucho. ¿Y cuáles son sus principales destinos? Hostelería, servicios de atención y ventas en comercio.

Con tanta dependencia de los sectores más lastrados por las restricciones para frenar la curva de contagios y las condiciones de los contratos, muchos de los jóvenes no pudieron beneficiarse de los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), “el instrumento fundamental de protección apara afrontar el impacto negativo del COVID-19 en el mercado de trabajo”, destaca el Foro Económico de Galicia es su reciente Informe de Coyuntura Socioeconómica. El ajuste de empleo en la crisis “se produce en mayor medida entre las personas más vulnerables”. “Los más jóvenes –confirma–, asalariados con contratos temporales, trabajadores con jornada a tiempo parcial y personas con menor nivel educativo”.

Hugo Barreiro

Menor destrucción que el PIB

Galicia finiquitó el pasado año con una histórica caída del Producto Interior Bruto (PIB) regional del 7,6% en el último trimestre y del 8,9% en el global del ejercicio. “La fuerte contracción de la economía gallega en el conjunto de 2020 se traslada directamente al mercado de trabajo atendiendo a la evolución de las grandes cifras del nivel de ocupación y desempleo –señala el grupo de expertos dirigido por Santiago Lago–. Sin embargo, es necesario resaltar que a diferencia de lo ocurrido en otras crisis económicas, la caída interanual del PIB en un 8,9% se traduce, con carácter general, en una destrucción de empleo de menor intensidad”.

Antes de la irrupción del coronavirus, Galicia superaba el millón de afiliaciones a la Seguridad Social. En febrero del actual 2021 había unos 993.500, de los que 46.665 estaban en ERTE. Por el camino se perdieron en este año prácticamente 19.000 empleos, lo que supone una caída de cotizaciones del 1,9%. La merma afecta solo a los trabajadores que no pasan de los 44 años, con descensos muy acusados en el grupo de 16 a 19 años (un 37% menos de altas en la Seguridad Social) y de 20 a 24 años (13,2%). En la franja de gallegos de 25 a 29 años, la bajada de cotizantes fue del 6,7%; del 5,2% en los de 30 a 34 años; un 6,7% en los comprendidos entre los 35 y los 39 años; y del 2,9% en los de 40 a 44 años. En comparación con el momento de mayor parón económico y peores datos de empleo, el mes de abril, Galicia recuperó cinco de cada diez empleos (23.700), mientras que entre los jóvenes de 16 a 29 años se destruyeron más de 14.000 y apenas se crearon 2.500 desde la desescalada de mayo hasta ahora.

A la espera de la actualización con los datos de marzo que el Ministerio de Trabajo y Economía Social publicarán este próximo martes, Galicia alcanzó los 185.228 parados en febrero, un 11,5% más que en el mismo mes de 2020. Las zarpas del COVID-19 en el mercado laboral también son muy diferentes en el desempleo según la edad. El grupo con mayor subida, el doble de la media (24,4%), va de los 25 a los 29 años. En los gallegos de 30 a 34 años el alza es del 18,5% y roza el 15% en los de 20 a los 24 años. Todos ellos con una tasa de paro muy por encima del resto. Entre los 20 y los 24 años se situó a finales del año pasado en el 31,7% y el 22,7% en la horquilla de 25 a 29 años, frente al 11,7% del conjunto de Galicia.

Hugo Barreiro

La “cicatriz de las recesiones” para otra generación de gallegos


Los trabajadores que ahora mismo rondan la treintena saben lo que es encontrarse en el camino dos graves crisis en dos momentos cruciales de su periplo profesional. La de 2008 les pilló intentando dar el salto a la ocupación y la pandemia se cruza con los esfuerzos para consolidar su trayectoria. “En el caso de España este reto es aún mayor debido a problemas estructurales en el mercado de trabajo que perjudican especialmente a los jóvenes, dificultando su acceso a empleos estables”, advierte la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), en un estudio sobre empleo y rentas de los jóvenes publicado esta misma semana. “En cada recesión se produce un retroceso en la situación laboral de los jóvenes”, según la entidad, que identifica como principales afectados a los que terminan sus estudios durante estas recesiones, “que sufren impactos negativos sobre su empleo y sus salarios no solo al entrar en el mercado de trabajo, sino también durante un buen número de años de sus carrera profesional”. Es lo que se conoce como el “efecto cicatriz de las recesiones”. La evolución del salario en Galicia confirma esa herida abierta en las nuevas generaciones. El sueldo bruto medio se situó en 2018 en 17.858 euros en Galicia, según la información de las vidas laborales de la Seguridad Social analizada por el IGE, por encima ya de los peores años de la doble recesión. La retribución media en los primeros empleos de los jóvenes (947 euros) acumulaba en cambio una caída del 5,7% respecto a 211 (1.005 euros). La mitad de ellos no pasaba de los 810 euros. Uno de cada diez –20.075 menores de 30 años– estaba pluriempleado.

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