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Faro de Vigo

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Mal verano para perros, gatos y otros animales de compañía

Tras el atracón de compañía humana durante la pandemia, el ansia viajera de unos y el impacto de la inflación en los bolsillos de otros les abocan a unos días de desconsuelo

Un total de 285.000 los perros y gatos fueron recogidos por protectoras durante 2021.

Este es el verano del descontento para los animales domésticos. Después de darlo todo durante el confinamiento y el teletrabajo, de compartir vulnerabilidades con los humanos, son un obstáculo en los planes vacacionales. Este año se han recuperado 9 de cada 10 reservas de los viajes internacionales de 2019, según datos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo. Y los que no pueden permitirse el veraneo sufren el latigazo de la inflación (se estima que el coste medio de mantener a un perro va de los 60 a los 125 euros al mes y el de un gato, a unos 40). Si a esta coyuntura se suma que, durante los años de covid, la población de mascotas ha crecido en España un 44%, serán muchas las que vivirán horas amargas.

El peor escenario

El abandono es el peor de los escenarios. El informe anual que acaba de publicar la Fundación Affinity cifra en 285.000 los perros y gatos recogidos por protectoras durante 2021 (el equivalente a 3,5 estadios de fútbol). "En la protectora de Manresa estamos viendo que entra la misma cantidad de perros, pero no se tramitan adopciones", centra el problema Maribel Vila, técnica de terapias asistidas y experta en bienestar animal de Affinity.

Alrededor de un 20% de los perros sufren trastornos de ansiedad por separación

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Y los que se libran del desamparo, en el mejor de los casos, afrontan una separación temporal. "Son muy rutinarios y notan los cambios repentinos –señala Vila–, aunque sea una variación en el horario de un paseo de calidad". Los etólogos subrayan que alrededor de un 20% de los perros sufren trastornos de ansiedad por separación de sus 'tutores' –así es como los animalistas denominan a los 'dueños'– en algún momento de su vida. Eso se cifra en estrés, depresión, conductas autolesivas, trastornos dermatológicos y gastrointestinales, y vocalizaciones excesivas (el 61% ladran o aúllan al quedarse solos).

El 'hardware' de los sentimientos  

En 2013, un grupo de científicos, entre los que se encontraba Stephen Hawking, emitieron desde la Universidad de Cambridge un mensaje claro: los animales son "seres sintientes", dotados de sensibilidad y una rica vida emocional y cognitiva. Hay evidencias de que poseen los sustratos neurofisiológicos de los estados de consciencia, junto con la capacidad de mostrar comportamientos intencionales. El 'hardware' de los sentimientos está presente en todos los vertebrados, algo que recoge la reciente ley de protección animal española, que penaliza, por ejemplo, a quien deja más de 24 horas a un perro sin supervisión. 'La ley está, pero me gustaría ver quién la cumple', lamenta Vila.

La educadora canina Vanessa Piñero, de Doggy Time, expone su filosofía: "El perro es un familiar más y las vacaciones se adecúan a la familia". Así que lo óptimo es contar con el animal en los planes, adaptándose a destinos 'pet friendly' ('apps' como Pipper on tour dan cuenta de algunos destinos) y en vehículo propio (el próximo septiembre Renfe hará una prueba piloto para viajar con perros de hasta 40 kilos en AVE y semidirectos de la línea Madrid-Barcelona). La paleta 'familiar' va de campings, casas rurales y fórmulas locas como el Trust Resort Canino de Ondara (Alicante), el mayor complejo vacacional para mascotas de España, o el de Can Janè, en La Roca del Vallès.

Los felinos son tremendamente territoriales y soportan mal los cambios de escenario

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En caso de que no sea viable, "la mejor solución es que un amigo o familiar que tenga algún vínculo con el animal se instale en casa", explica Maribel Vila, dueña de cinco perros que ha cancelado un viaje en furgoneta a Países Bajos porque uno de los animales es muy mayor y sospecha que es su último verano. Si no aparece el buen samaritano, hay un puñado de apps –Rover, Gudog o Snau, entre otras– que ofertan servicios de cuidado a domicilio. En el caso de los felinos es fundamental, porque son terriblemente territoriales y no soportan cambios de escenario. Y los peces y especies de terrario lo agradecen.

En las residencias de tipo 'industrial', donde están enjaulados, dejan de comer, se niegan a jugar y se muestran apáticos

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Algo muy diferente, coinciden los expertos en bienestar animal, es llevarlos a una residencia de tipo industrial –sobre los 25 euros al día–, en la que están enjaulados, apenas salen y tienen poca relación con los humanos. Se ha visto que "muchos dejan de comer, se niegan a jugar y se muestran apáticos". Y en caso de que el establecimiento tenga zonas de juego y de relación, y que incluso envíen vídeos mientras el propietario está tendido en una hamaca en el Caribe, hay que trabajar con antelación. "Unos días antes de las vacaciones hay que hacer una adaptación", como la de los bebés humanos en las guarderías. "Lo fatal son las prisas por colocarlo en cualquier sitio", asegura Maribel Vila.

Buenas noticias

Su concepto de temporalidad no es el nuestro. El instinto de supervivencia hace que, a medida que pasan los días, el animal tienda a adaptarse a las nuevas situaciones. Y a la vuelta del 'tutor', después de una situación de angustia, la solución pasa por volver a la rutina anterior a las vacaciones lo antes posible. "Su estrés no pasa de manera inmediata –alerta Maribel Vila–, el animal tarda un par de semanas en volver a la normalidad". Según Vets and Clinics, hay que optimizar los paseos, aumentar el ejercicio físico y reducir los movimientos bruscos en la vivienda.

Nuestro otoño será su verano.

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