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Vámonos de viaje

Florencia: El capricho de la familia Médici

La capital de la Toscana causa estragos en los turistas, que quedan extasiados ante tal derroche de belleza

Panóramica del puente Vechio. Miriam Cos

Dicen que cuando sufres un flechazo se te acelera el corazón al ver a esa persona, sudas, sientes algo en la boca del estómago, la presencia del sujeto en cuestión te impone... una batalla química y hormonal que da paso al más profundo de los enamoramientos. Algo parecido es lo que provoca la visión a quemarropa de la Catedral de Santa María del Fiore, en Florencia. El turista acaba atrapado bajo lo que se denomina el síndrome de Stendhal, una enfermedad psicosomática que causa un elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión, temblor, palpitaciones, depresiones e incluso alucinaciones cuando el individuo es expuesto a obras de arte, especialmente cuando son particularmente bellas o están expuestas en gran número en un mismo lugar. A tal punto llega la cosa (aquí una viajera lo corrobora), que este efecto secundario de la belleza artística de la capital de la Toscana también se denomina síndrome de Florencia.

Catedral de Santa María del Fiore./ SHUTTERSTOCK

Aunque no es la catedral -una de las obras maestras del arte gótico y del primer Renacimiento italiano- el único lugar que provoca una locura de sensaciones al turista que visita Florencia. Sus calles, en general, están repletas de todo el arte que uno pueda imaginar, obra y capricho de una familia más que famosa en la ciudad, los Médici. Fueron ellos los que, durante siglos, tuvieron el control de Florencia, de la política y de la economía, y los que se encargaron de ser perfectos mecenas para un sinfín de artistas que hoy en día han podido dejar su legado.

La tumba de la familia Médici, en la Basícilica de San Lorenzo, fue elaborada por Miguel Ángel en el siglo XVI y es uno de los más importantes atractivos turísticos de Florencia. En la misma se pueden admirar las ideas platónicas sobre la inmortalidad del alma que caracterizaban al mítico artista. Las estatuas son las dueñas del espacio, supeditando la arquitectura y el espacio a ellas. Se ha identificado el orden de la capilla con el universo: abajo las almas difuntas; en el centro la arquitectura racional con su plano terrenal, y en los lunetos y la cúpula, la esfera celestial.

LOS UFFIZI

La Galería de los Ufizzi es una de las colecciones de arte más importantes del mundo, de ahí que el acceso al museo sea toda una odisea. Lo ideal es coger los billetes por internet para no tener que pasar horas en las interminables colas.

Cuadros, esculturas y arquitectura se unen en las calles de la capital toscana, así como en las galerías de La Academia y los Uffizi. Esta última, es uno de los museos con más patrimonio artístico que se pueden encontrar. Pocos saben que el monumental complejo no fue creado para ser un museo. Su nombre lo explica todo: su construcción fue encargada en 1560 por Cosimo I de' Medici, primer Gran Duque de Toscana, para dar la bienvenida a las oficinas administrativas y judiciarias de Florencia, los Oficios (Uffizi en italiano). Diseñado por Giorgio Vasari, para construirla y crear el espacio para el imponente edificio, fueron demolidas muchas construcciones para realizarla, entre ellas la iglesia de San Pier Scheraggio, un antiguo e importante templo Romanesco, del que todavía se pueden ver los arcos y columnas de los pasillos, visibles a simple vista desde la vía della Ninna frente al Palacio Vecchio.

Botticelli, Caravaggio y Rafael

Así, la galería encargada por los Médici se ha convertido en un reducto de las más importantes obras pictóricas y escultóricas a nivel mundial. Como maestra de ceremonias, el Nacimiento de Venus. Pintada por Sandro Botticelli entre 1482 y 1485 y que se ha convertido en un símbolo de la pintura italiana del siglo XV, llena de significados alegóricos y referencia a la antigüedad. Los Médici comisionaron el Nacimiento de Venus, también Palas y el Centauro y la Primavera, todas en el museo y que pertenecían a Lorenzo de Pierfrancesco de Médici.

Tres de las principales obras del museo./ SHUTTERSTOCK

La Virgen del Jilguero, de Rafael, es otra de las joyas de los Uffizi. La influencia de Leonardo Da Vinci es evidente en la obra (Madonna del Cardellino, 1506), restaurada en el año 2008. Rafael acepta el enfoque de la impostación de las figuras en manera piramidal, los efectos de luces suaves y el diálogo emocional entre los personajes que eran elementos típicos de la pintura de Leonardo.

Por otro lado, el famoso Baco de Caravaggio es otra de las pinturas que el visitante no se puede perder. Baco no es representado de manera idealizada como en el pasado, sino que podría parecerse a un joven de pueblo, uno de esos personajes con los que Caravaggio solía frecuentar las tabernas y los prostíbulos. Como en la mayoría de sus obras, aquí también el paisaje está ausente: el interés del artista está en destacar la humanidad de los personajes en vez de los detalles superfluos.

Galería de la Academia

Este museo es otro de los imprescindibles de la ciudad. Como con los Uffizi, lo mejor es coger las entradas vía web, ya que se suele llenar de gente a primera hora de la mañana.

En la misma se puede encontrar el famoso David de Miguel Ángel, una escultura de mármol blanco de 5,17 metros de altura y 5572 kilogramos de masa que representa al David bíblico en el momento previo de enfrentarse a Goliat.

En el museo, además, se pueden econtrar otras obras escultóricas y pinturas, aunque en comparación con la Galería de los Uffizi, la Academia es mucho más pequeña. Aun así, es visita obligada solo por contemplar los cánones del David, toda una revolución en la época de Miguel Ángel.

El puente de los joyeros

Otra de las cosas indispensables en una visita a Florencia es pasear por el Puente Vecchio. Es un símbolo de la ciudad y uno de los puentes más famosos del mundo y atraviesa el río Arno en su punto más estrecho. Se cree que fue construido inicialmente en madera por los romanos poco después de la fundación de Florencia, sobre el año 150 antes de Cristo. La pasarela se consolidó y amplió en el año 123, cuando el emperador Adriano promovió la construcción de la via Cassia Nuova, que atravesaba la ciudad y que correspondía a las calles Bardi y San Niccolò.

Puente Vecchio. / SHUTTERSTOCK

Tras ser dañado en 1222 y 1322, fue destruido por una inundación en 1333. Fue reconstruido enteramente de piedra entre 1335 y 1345. Vasari atribuye su diseño al arquitecto y pintor italiano Taddeo Gaddi. En sus bajos se pueden encontrar comercios con las grandes firmas de joyas y maestros joyeros.

Otras visitas imprescindibles

  • Santa María Novella
  • Fuente de Neptuno
  • Plaza de Miguel Ángel
  • Basílica de la Santa Cruz
  • Fuente del Porcellino

En la siguiente publicación:

Barcelona

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