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El Celta se estampa contra un muro

Néstor Araújo persigue al cadista Álvaro Negredo durante el choque diputado ayer en el Ramón de Carranza entre el Cádiz y el Celta. // ROMÁN RÍOS (EFE)

Néstor Araújo persigue al cadista Álvaro Negredo durante el choque diputado ayer en el Ramón de Carranza entre el Cádiz y el Celta. // ROMÁN RÍOS (EFE)

El Celta se estampó contra un muro en su intento de certificar la permanencia en el Ramón de Carranza. El equipo de Coudet gobernó machaconamente la pelota frente a un rival que eludió el intercambio de golpes y se estrelló una y otra vez contra la sólida muralla de piernas que Álvaro Cervera construyó entorno a Jeremías Ledesma. Los celestes monopolizaron el balón, pero lo movieron en zonas intrascendentes del campo, sin velocidad ni ideas para encontrar una rendija con la que finalizar las jugadas con posibilidades de hacer daño a su cauteloso adversario.

El Cádiz se encontró desde el primer momento muy cómodo cediendo la iniciativa del juego al Celta. Bien parapetado entorno su portero, cerró a los celestes las líneas de pase, limitando sus lanzamientos a puerta a remates desde fuera del área que el portero amarillo atajó con seguridad.

Apenas rompieron esta desfavorable dinámica la complicidad entre Nolito y Mallo, el mejor atacante de los olívicos, ganando el área local en posición de extremo para cabecear un centro desde el costado izquierdo y algún que otro lanzamiento con mala intención de Renato Tapia desde la media luna. Acusó el equipo vigués su exceso de previsibilidad en los últimos metros, donde Denis no encontró ayer líneas de pase para quebrar la defensa en los metros finales, mientras que Aspas, en modo corriente ayer y más preocupado de asistir entre un mar de piernas que en finalizar las jugadas, no llegó a ensayar una solo vez el remate.

El punto (en un campo tradicionalmente esquivo en Primera División) no es un botín despreciable en las circunstancias en que transcurrió el partido y confirma la dinámica ascendente del Celta lejos de Balaídos, con siete puntos de nueve posibles en los últimos tres encuentros.

Cautela y contragolpe

A pesar de la gran cautela del Cádiz a la hora de asumir riesgos, el equipo de Cervera fue capaz de acercarse con peligro en un par de ocasiones a la meta de Iván Villar. Con la lección aprendida de la goleada de Balaídos, el técnico amarillo ordenó eludir el intercambio de golpes. No le interesaba que los de Coudet corriesen y se parapetó en una poblada defensa de ocho hombres junto a la frontal, pero sin renunciar a explotar el recurso del contragolpe las pocas veces que pudo robar y salir disparado. Sucedió en muy contadas ocasiones con galopas en solitario de Rubén Sobrino y Salvi que el Celta pudo casi siempre neutralizar antes de que el rival armase el disparo.

Dos paradas salvadoras

Cuando ello ocurrió, el Cádiz se topó con un imponente Iván Villar. El cangués se resarció de su discreto partido contra el Sevilla con dos paradas salvadoras, primero en un mano a mano con Rubén Sobrino, al que aguantó con mucha sangre fría para desviar la pelota en el último instante tras desbordar éste en carrera a Hugo Mallo, Denis y Murillo; y posteriormentre tras rechazar contra el travesaño un remate franco de Malbasic dentro del área celeste con una intervención portentosa. No tuvo ya más problemas Iván Villar en el resto del partido.

Nolito, con un lanzamiento lejano desde el pico del área que Ledesma despejó con lucimiento, y Tapia, con otro tiro alto desde la frontal firmaron las mejores llegadas de los celestes.

Cuestión de centímetros

El gol y la victoria se les escurrió al Celta por cuestión de unos pocos centímetros, casi de milímetros, en una hermosa combinación entre Nolito y Hugo Mallo que el marinense culminó enviando el balón al fondo de la red con un impecable testarazo y el árbitro anuló (con la posterior confirmación del VAR) por fuera de juego. Las llegadas del capitán cortando el área para romper la defensa amarilla fueron de lo mejor del Celta para rondar el gol, como ocurrió ya casi con el tiempo cumplido, en otra cabezazo de Mallo a un buen centro desde la izquierda de Renato Tapia. El marinense no fue solo un defensor competente en el Carranza, también el más peligroso de los atacantes celestes en un encuentro sumamente espeso y muy parco en ocasiones.

Se acentúa la tendencia

Si la primera parte fue aburrida por la escasa velocidad de la pelota, la pobreza general de ideas, la falta de verticalidad de ambos equipos, en el segundo tiempo se acentuó esta perniciosa tendencia, convirtiendo el choque en un suplicio para el espectador. Del electrizante intercambio de goles y un divertidísimo duelo de ida y vuelta con el Sevilla, se pasó a un partido plomizo, severamente plano, en el que el abuso del pase horizontal dio al Celta una improductiva iniciativa con la que el rival, que nunca perdió el orden táctico e hizo de la disciplina defensiva bandera.

Los cambios con que Coudet intentó invertir desde el banquillo la rigidez del encuentro no dieron el resultado apetecido. Ni Beltrán y Baeza primero, ni Solari después lograron dar frescura o nuevas ideas al previsible ataque celeste. Sin Aspas (o con el moañés tan alejado de las posiciones de remate o pase decisivo) no hay fiesta. Y en este escenario, con cambios de hombre por hombre para reforzar el muro, el Cádiz se encontró muy cómodo para defender el punto.

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