20 de marzo de 2020
20.03.2020
Faro de Vigo

El cierre de mercados ganaderos y de locales de restauración cercena la venta de vacuno

-Las granjas lecheras temen que la producción baje a medio plazo debido al retraso de las inseminaciones - La reposición de piezas para la maquinaria agrícola es la principal preocupación de las cooperativas

20.03.2020 | 01:38

Si hay algo bueno en la pandemia del coronavirus, es que está demostrando hasta qué punto es vital el sector primario como sustento alimenticio de una sociedad que en los últimos tiempos se cebó en tildarlo de contaminante o en acaparador de subvenciones. Pero esto no impide que las explotaciones ganaderas queden al margen de la crisis económica que se otea ya en el horizonte. La distribución de alimentos está garantizada, sí, pero hay algunos que van a padecer el cierre de la hostelería y la restauración. Hablamos del cordero, el lechón, el cochinillo o el vacuno mayor, que tiene como principal cliente a restaurantes y locales de comida rápida. Desde Cobideza su presidente, Román Santalla, anima a todos a consumir este tipo de productos para mantener la producción de cercanía.

Otro apartado que ya está padeciendo el bloqueo son los terneros de recría. Desde Oirós, en Vila de Cruces, Jesús Manteiga atiende una explotación de 130 cabezas (67 de ordeño) y alerta de que, si continúan suspendidos los mercados ganaderos de Amio y Silleda, los terneros machos de recría acabarán colapsando las granjas. "Solemos vender los machos con 20 ó 25 días de edad, y a un precio que a veces solo cubre el gasto de inseminación. Con este cierre están ocupando un espacio que corresponde a las hembras". Cuando se vendan estos animales, será a un precio todavía más ridículo, y tampoco tiene sentido ampliar un establo, con la inversión que conlleva, para una situación que esperemos sea temporal.

En buena parte de las cooperativas y las ADSG, los veterinarios solo atienden urgencias, de modo que las inseminaciones quedan pospuestas. Y esto puede traer consecuencias en la producción de leche. "Intentamos que las vacas vuelvan a quedar preñadas entre los 60 y los 120 días posteriores al parto. Si tardan mucho en quedar, puedes ver cómo se pierde entre un 30 o un 40% de la producción de leche". Los números no fallan: si una vaca lleva 600 días sin parir, cuando queda preñada al quinto mes se seca; sin embargo, si ha pasado menos tiempo, seguirá dando leche hasta el séptimo u octavo mes de gestación.

La recogida de leche sigue su ritmo habitual, con la diferencia de que ahora granjeros y transportistas no se comunican entre ellos y mantienen la distancia de seguridad, igual que con el veterinario o con el repartidor de piensos. "Nos dejó un albarán el otro día y el papel ahí está todavía, bajo una piedra", comentaba ayer José Castro, dueño de una granja de pollos de engorde en Silleda. Y ya que hablamos de pienso, aunque el reparto sigue su curso normal, "durante los primeros días hubo cierto pánico, porque todo el mundo empezó a pedir y solo te servían la mitad de lo que solicitabas, porque el camión no conseguía cubrir todo", recuerda Manteiga.

Ganaderos y cooperativas tienen la vista puesta ya en la próxima campaña de ensilado de forraje y de siembra de maíz. "En teoría sí podemos ensilar, pero normalmente nos juntamos dos o tres vecinos para colocar la hierba y ahora tendremos que apañarnos solos", explica el ganadero. Desde Cobideza, Román Santalla vaticina que al sembrar maíz no habrá tantas variedades como en temporadas anteriores.

Lo que sí urgirá más van a ser mascarillas para poder aplicar, después, los herbicidas en las fincas. El presidente de la cooperativa O Rodo, José Luis Camiñas, no teme tanto la falta de maíz para sembrar como las consecuencias que puede traer la rotura de una máquina. O Rodo tiene taller propio, pero el problema puede saltar cuando no llegue una pieza determinada para esa máquina.

Sin consumo de gasóleo

En O Rodo se optó por aislar a los trabajadores de sus departamentos de oficinas, almacén, maquinaria y gasolinera, para que no tengan contacto entre ellos y así minimizar riesgos. Al almacén ya no entran ni socios ni proveedores, mientras que la veterinaria de calidad de leche trabaja a puerta cerrada, examinando muestras y atendiendo consultas por teléfono. Los veterinarios solo atienden urgencias y en la gasolinera, se opta por el autoservicio con guantes y el cobro se realiza por una ventanilla. A pesar de tener uno de los precios más competitivos de la provincia, a 0,99 euros el litro, su venta está en mínimos desde la declaración del estado de alarma, por el confinamiento de todos los vecinos.

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