De tocón de cedro que pasaba inadvertido a estrella de los selfis y fotos con los más pequeños. Gerardo, el duende tallado en un tronco de árbol seco en los jardines de Marescot causa sensación entre los pontevedreses, especialmente los más pequeños, y entre los turistas. Su proceso de creación ya captó el interés de los viandantes, que fueron testigos de cómo el escultor Santiago Castro talló en la madera a un simpático trasno.

El proceso creativo apenas duró mes y medio: el maltrecho cedro estaba enjaulado por un andamio desde el que el artista iba dando forma a Gerardo. Cuanto más serrín se acumulaba a sus pies, más se reconocía la silueta del que hoy es el protagonista indiscutible del entorno de la Alameda.

Un duende custodia los jardines de Marescot, en Pontevedra

Ha sido tal la atracción de Gerardo en sus primeras semanas custodiando los jardines, que la obra se ha completado recientemente con una silla de madera. Sin quererlo ni estar planedo, el trasno más conocido de la provincia ya cuenta con propio photocall.

Los que más se suben al asiento son los niños, divertidos por la amplia sonrisa del duende y sus abrazos acogedores. Los casi cinco metros de altura de la talla hacen que tanto la silla como los visitantes queden pequeños al lado del gigante de madera.