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Las residencias de la comarca superan los dos meses sin positivos entre sus usuarios

Los usuarios ya reciben tres visitas semanales y salen otros dos días

Mayores de la residencia pública de Campolongo hacen gimnasia en el exterior.

Mayores de la residencia pública de Campolongo hacen gimnasia en el exterior. Gustavo Santos

Dos meses y medio llevan las residencias de mayores de la comarca de Pontevedra sin registrar positivos COVID entre sus usuarios. Tras negativizar el virus dos mujeres del centro público de la tercera edad en Campolongo, dos casos por cierto sin sintomatología, no se han vuelto a dar más contagios, ni en estas instalaciones ni en otras. Una buena noticia fruto de los efectos de la vacunación, un proceso que en el caso de los residentes concluyó entre finales de enero y febrero, tras lo cual hubo que esperar prudentemente las semanas que completan la inmunización contra el coronavirus.

Los últimos grandes brotes que se detectaron en el área sanitaria fueron dos a finales del año pasado, coincidiendo con la segunda ola de la pandemia: el de las residencias privadas Soremay, en pleno centro de Pontevedra, con cerca de 60 positivos entre ancianos y trabajadores, y Residencia Pontevedra, en Vilaboa, con alrededor de medio centenar. Finalmente, el brote de Soremay se cobraba la vida de seis de los usuarios. Este centro se quedaba libre de COVID para recibir el año nuevo, mientras que en el de Vilaboa hubo que esperar unos días más.

Nuevas directrices para las visitas

En la actualidad, las residencias de mayores, con todos sus usuarios protegidos con la vacuna, disfrutan ya, siguiendo la normativa sanitaria, de una ligera apertura en el régimen de visitas y de salidas.

Se permiten tres visitas semanales de una hora por día por usuario, así como dos salidas de dos horas cada una, en la que los mayores pueden ir solos o estar acompañados en la calle.

“Esto se lo debemos a las vacunas y al comportamiento ejemplar de los mayores y los trabajadores”

Mayte Caneda - Directora de la residencia de mayores de Campolongo

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Mayte Caneda, directora de la residencia pública de Campolongo, en pleno corazón de Pontevedra, celebra que “esto se lo debemos a las vacunas y al comportamiento ejemplar de los mayores y los trabajadores”.

“Cuando se dieron los dos últimos casos, ya todos los usuarios habían recibido la primera dosis de la vacuna pocos días antes, el 11 de enero. La segunda la recibieron el 1 de febrero”, informa.

“El hecho de que hayan recibido esta protección no quiere decir que haya que relajarse, pero sí que hay más motivos para el optimismo”, reconoce.

En cualquier caso, en el centro público siguen manteniendo la sectorización, de modo que las garantías para evitar posibles contagios son mayores.

“Las medidas de seguridad, además, siguen siendo las mismas: higiene de manos, de pies, mascarilla, distancia de seguridad, turnos de comedor... Por eso cuando van a sus paseos les recordamos que no deben comer fuera o ir a zonas de culto, que tienen que estar muy atentos a las medidas de seguridad”, resume la responsable del centro, gestionado por la Consellería de Política Social.

“El hecho de que hayan recibido esta protección no quiere decir que haya que relajarse, pero sí que hay más motivos para el optimismo”

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Asimismo, se han habilitado en Campolongo dos zonas más de visitas, por lo que ahora cuentan con tres.

La residencia utiliza, con permiso del Concello de Pontevedra, un área en el exterior para que los mayores puedan descansar, tomar el aire, charlar e incluso realizar ejercicio.

Ahora vamos a colocar una pérgola para que puedan estar a la sombra, porque como da al sur, a veces el sol es muy fuerte y sería interesante que puedan estar en exterior todo el tiempo posible siempre que ellos quieran, sobre todo ahora que los días ya son más largos”, avanza la directora.

Por otro lado, la vida de los usuarios vuelve poco a poco a la normalidad. Desde la dirección van recuperando, en la medida de lo posible aquellas actividades con las que los mayores se entretenían y que no conllevan riesgo de contagio siguiendo las medidas aconsejables de prevención.

Ahora tienen actividades de mañana y de tarde. Entre otras cosas, hemos recuperado el programa con socioanimadores. La Consellería nos ha puesto uno de mañana y otro de tarde para cada uno de los sectores en los que se encuentra dividida la residencia. Y les encanta porque hacen gimnasia, juegos...”, asegura.

También se han reanudado los talleres de musicoterapia y los de memoria, entre otros.

“En realidad, todo esto no sería posible sin ese carácter optimista que tienen los mayores, que están deseando volver a la normalidad, pero son conscientes de que hay que seguir siendo prudentes”, concluye Mayte Caneda.

Tranquilos pero prudentes

El mensaje es muy similar en la residencia privada Saraiva, en el casco histórico pontevedrés.

Lucía Saborido, su directora, reconoce que desde que se completó la vacunación “estamos todos más tranquilos, pero conscientes de que tenemos que seguir haciendo las cosas bien”.

En este centro recibieron la primera dosis de la vacuna el pasado 7 de enero, siendo de los primeros del área sanitaria. Fueron 140 los vacunados, entre usuarios y trabajadores. A las tres semanas recibieron la segunda, completando el ciclo.

“Por supuesto, seguimos manteniendo todas las pruebas para detectar casos. Es decir, que los usuarios se someten a una PCR cada 15 días y los trabajadores a test de saliva semanales y test de antígenos”, recalca.

"Seguimos manteniendo todas las pruebas para detectar casos"

Lucía Saborido - Directora de la residencia Saraiva

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Asimismo, están muy atentos a los posibles efectos de la Semana Santa. “Sobre todo, estamos muy pendientes de si hay síntomas, tanto entre los mayores como entre la plantilla”, afirma Saborido.

Hasta el día de hoy en Saraiva no han registrado ningún caso de usuarios positivos en COVID. Solamente se dieron los de dos trabajadoras, pero una de ellas ni siquiera se encontraba trabajando en ese momento, sino que estaba en período vacacional y su caso se detectó antes de que se incorporase.

“Es clave la división del centro en unidades de convivencia de 14 personas”, destaca la directora, que desea que la ausencia de casos se mantenga por mucho tiempo para que se pierda un poco el miedo a un virus que tanto nos ha afectado en todos los niveles.

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