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“La clínica del dolor me cambió la vida”

Francisco Llamas, en el centro, con personal sanitario de la unidad del dolor del CHUO. |   // FERNANDO CASANOVA

Francisco Llamas, en el centro, con personal sanitario de la unidad del dolor del CHUO. | // FERNANDO CASANOVA

Francisco Llamas pasó de casi no poder andar a hacer el Camino de Santiago. Entre una cosa y la otra está la unidad del dolor del CHUO, a la que accedió en 1992 tras cuatro años de sufrimiento a causa de un dolor crónico severo que persistió tras la intervención quirúrgica: “Se me salían los tendones de las piernas para fuera, los dedos se entrelazaban y muchísimas veces me caí en la calle. Era tanto el dolor que yo mismo me golpeaba los tendones con el puño”. El paso por esta unidad, que fue una de las primeras en España, dijo, “me cambió la vida”.

Este paciente se sentó ayer en la mesa de presentación del congreso organizado por la Sociedade Galega da Dor e Coidados Paliativos que se celebra este fin de semana en la ciudad. Junto a él, el gerente del área sanitaria, Félix Rubial, y la anestesióloga, responsable de la unidad del dolor del CHUO y presidenta del comité organizador, Luz Cánovas. El evento será presencial y cuenta ya con 110 inscripciones. Además, la Sociedad Española del Dolor ha autorizado la celebración del curso y posterior examen de acreditación de Ecografía, al que se han anotado 18 personas.

Se trata de la primera reunión presencial de la sociedad gallega tras el confinamiento, de ahí el elevado número de inscritos. Luz Cánovas sostiene que también el “atractivo” del programa ha animado la participación. El evento abordará temáticas como la prevención y tratamiento, sus costes, la problemática de los opioides o las técnicas intervencionistas, con presencia de expertos del ámbito nacional, y nombres conocidos como Sergio Toba, fisioterapéuta de la Selección Española de Baloncesto.

Presentación del congreso, ayer en el edificio de Hospitalización. Fernando Casanova

La prevalencia es del 12%

El dolor lumbar crónico, explica Luz Cánovas, tiene una prevalencia elevada. “El 80% de las personas van a padecer un episodio de dolor lumbar en algún momento de su vida”. El 8% de la población en España lo padece de manera crónica pero estas cifras, apunta, “son mayores en Galicia y en particular en Ourense por el envejecimiento poblacional y por el medio rural, donde se desarrollan trabajos de mayor esfuerzo, llegando a una incidencia del 12% de la población”.

“El 80% de las personas van a padecer un episodio de dolor lumbar en algún momento de su vida”

Luz Cánovas - Responsable de la Unidad del Dolor del CHUO

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Pero el dolor lumbar no es solo cosa de adultos. Entre 3 y 4 de cada 10 niños o adolescentes lo padecen y en algunos casos persiste durante más de 3 meses. “Esto supone un gran impacto en la calidad de vida, en el número de días de trabajo y escuela perdidos y una alteración de la calidad del sueño”, advierte.

También factores psicosociales

Destaca que además del esfuerzo físico o actividades repetitivas, también hay factores psicosociales que pueden provocar dolor lumbar crónico como el trabajo prolongado, la insatisfacción e inseguridad o las malas relaciones con los compañeros. “En este casi año y medio, nuestra forma de vida, el confinamiento y las preocupaciones han incrementado el número de personas con este dolor”, asegura.

Las unidades del dolor, explica Cánovas, tienden cada vez más a poner en práctica tratamientos intervencionistas frente al uso de medicamentos. El ejemplo de que funcionan es Francisco Llamas, que lleva 12 años sin pisar la clínica y siete sin tomar ninguna pastilla. “Era candidato a recibir un estimulador de cordones posteriores, que es una técnica de neuromodulación que se realiza en casos como este, de dolor neuropático severo que irradia a extremidades inferiores”, y precisamente esta unidad fue pionera en implantar estimuladores.

“Hoy soy feliz, puedo decir que tengo dos familias, la mía y la clínica del dolor”,

Francisco Llamas - Paciente

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A Francisco Llamas, que sufrió dolores terribles durante cuatro años, el dispositivo eléctrico que él mismo controla con un mando le cambió la vida por completo. “Hoy soy feliz, puedo decir que tengo dos familias, la mía y la clínica del dolor”, concluye.

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