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Gallegos confinados en Irlanda

La república irlandesa vive seis semanas de reclu sión antiCovid con colegios y guarderías abiertos, sin mascarilla en la calle y la posiblidad de pa sear en un entorno de 5 kilómetros del domicilio

Alfonso Blanco, su mujer Amaia y sus dos hijos en una de sus rutas verdes

Alfonso Blanco, su mujer Amaia y sus dos hijos en una de sus rutas verdes

El confinamiento de nuevo en los domicilios está cada vez más presente para atajar una pandemia donde los contagios crecen de forma descontrolada. Cataluña y País Vasco ya reconocen que lo barajan si las cifras de Covid-19 no mejoran, y Castilla y León anunció ayer que si el 15 de noviembre no ha frenado la curva de crecimiento, pedirá el confinamiento en casa de la población.

Confinamiento total en Gales e Irlanda

El Gobierno irlandés decretó el segundo confinamiento del país el pasado 21 de octubre y durará seis semanas, hasta diciembre. Gallegos que trabajan en Irlanda cuentan su experiencia a FARO DE VIGO. En esta ocasión los colegios y guarderías permanecen abiertos, se permite ir sin mascarilla por la calle y en todos los espacios abiertos, a la vez que se mantiene la posibilidad de salir a pasear o hacer deporte en un entorno de 5 kilómetros del domicilio.

“Aquí nunca se prohibió salir a a pasear, ni en los peores momentos del confinamiento”

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Comercios y establecimientos no considerados esenciales permanecen cerrados. Es el caso de bares, restaurantes, si bien les permiten servir comida y bebida para llevar. La mayoría de los ciudadanos cumplen las normas y no cuestionan las decisiones del Gobierno.

“Es muy conservador, pero al contrario que en España donde parece que se ha instalado la bronca, aquí se respetan las decisiones del Ejecutivo”

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La movilidad entre condados está restringida y todas las tiendas menos supermercados y farmacias están cerradas. Teletrabajan todos los que pueden, que son muchos dada la cultura instaurada en el país donde Amazon, Twitter o Appel han establecido sus sedes europeas.

El nuevo confinamiento en Irlanda “está funcionado”, según aseguró ayer el Gobierno irlandés, aunque advirtió de que aún es “demasiado pronto para cantar victoria”. Siete días después de la introducción de la máxima alerta del plan contra el coronavirus, el ministro de Educación Superior, Simon Harris, confió en que las restricciones permitirán a la población pasar las navidades con “cierto grado de normalidad” y, sobre todo, “ayudarán a salvar vidas”. “De no haber tomado esa decisión, habríamos visto muchos, muchos más enfermos y, tristemente, mucha más gente habría muerto”, declaró el dirigente irlandés a la emisora pública RTE.

“Esta pandemia la superaremos aunque nos hará cambiar algunos hábitos”

Alfonso Blanco - Científico y director de los Servcios de Citometría del University College Dublin

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Alfonso Blanco, su mujer Amaia y sus dos hijos en una de sus rutas verdes Cedida

Sevillano de nacimiento pero de familia viguesa y criado en Bouzas, el biólogo Alfonso Blanco dirige los Servicios Centrales de Citometría del University Colege Dublín. Hace 16 años se trasladó a Irlanda, donde reside con su mujer, la también científica viguesa Amaya García, y sus dos hijos de 10 y 4 años. El confinamiento no les pilla de pleno, pues la investigación es uno de los servicios básicos con lo que “tenemos que continuar trabajando de manera presencial en la medida de lo posible, aunque si hay determinadas tareas que se puedan realizar teletrabajando se nos pide que lo hagamos. Así que intentamos concentrar esas tareas (reuniones, reanálisis de datos...) en un día o dos a la semana”.

Blanco sostiene que “esta pandemia la superaremos aunque nos hará cambiar algunos hábitos”. En su caso ya hay nuevas rutinas con los niños, y además al vivir en las afueras de Dublín “tenemos un montón de zonas verdes, así que nos dedicamos a ir con ellos de paseo o con las bicicletas”. Tienen el corazón en Vigo, y aunque éste pedía, ir a Vigo durante las vacaciones de verano, se impuso la cabeza. Entre los dos confinamientos han vivido un verano en Irlanda “diferente, pero único y que seguro que nuestros hijos recordaran toda su vida”. Así, realizaron rutas por las montañas de Dublín y Wicklow (poco transitadas) y “hemos disfrutado de las playas irlandesas, incluso nos hemos bañado bajo la lluvia”.

Entiende que los colegios permanezcan abiertos en este confinamiento “pero creo que sería un mal padre si no me preocupara”. Aunque indica que “cuando hemos visto las nuevas rutinas establecidas por el centro, nos hemos quedado más tranquilos”.

"Mi esperanza la tengo sin duda en la comunidad científica, en vacunas y medicamentos"

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“ El flujo de información se ha acelerado, las tecnologías son cada vez más potentes y algunas permiten identificar a los infectados rápidamente, contamos además con las aplicaciones de los móviles que avisan a quienes tuvieron contacto con un infectado y todo ello nos permite minimizar los contagios. Pero lo más importante es tener cordura y que la gente siga las indicaciones de los expertos”.

“Tuve que pedir tres semanas de vacaciones, una para estar en Galicia y dos para la cuarentena”

Sara Gándara - Supervisora de producción en una fábrica de pescado envasado

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Sara Gándara en el condado de Cork. CEDIDA

La tomiñesa Sara Gándara estudió Educación Social aunque no ejerce y se fue a Irlanda para aprender inglés. Allí encontró el amor y lleva cuatro años en la localidad de Bantry, en Cork. Trabaja como supervisora de producción en una fábrica de distribución de pescado:

“Es un trabajo presencial y al tratarse de comida, se considera esencial y debemos venir a la factoría. No noto demasiado el confinamiento porque sigo con mi rutina”

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En septiembre, por cuestiones familiares vino a Tomiño. “Tuve que pedir tres semanas de vacaciones, una para estar con los míos y dos a la vuelta para cumplir 14 días de cuarentena. Es muy triste, pero me siento afortunada de que al final pude ir. Con el Covid te das cuenta que no estas tan cerca como parece”, apunta.

En Navidad quería volver a Galicia, pero lo ve difícil: “La situación se está poniendo fea y no quiero arriesgarme a llevar el virus conmigo, aunque ahí tampoco está la cosa bien. Tenemos que hacernos responsables”.

Sara explica que, en caso de enfermedad, en Irlanda deben ir primero a un médico de pago que es quien le s deriva a la sanidad pública si hacen falta pruebas.

“La ayuda al trabajador es rápida y buena, 1.400 euros al mes”

Víctor Álvarez Fernández - Hostelería

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Víctor Álvarez, con sombrero, y un compañero. Cedida

Víctor Álvarez, natural de Goián en el municipio pontevedrés de Tomiño se dedica a la hostelería en la localidad irlandesa de Cork. 

“Me vine cuando terminé aparejadores para aprender inglés, pero me atrapó la cultura y la gente, y llevo ya 5 años”

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Trabaja en la coctelería Barack Lance y con el primer confinamiento le tocó cerrar durante cuatro meses. En esta ocasión se permite a los bares servir comida y bebida, hasta cócteles, para llevar: “Los clientes vienen hasta la puerta les damos su comida y se van. El bar no está abierto pero nosotros seguimos en lo que podemos”.

Los cuatro meses que el local permaneció cerrado en la primera ola de la pandemia, recurrió a las ayudas del Gobierno: “La ayuda al trabajador es buena: 350 euros a la semana, unos 1.400 al mes. Te da para vivir y hasta si quieres para ahorrar algo. Apenas hay burocracia, envías una carta indicando donde trabajabas y listo. En una semana te la conceden”.

En cuanto al confinamiento apunta que no queda más remedio que sobrellevarlo: “Estamos acostumbrados porque nunca hemos dejado de tener restricciones. Comparto piso con tres chicos y se hace más llevadero. Lo que siento es no poder ir a Galicia en Navidades, no podemos movernos entre comunidades así que pensar en ir a Dublín a coger un avión, es impensable de momento, Pero bueno, esto cambia de semana en semana”.

“Tengo un niño de 10 meses al que mis padres apenas han visto y unos billetes para Navidad ...”

Alex Lores - Manager de una compañía Telecom irlandesa

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Alex Lores con Laura y el pequeño hijo de ambos, León. Cedida

Este vigués antiguo cantante del grupo vigués “Ragdog” lleva más de 6 años en Dublín y trabaja como manager de una compañía Telecom irlandesa. El confinamiento lo lleva bien, con teletrabajo y un bebé de diez meses que les tiene muy entretenidos, a él y a su mujer Laura. “En Irlanda está muy instaurado el teletrabajo, antes de todo esto yo trabajaba desde casa. Las empresas están adaptadas. Facebook, Twitter, o Amazon tienen aquí las sedes europeas y es un concepto muy extendido. Yo llevo desde marzo trabajando desde casa y no hay planes de volver a la oficina”. Explica que las empresas “se preocupan mucho por cómo estás tú trabajando desde casa, por tu bienestar  Si necesitas muebles, te dan cheques, te pagan Internet, todo este tipo de cosas. Están muy adaptadas, el Covid no influyó demasiado” explica. En su opinión, Irlanda supo adaptarse muy bien a la complicada situación y muchas empresas y establecimientos se han “reinventado”.

A nivel personal no tiene queja: “El aislamiento lo llevo bien. Me coincidió que tuve un hijo en diciembre del año pasado, trabajo en casa con él. Tuve una baja de paternidad interminable. Al final es una situación que pasa en todo el mundo. Creo que en España se instauró todo en la bronca, con eso de ‘nos quedamos sin libertades’, pero está pasando en todo el mundo y cuanto antes los asimilemos antes vamos a poder adaptarnos y reinventarnos para salir de esto”.

"Tengo un niño de 10 meses que mis padres vieron solo dos veces. Son situaciones que qué voy a contar"

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“Laura y yo estamos acostumbrados a viajar mucho y de repente es un año que no puedes hacerlo. Tengo un niño de 10 meses que mis padres vieron solo dos veces. Son situaciones que qué voy a contar. Es algo que nos tocó vivir, que si no asimilamos las normas y las respetemos no vamos a salir nunca de esta. Nosotros al terminar la jornada laboral recogemos a León en la guardería y vamos a pasear. Cumplimos las normas y vamos a pasear respetando los 5 kilómetros en el entorno de nuestra casa”.

Alex y su familia tienen ya los billetes para viajar a Vigo en Navidad, las primeras que iban a pasar con su familia “pero quizás no se va poder”, matiza. “Es una incertidumbre y te planteas que a lo mejor no tiene sentido que viajemos a otro país y visitar abuelos y cosas así, si de alguna manera es peligroso. Si hay que evitarlo se evitará y el año que viene será otra cosa”, lamenta.

“Mascarillas y distancias son para los profes, no para los alumnos”

María Álvarez - Profesora de Educación Especial

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María Álvarez toca la guitarra para sobrellevar el confinamiento. Cedida

La ourensana María Álvarez es profesora de educación especial en un colegio de Dublín. “Hay bastante malestar por el hecho de que colegios y guarderías se mantengan abiertas en este confinamiento". Trabaja con alumnos de espectro autista de entre 3 y 6 años.

“Las mascarillas y las distancias son para los profesores, no para los alumnos. Con nuestro niños el uso de mascarilla por su parte sería muy complicado”,

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“Antes de entrar en clase se les toma la temperatura, se desinfectan abrigos y zapatos”, indica. En principio todos los niños acuden a clase desde que volvieron al centro en septiembre: “Lo bueno es que estamos preparados para dar clases online si llega el momento, como hacíamos antes de la vuelta al cole. Las clases virtuales dependen de cada niño, cada uno es totalmente diferente y cosas que uno puede hacer para otro son imposibles. Realizábamos básicamente reuniones de zoom semanales en las que los niños están con sus padres, ya que casi todos necesitan ayuda y tenemos una escuela digital en Google Class donde cada niño tiene programas diferentes”.

A nivel personal el confinamiento no afecta demasiado su día a día, pues sale a trabajar. “Me salva que vivo en una casa con jardín y que soy profe de música, así que la guitarra y el ukelele me ayudan a seguir siendo persona. Además comparto piso con tres compañeras y no estoy sola”. Lo peor: “Esos billetes que tenía para ir en Navidad”, pero que no usará por responsabilidad “salvo que las cosas cambien mucho y no sea un riesgo para mi abuela y mi madre”.

"Llevo con teletrabajo desde marzo, este año no volveré a la oficina y veremos el año que viene"

Ana Saa - Periodista y editora para una multinacional tecnológica

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Ana Saa en uno de sus paseos. Cedida

Periodista y editora de contenido para una multinacional tecnológica, la tomiñesa Ana Saa lleva dos años en Irlanda. En febrero aterrizó en Cork procedente de Dublín, y el punto álgido de la pandemia le pilló recién llegada a una ciudad nueva.

Pero ha conseguido hacer amigos: “Para conocer gente, el primer contacto lo hice a través de redes sociales (sobre todo con otros españoles que viven en Cork) y luego organizábamos quedadas para dar una vuelta, tomar algo, pero no ha sido por mucho tiempo. También me ha ayudado el compartir casa. Con los compañeros de trabajo no tuve casi oportunidad de relacionarme, pero los veo casi todos los días por videollamada”.

En septiembre viajó a Galicia. “Se me hacía raro ver a todo el mundo con mascarilla. En Irlanda solo es obligatoria en sitios cerrados. También me chocó ver los bares abiertos, aquí los que solo servían bebidas no llegaron a abrir tras el primer confinamiento. El Gobierno obligaba a pedir algo de comer y fijó una consumición mínima de 9 euros”.

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