Memorias de Tanzania

Los estradenses Ana y Manuel Ferradáns fueron voluntarios en un pueblo del país africano durante un mes, a través de una ONG que está construyendo una escuela

19.08.2016 | 05:39

Con un billete rumbo a Tanzania, los estradenses Ana y Manuel Ferradáns emprendían su propia aventura como voluntarios en el país africano. Vivieron en un pequeño pueblo en el que la ONG con la que colaboraban estaba construyendo una escuela. Pero ellos también impartieron clases en inglés sobre diferentes materias, fueron monitores en los campamentos que organizaba la ONG o acudían a un orfanato para jugar con los niños. Una experiencia enriquecedora que llegó ayer a su fin. Ellos aseguran volver a casa sintiendo que han aprendido más de lo que han podido ofrecer.

El regreso ha sido duro. Y no solo por las más de 40 horas de viaje, también por todo aquello que dejan atrás. Hace un mes que los estradenses Ana y Manuel Ferradáns emprendieron un viaje rumbo a Tanzania como voluntarios de una ONG. Hoy vuelven a casa empapados de la hospitalidad, la cultura y la solidaridad africanas.

"Siento que he aprendido más de lo que yo les he podido dar", declaró Ana Ferradáns. Su hermano comparte la misma visión, asegurando con contundencia que "nadie se puede arrepentir" de formar parte de esa experiencia. Viajaron a Tanzania a mediados de julio para colaborar con una ONG que está construyendo una escuela. Según apuntaron, la lentitud burocrática impidió poner en marcha el proyecto durante la estancia de los dos estradenses en el país africano. Por ello, participaron en los "campamentos de verano" que se organizaban para entretener a los niños, daban clases en inglés sobre diferentes materias en un pequeño colegio del pueblo en el que se hospedaban y también acudían a un orfanato para jugar con los más pequeños. Actividades que buscaban distraerlos de una vida condicionada por la falta de recursos. "La pobreza y el hambre en Tanzania son brutales, se comían literalmente las piedras", aseguró Ana Ferradáns.

Aunque la experiencia fue enriquecedora y positiva, los estradenses vivían en un hostal donde "las condiciones higiénicas eran terribles". Las conexiones con la ciudad más cercana, Arusha, también fueron calificadas por los hermanos de la misma manera. "Las carreteras no existen, había tanto polvo que costaba hasta respirar", puntualizó Ana Ferradáns. Además, los únicos medios de transporte eran "una especie de furgonetas" que no contaban con más de 10 asientos, pero en las que llegaban a viajar más de una treintena de personas.

La huella de A Estrada quedó marcada en aquel pequeño pueblo de Tanzania. Ana y Manuel Ferradáns compraron material escolar para los niños e impulsaron una campaña para recaudar fondos, consiguiendo un total de 1.000 euros. Según ellos, la falta de recursos era total. Respecto a la cuestión educativa, los niños tenían que turnarse para escribir en los pupitres porque no había suficiente espacio ni materiales para todos. "Tanzania representa la idea de lo que es África", matizó Ana Ferradáns.

Sin embargo, la falta de recursos no parece ser un impedimento para alcanzar la felicidad. O, al menos, esa es la impresión con la que la que regresan los estradenses. Los dos hermanos destacan la hospitalidad y la acogida de la gente. "Los niños te veían desde lejos y se acercaban corriendo a ti sin pedir nada a cambio", relató Manuel Ferradáns. A sus declaraciones quiso sumar la puntualización de que Tanzania "es un mundo totalmente distinto, con una mentalidad diferente donde la gente es feliz". Aunque también puntualizó que, tras informarse, hay países africanos más hostiles y con un mayor grado de peligrosidad, como Kenia.

Tras sentir el calor de un pueblo, "que vive el día a día", Manuel Ferradáns no dudó en asegurar que repetiría la experiencia. Pero a pesar de lo enriquecedor de la aventura que emprendieron, también hay otros aspectos desalentadores que traen cargados en su mochila.

"Es devastador saber que esos niños tienen pocas expectativas de futuro aun sabiendo que tienen potencial, son pasionales y lo comparten todo", declaró Manuel Ferradáns. Además de recalcar la falta de recursos del pueblo en el que residieron, hizo especial hincapié en la falta de un buen sistema educativo. "¿Cómo vamos a solucionar el problema si los profesores no saben lo que es un pingüino?", insitió. Su pregunta esconde tras de sí la historia de un póster que le regalaron al colegio en el que los dos hermanos eran voluntarios. El cartel contenía animales de diferentes especies y la primera en preguntar qué era cada imagen fue la docente. Un relato teñido de desesperanza.

De Tanzania se traen el cariño, la hospitalidad, la acogida. En Tanzania dejan provisiones, material escolar y recuerdos. Ana y Manuel Ferradáns fueron voluntarios durante un mes en un país que, para ellos, refleja a la perfección la idea preconcebida que ese llamado "primer mundo" tiene de todo un continente tan extenso como pobre. Pero eso sí, rico en calidad humana. Tal y como decía Manuel Ferradáns, tal vez el secreto de la felicidad resida en vivir el día a día, con o sin recursos, pero siempre con una sonrisa iluminando el rostro.

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