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Faro de Vigo

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Mike Oldfield regresa al 75

El músico británico, fiel a su costumbre de retomar sus obras anteriores, escoge uno de sus álbumes más emblemáticos y publica hoy en todo el mundo "Return to Ommadawn", en el que toca 22 instrumentos y combina sones irlandeses y africanos

El multiinstrumentista y compositor Mike Oldfield.

Cuando en septiembre de 1975, a los 22 años de edad, Mike Oldfield publicaba "Ommadawn", ya era un músico consagrado, un genio precoz que, con tan solo dos álbumes en el mercado, había entrado en el firmamento de las estrellas gracias, especialmente, a "Tubular Bells" , un disco imprescindible en la historia del rock (progresivo o no) que, desde entonces, ha tenido dos partes nuevas que aguardan una cuarta, prometida por el propio Olfield.

En realidad, "Tubulars IV" era el capítulo esperado por los fans, pero ya antes del verano pasado comenzaron a circular las noticias de que en su nueva obra Mike no tocaría las mágicas campanas tubulares, sino que volvería la vista a una obra suya, menos conocida hoy en día, pero que en su momento supuso un reto musical de altísimo alcance. "Ommadawn" , quizás tan ambicioso o más que "Tubular Bells", está considerado, con permiso de Peter Gabriel (Génesis), una de las primeras referencias europeas de la denominada World Music.

En el "Ommadawn" de 1975, Oldfiel demostraba su destreza multiinstrumentística al tocar la friolera de 20 instrumentos, desde todo tipo de guitarras al piano e instrumentos de percusión. El álbum incoporaba música de África e Irlanda y contaba con músicos colaboradores como Paddy Moloney (Chieftains), el grupo de percusión africano Jabula, el trompetista Don Blakeson y hasta su propia hermana, la cantante Sally Oldfield. Concebida en dos movimientos (siguiendo la tradición sinfónica) la obra no fue precisamente recibida de manera efusiva ni por parte de la crítica ni del público, más bien con división de opiniones, aunque sí es cierto que con el paso del tiempo iría adquiriendo un prestigio que tal vez se le negó en en aquella altura.

"Return to Ommadawn", vigésimo quinto álbum de la carrera de Mike Oldfield, llega dos años después de su último trabajo en estudio, "Man on the rocks" , y ha sido íntegramente compuesto, mezclado y producido por él en su estudio de Nassau. En palabras del propio músico, se trata de "una pieza genuina más que una producción: hay manos,dedos,uñas. No tenía un propósito, no se trataba de conseguir nada ni de satisfacer a nadie. Es música creada de forma espontánea, llena de vida. Hacerlo es como un regreso a mi veradero yo". Grabado todo "a mano", según se señala en en blog de su discográfica, "con un sonido limpio y cuidado, una base rítmica espectacular en muchos tramos, y sin abusar de la percusión (tan sólo en momentos clave, en los que los tambores africanos vuelven a tener un papel crucial), Mike juega con las sorpresas, regalándonos después de tantos años, una de sus mejores obras".

En la primera de las dos partes del disco, se escucha una introducción con flautas celtas pero, a continuación, van cobrando protagonismo los instrumentos de cuerda, desde Fender Strat a mandolinas, pasando por PRS, Gibson y guitarra clásica, entre otros. A partir del minuto 12, tras un repentino cambio, entran en juego los tambores africanos, decisivas percusiones a las que va sumando los mismos juegos corales del primer "Ommadawn", recuperados para la ocasión, y el sello inconfundible de los solos de guitarra de Oldfield.

En la segunda parte, más compleja, pero también más cálida, más personal, tienen un fuerte protagomismo, a la par que las guitarras, los teclados. A través de sucesivas melodías, Oldfield despliega su virtuosismo y se adentra en un perfil más celta, pero sin abandonar el carácter general que marcaba la primera parte.

La irrupción de Mike Oldfield y el éxito de "Tubular Bells" deben entenderse en el marco del surgimiento, a mediados de los sesenta, del rock sinfónico, una de las ramas del rock progresivo, paraguas bajo el cual hay que ubicar a artistas y bandas como Soft Machine, King Crimson, Génesis, Jethro Tull, Yes, Pink Floyd, Emerson Lake & Palme y hasta los mísmísimos Deep Purple. En España, años después, ya en plena década de los 70, probablemente hubiesen sido los Triana los máximos exponentes de esta corriente. Sin embargo, a quienes hay que atribuir esta suerte de primeras incursiones del rock en la música clásica es, como casi siempre, a los Beatles, en temas como "Eleanor Rigby" o "A day in the life" (en realidad, todo el álbum "Sargeant Pepper´s Lonely Hearts Club Band" fue un adelanto en cualquier materia posterior de lo que hogaño se entiende por rock).

Tras varias aventuras juveniles, Mike Oldfield tuvo su primera experiencia auténticamente profesional como músico de la mano de todo un pionero del género, Kevin Ayers, fundador de los antes citados Soft Machine, quien resultó ser una incluencia decisiva. El grupo se llamaba The Whole World y no duró mucho, apenas dos años, los suficientes para que al bajista británico (esa era su función en la banda) se le aclarasen las ideas y se le abriesen los caminos por los que discurriría su obra futura.

Muy poco después de dejar TWW, Mike Oldfield empezaría a trabajar ya en "Tubular Bells" que, tras diversos avatares, vio por fin la luz el 25 de mayo de 1973. Y de repente, todo cambió para él, hasta entonces un músico absolutamente desconocido del gran público. Los críticos hicieron lo que pudieron para definirlo, pero los aplausos fueron unánimes: el público simplemente abrió su corazón al nuevo artista y su magistral debut. La prensa británica se quedó perpleja. El influyente radio-DJ de la BBC John Peel escribió que aquel era "un disco que cubría genuinamente un nuevo e inexplorado territorio", con música que "combina lógica con sorpresa, sol con lluvia". "Una extensa obra, casi clásica en su estructura y en la forma en cómo el tema está establecido y diestramente trabajado", dijo el Melody Maker. Algunos entrevistadores incluso creían poder enumerar las influencias de Mike : "La textura de Tubular Bells recuerda bastante a Sibelius, Vaughan Williams, Michel Legrand y The Last Night of the Proms", escribió el productor televisivo Tony Palmer.

Sería injusto atribuir a Mike Olfield la condición de compositor de una sola obra, pero está claro que el nivel alcanzado por "Tubular Bells" ha marcado toda su trayectoria, una carrera en la que hay reservado un capítulo gallego, el de las relaciones con el grupo Luar Na Lubre. Según cuenta la leyenda (y sin embargo es verdad), una novia coruñesa de Oldfield le puso a escuchar el primer álbum de la banda, editado en 1988. Eso sucedía en ya la década de los 90 y, de aquel disco, Oldfield, además de sorprenderse ante el hecho de que la música tradicional gallega se pareciese tanto a la irlandesea (por aquello de la hermandad celta), decidió tomar uno de los cortes de disco, el titulado "O son do ar" para incorporarlo, en versión propia, como uno de los temas incluidos en "Voyager" (1996). Estrechadas las relaciones, Oldfield invitó luego al grupo a su gira mundial, lo que otorgó a Luar Na Lubre cierta fama internacional. No resulta extraño que recibiese de manos de sus amigos Bieito Romero y Rosa Cedrón el disco de platino por las ventas en España de "Tubular Bells III" (1998).

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