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Ánxel Vence.

Crónicas galantes

Ánxel Vence

El reino del pulpo naciente

Del Lejano Oriente ha llegado en estos días a Compostela un monje budista para tantear el hermanamiento entre el Camino de Santiago y el de los 33 templos de Kannon, aunque esto no sea cosa nueva en absoluto. Gallegos y japoneses están unidos ya por otros caminos galácticos y por el culto festivo a los cefalópodos. Tanto es así, que estas fraternidades podrían permitirle a Galicia la licencia de ser considerada como el Reino del Pulpo Naciente.

Distantes, pero no tan distintos, los vecinos de Galicia comparten con los de Japón un concepto más bien liberal de las religiones. Los gallegos suelen decir que Dios es bueno, pero no por ello el diablo ha de ser malo; y en Japón conviven en gran armonía el credo sintoísta y el budista. Nada de esos radicalismos que a menudo acompañan a los dogmas religiosos.

Los dos son, además, pueblos de hábitos peregrinos en más de un sentido de la expresión. Gente de natural andariego, hace varios siglos que tanto los galaicos como los nipones echaron a andar por los caminos espirituales que guía, en el caso de Compostela, la Vía Láctea.

Era inevitable que acabasen confluyendo; y así ocurrió en los ya algo lejanos tiempos de Fraga, cuando la Xunta entonces presidida por Don Manuel I abordó las tareas de hermanamiento entre el Camino de Santiago y el de Kumano Kodo, que en Japón canaliza las peregrinaciones del sintoísmo.

Ahora podría sumarse una nueva hermandad con la ruta –budista, en este caso– de los 33 templos que está a punto de formalizarse en Santiago.

El sintoísmo, religión más o menos nacional de los japoneses, es un culto panteísta basado en la comunión del hombre con la Naturaleza que bien podría equipararse con la legendaria tradición pagana de esta tribu de Breogán. Y algo de budista hay también en los hábitos contemplativos de los gallegos, a quienes se adjudica la costumbre de ver crecer la hierba y la no menos quietista observación de la lluvia.

“Gallegos y japoneses están unidos por caminos galácticos y por el culto festivo a los cefalópodos”

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Hay diferencias de detalle, cierto es, entre los caminos que llevan a Santiago y los del Kumano Kodo y Kannon. Si los japoneses peregrinan al lugar de nacimiento del sol, como corresponde a su imperio, los romeros de Compostela tienden a acercarse, por el contrario, a Fisterra, que es el punto en el que vive su ocaso. Otro matiz, puramente anecdótico, es que en la ruta japonesa solo se permite la marcha a pie, en tanto que los Caminos de Santiago toleran el uso de la bici y del caballo.

Pero esto no es todo. La tradicional y solo en apariencia insólita amistad galaico-nipona conocería aún nuevos motivos para profundizar en su fraternidad gracias a la gastronomía.

Fue en este caso el gobierno bipartito que presidía Emilio Pérez Touriño el que entró en tratos para hermanar a gallegos y japoneses alrededor del pulpo, animal inteligente al que ambos pueblos rinden culto en la mesa. Se ignora si aquel propósito de concertar la Festa do Pulpo de O Carballiño y la que se celebra en las islas japonesas de Amakusa llegó a buen término tras el intercambio de embajadas gastronómicas.

Tanto da. Lo que ha quedado claro es que, así en lo espiritual como en los asuntos de la mesa, gallegos y japoneses no paran de mostrar desconcertantes similitudes. Nada más natural en tierras del sol y del pulpo naciente.

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