El Mundo que vivimos es apasionante desde un punto de vista intelectual, pero desafiante (y amenazante) desde una perspectiva política y social. A los problemas estructurales que padecemos en España y Galicia, hay que añadirle las megatendencias que afectan a todo el planeta (cambio climático, digitalización, flujos migratorios…) y los intensos choques de corto plazo como son la pandemia o la guerra en Ucrania. Procesos que se solapan, y se retroalimentan; o cuyas soluciones chocan entre sí: volver al carbón nos permitiría reducir la dependencia del gas, pero perjudicaría la lucha contra el cambio climático. Es evidente que los gallegos no tenemos capacidad para resolver buena parte de esos problemas. Pero sí los que nos son propios y, en todo caso, podemos hacerlo mejor o peor a la hora de lidiar con los cambios que generan los demás.

La semana pasada sugería algunas líneas de actuación urgente en el plano económico para el nuevo gobierno de la Xunta. Hoy cambio el foco para reivindicar el diálogo y el consenso con agentes sociales y los partidos de la oposición. Cierto es que la amplia mayoría parlamentaria que sostiene a la Xunta hace que, aritméticamente, los acuerdos no sean estrictamente necesarios en la mayoría de los casos. Y es verdad que para la oposición es más sencillo adoptar una postura hipercrítica y refractaria al acuerdo que lo contrario. Unos y otros tienen escasos incentivos para jugar una estrategia cooperativa. Pero esa estrategia cooperativa es la que nos conviene a todos los gallegos.

Por supuesto que existen asuntos en los que el acuerdo no es posible o, al menos, es extraordinariamente complejo. Demos esos asuntos por imposibles y que sean marcadores claros y útiles para los votantes de las diferencias entre partidos o sindicatos. Pero pensemos en aquellos ámbitos en los que existe un amplio acuerdo de fondo en la sociedad gallega para avanzar y mejorar. En ese caso, deberíamos ser capaces de pactar soluciones que combinen de forma inteligente las buenas ideas de unos y otros. Sumemos y multipliquemos, no restemos y dividamos.

Cuando hablamos de estrategias con efectos a largo plazo, esa debería ser la norma: el modelo energético, la recuperación de tierras abandonadas, la estrategia de internacionalización, la reforma de la administración… Existe un amplio listado sobre el que no debería ser tan difícil encontrar un núcleo común y amplios consensos de base que aplacasen el ruido y permitiesen avanzar. La responsabilidad es de todos.

*Director de GEN (Universidade de Vigo)