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El paraíso, a unos metros del portal de casa

Arranca la temporada de avistamiento en las marismas de la ciudad, donde anidan varias de las aves más escasas de Europa

Una pareja observa las aves en el espacio natural de las Xunqueiras de Alba, a unos pasos del centro.   | // R. V.

Una pareja observa las aves en el espacio natural de las Xunqueiras de Alba, a unos pasos del centro. | // R. V.

Seguro que repito la idea, el lector atento tendrá la amabilidad de perdonar: el universo es grande en las cosas grandes, pero es gigantesco en las cosas minúsculas. Una folosa acuática, la joya de la corona del ENIL de la Xunqueira de Alba, pesa apenas 15 gramos y armada con esas pequeñas alas y mucho coraje atraviesa de una tacada el desierto del Sahara.

Merecidamente, es la más esperada en el arranque de la temporada de observación en este espacio privilegiado de la Boa Vila que acoge periódicamente al ave más amenazada de Europa continental. Solo cría en cinco países del perímetro de Rusia y en su día el ornitólogo Víctor Cabaleiro anilló 5.

El pasado año no hubo tanta suerte y cuando los especialistas realizaron el último registro no localizaron ningún ejemplar.

Es un fenómeno general que se está percibiendo en toda Europa y que los expertos ligan al cambio climático. “Los últimos inviernos”, explica el biólogo, “han sido muy suaves y apenas bajan, de modo que las zonas húmedas de aquí notan mucho el descenso de poblaciones”.

En reservas peninsulares como las Lagunas de Villafábila el fenómeno está siendo tan acusado que se han pasado de poblaciones de unos 200.000 gansos invernando a los aproximadamente 30.000 que se calculan en la actualidad.

Estos espacios naturales son tan escasos como las aves a las que proporcionan comida y descanso. En el último siglo se han destruido más del 60% de los humedales de España

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La mejor época para avistar estas aves son los meses de verano y septiembre. “Es cuando vienen las aves migradoras”, que en estas fechas están en realidad más ocupadas en llegar cuanto antes a sus zonas de cría y venir por Galicia les supone dar un importante rodeo, sobre todo a los machos más grandes, obligados a llegar cuanto antes para hacerse con los mejores territorios de cría y alimentación.

Con todo, en primavera es cuando arranca la temporada de avistamientos. En la Illa do Covo y la Xunqueira de Alba crían varias especies y brindan una oportunidad inmejorable en estas fechas para observar la lavandera bollera, uno de los migradores transaharianos que están llegando, o la lavandera blanca. Los ánades reales (varias parejas con crías) son otros de los reclamos de los numerosos aficionados que aprovechan el buen tiempo para disfrutar de las marismas que rodean a la ciudad.

Estos espacios naturales son tan escasos como las aves a las que proporcionan comida y descanso. En el último siglo se han destruido más del 60% de los humedales de España, ya sea para la construcción de dudosos equipamientos (como sucedió en Pontevedra con buena parte de las xunqueiras), pozos ilegales, ganadería intensiva o... en los últimos años, la reducción de las lluvias ligada al cambio climático.

Poder disfrutar de estos espacios a unos metros del portal es, como recuerda Víctor Cabaleiro, “un lujazo del que apenas nos damos cuenta. Espacios naturales como la Xunqueira de Alba o la Illa do Covo son muy pocos, en los últimos 200 años hemos perdido la gran mayoría”.

En la Xunqueira de Alba fueron identificadas el pasado año 73 especies, de ellas 26 migratoras transaharianas

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Invita a aprovechar la llegada de la nueva estación para recorrer las marismas que rodean a la ciudad e intentar avistar a nuestros alados vecinos. Entre las 73 especies que nos visitan, se espera también especialmente a la tórtola europea.

Está casi en extinción: hace 5 años los biólogos identificaban al menos 4 parejas en la Boa Vila, mientras que el pasado año solo consiguieron localizar una. A pesar de que está gravemente amenazada se continúa permitiendo su caza, y tanto los cazadores españoles como los marroquíes generan grandes mortandades que amenazan la especie.

En nuestra incierta vida pandémica, qué mejor que inaugurar la primavera paseando con la vista puesta en el ejemplo de nuestros pequeños vecinos alados: viajan de día, de noche, con paradas, sin ellas, en grupos o solitarios, pero siempre con un objetivo. Conscientes de que la luz nos guía de vuelta a casa.

Pequeñas y fascinantes grandes viajeras


Tan fascinante como la folosa son las restantes 25 migratorias que nos visitan cada año. “Muchos no llegan a 10 gramos”, explica el biólogo, y pueden atravesar el segundo desierto más grande del mundo en un viaje épico porque su capacidad de resistencia está a la altura de los 9,2 millones de kilómetros cuadrados de Sahara.

¿Cómo es posible que seres tan pequeños puedan acometer este viaje? Se debe a sus especiales características, para empezar que no difieren exactamente la comida sino que la sintetizan en forma de grasa en el pecho y el vientre.

Esa reserva les permite cruzar el desierto. Encogen el estómago y dejan de comer durante todo el periplo en el que, con suerte, podrán parar en algún oasis. “Es un fenómeno increíble”, resume el biólogo, que emplaza también a fijarse en algunas de las aves que nos están visitando por primera vez, como el Apus pallidus, de reciente aparición. Sea paciente porque huyen, ya escribió Huxley que los vecinos perfectos son esos que nunca vemos de cerca.

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