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El virus que hace mella en los gallineros

La gripe aviar diezma los corrales de los pequeños productores domésticos | Algunos han perdido 40 aves en los últimos días

Augusto Fontám, criador de razas autóctonas, es uno de los que se ha visto mermado su gallinero.   | // R.V.

Augusto Fontám, criador de razas autóctonas, es uno de los que se ha visto mermado su gallinero. | // R.V.

“Por la carne, por los huevos y porque aprovechan los restos de las comidas”. Carmen, vecina de Poio, responde así a la pregunta de por qué puso en marcha su propio gallinero, que cuida a diario y que este invierno ve con preocupación amenazado por la gripe aviar. Como ella, decenas de vecinos afectados explican que la enfermedad se hizo presente en la comarca de Pontevedra “hace unas semanas” y hace mella especialmente en los productores de razas autóctonas.

No se trata de un fenómeno nuevo, pero sí especialmente virulento en este 2020. “Ya ha sucedido más veces”, explica Augusto Fontám, criador de razas autóctonas desde hace 20 años, que en los meses de noviembre y diciembre, con la llegada de las aves migratorias procedentes del norte de Europa, enfermen los corrales. “A veces pasa, pero esta vez está siendo muy intenso”, lamenta.

A consecuencia del virus en su gallinero de Lourizán “hay años en los que mueren 2 o tres gallinas”, una cifra que este invierno se ha multiplicado y en los últimos días “ya se han muerto 40”.

Como otros propietarios de gallineros explica que sus ejemplares “mueren muy rápido, casi de repente” tras haberse infectado con las aves salvajes. Ellas en general no enferman con este virus de influenza aviar tipo A, que de hecho se encuentra de forma natural en especies de todo el mundo, pero sí puede enfermar y matar a las gallinas domésticas, pavos y patos.

Ni la gallina de Mos ni la Piñeira, las razas gallegas más valiosas para los criadores, deben (al menos en teoría) ser vacunadas, como tampoco alimentadas de modo industrial. Los pequeños productores explican con orgullo que las organizaciones a las que pertenecen y que se dedican a la recuperación y puesta en valor de estas variedades y el acervo genético autóctono “no permiten prácticas que sí se autoriza a la ganadería industrial”.

Entre ellas, administrar “medicamentos contra el catarro, la coriza o la cabeza hinchada que sí le dan en las granjas, pero que prefiero no administrar porque finalmente nos lo acabaríamos comiendo”, indica la propietaria del gallinero. El peaje de esta cría ecológica es que el virus puede matar a todo el gallinero en un lapso de dos días.

La limitación a la que señala la vecina de Poio es la misma a la que apunta Augusto Fontám. “Pertenezco a dos asociaciones de recuperación”, ratifica, “ y los animales amparados por estos colectivos teóricamente no pueden estar vacunados, ya no contra la gripe aviar sino contra muchas otras enfermedades comunes”.

El objetivo es garantizar huevos y carnes de calidades óptimas, imposibles de conseguir con prácticas industrializadas, inclusive la administración de fármacos mediante piensos. “Hablamos de una cría totalmente ecológica”, destacan los integrantes de Agalpi, un colectivo que reúne a más de un centenar de pequeños criadores artesanales de gallina Piñeira.

Presumen de que las suyas son las Rolls Royce de los gallineros y al paladar se remiten: la gallina de Mos recuerda más a las carnes antiguas (más oscura y compacta y con gallos que son puro músculo) y la Piñeira sorprende por su esencia de caza. Esta segunda raza es más antigua (se cree que oriunda de Os Ancares) y entre sus variedades está la Pita da Neve, en su día escasísima y actualmente con una gran demanda.

Alimentarlas exige casi tanto esfuerzo como mantener el coche de lujo. “Todos son artesanos, la mayoría plantan maíz, trigo, berzas o las compran a los vecinos” para suministrar al corral, indica Augusto Fontám a propósito de sus compañeros de las asociaciones de criadores de razas autóctonas; “tienen que dedicarle mucho esfuerzo” que este año se ve amenazado por la gripe aviar.

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