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Uno de cada tres jóvenes gallegos pasó por un ERTE en la crisis del coronavirus

El pluriempleo en los menores de 30 años se dispara un 52% desde la anterior crisis

Un camarero en Arousa. El sector de la hostelería, el más afectado.

Un camarero en Arousa. El sector de la hostelería, el más afectado. Iñaki Osorio

Laura tiene 28 años, una beca recién estrenada y muchas ganas de abrir puertas en el futuro. “Quiero aprovechar esta oportunidad al máximo, aprender todo lo que pueda. De la carrera sacas muchos conceptos, pero donde realmente aprendes es así, empezando desde cero en una empresa”, asegura esta joven a punto de titularse en Industriales. Hacía tiempo que quería trabajar “en algo de lo mío”. Estaba cansada ya de poner copas y la difícil situación provocada por el coronavirus en la hostelería y, particularmente, el ocio nocturno, hizo el resto. "Estuvimos en ERTE hasta finales de julio", cuenta.

“Confío en abrir puertas con la beca. Quería trabajar en lo mío”

Laura (28 años) - Becaria y excamarera

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Ella, los otros cuatro empleados de barra y dos porteros. Como era un local de primera hora fue más o menos fácil reinventarse para aprovechar las tardes, hasta que la Xunta ordenó el cierre en las zonas de Galicia más pobladas para contener la segunda ola de la pandemia. “Obviamente –asegura Laura– lo están pasando muy mal”. Mal un sector y todo un colectivo, el de los jóvenes, muy vinculados a actividades con altas tasas de temporalidad. El impacto ahora del nuevo parón en la hostelería agrava la herida de los primeros meses de crisis, cuando uno de cada tres menores de 30 años en la comunidad pasó por un ERTE.

Alumnos en prácticas en la empresa Dinak. Asime

Tras el fin del primer estado de alarma, “las consecuencias de la incipiente crisis económica derivada del Covid-19 comienzan a hacerse notar con especial virulencia entre la juventud”, asegura el Consejo de la Juventud de España (Injuve) en su segundo análisis sobre las consecuencias socioeconómicas de la situación para el colectivo. La tasa de ocupación entre los 20 y los 24 años retrocedió de repente en mínimos desde 2014 (25,8%) en Galicia y, pese a la mejora del tercer trimestre del año (28,1%), la caída anual es de más de 9 puntos. Entre los 25 y los 29 años se sitúa en el 60,7% tras una bajada de 7 puntos en comparación con los meses de verano de 2019. El 11,8% de los gallegos está en paro, según la última Encuesta de Población Activa (EPA) del Instituto Galego de Estatística (IGE). En el caso de la franja de edad de los 20 a los 24 años, el porcentaje asciende al 34,4% y al 23,3% en la horquilla 25-29 años. Muchos de ellos, sostiene el Injuve, “intensifican el abandono del mercado laboral que arrancó en 2008”

“En todos los casos las cifras reflejan una pauta dual característica cíclica del sistema productivo español: las personas jóvenes, cuyos empleos son mayoritariamente temporales y precarios, son despedidas (o no renovadas) a bajo coste en épocas de crisis”

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El golpe esta vez podría ser incluso peor que en la doble recesión de 2009 y 2012 “si no se diseñan políticas específicas de consenso que puedan evitarlo”. “La crisis actual amenaza con impactar con mayor severidad en aquellos sectores esenciales y de baja productividad tradicionalmente asociados a la empleabilidad joven con lo que, cuando finalicen los ERTE, la dinámica de despidos asociada a los contratos precarios de las personas jóvenes puede poner en peligro la empleabilidad de más de la mitad de la juventud española”, avisa el Injuve.

Para miles de ellos eso ya sucedió. La inmensa mayoría de la pérdida de afiliaciones a la Seguridad Social en Galicia se concentra en ellos. Octubre cerró con 7.285 cotizantes menos entre 16 y 29 años y 10.847 si tenemos en cuenta también a los que llegan hasta los 34 años. Quedan en esas edades un total de 204.611 altas en la Seguridad Social frente a las 387.826 que había en octubre de 2007. Desapareció la mitad, un evidente declive de la pirámide demográfica laboral por el propio envejecimiento de la población y el agravante de las crisis económicas.

La frustración

Cumplidos los 30 y víctima de “la desilusión”, Saúl Beade aparcó su profesión de periodista para preparar oposiciones a Correos. “Llega un momento que necesitas estabilidad”, asegura el joven vigués. Estudió en Valladolid, saltó de ciudad en ciudad durante varios años con trabajos temporales y exprimió la vocación “hasta que me han dejado”. ¿Volvería si surge la oportunidad?

Lo ve imposible.

“Necesito ya estabilidad ylo veo imposible en una empresa”

Saúl (30 años) - Periodista y opositor

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“Me queda una sensación muy grande de frustración. Cuando ves que el tiempo pasa, mandas currículums y nada, hay que buscarse la vida”, dice, aprovechando “que tengo una capacidad de estudio y sacrificio grande”. No le importaría tener que irse a Madrid o Cataluña, donde hay más plazas previstas, si esta vez es para “tener seguridad”. “Más ahora que con el coronavirus la opción de la empresa privada no parece muy estable”, dice.

Antes incluso de la pandemia, siete de cada diez jóvenes gallegos que estaban trabajando solo lo hacían parte del año. El 8,6% de los 168.525 afiliados en la comunidad en 2018 estuvo en alta menos de un mes; un 6,2% entre 30 y 59 días; y otro 6,1% entre 60 y 89 días, según el reciente análisis del IGE a partir de las muestras de las vidas laborales. A muchos no les queda otro remedio que intentar compensar la contratación precaria con el pluriempleo. Y el número no para de crecer. En 2018 eran más de 20.000 los gallegos de entre 16 y 29 años que compatibilizaron más de un trabajo –11.100 mujeres y 8.975 hombres– tras un incremento del 53% desde 2011 (13.175).

El 88% de los 27.000 jóvenes gallegos que se estrenaron en el mercado laboral en 2018 estuvieron ocupados en el sector servicios. Uno de cada cuatro trabajó menos de 30 días. Solo el 20% superó los 180 días en la actividad. El sueldo medio alcanzó los 947 euros después de una sustancial mejora del 8,5% respecto a 2017 (873 euros), pero todavía por debajo de lo que cobraban en 2011 (1.005). Además, la mitad de ellos recibe una remuneración mucho más baja: no pasa de los 810 euros mensuales. Había 22.000 cobrando prestaciones contributivas por desempleo y 7.300 algún otro tipo de subsidio.

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