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Javier Sánchez de Dios.

Crónica Política

Javier Sánchez de Dios

El estreno

La prudencia, que dicen es la madre de la ciencia –aunque no está demostrado del todo– aconseja que a eso de los estrenos hay que darle algo de tiempo para saber qué pensará el público. Y conviene no olvidar que, en el teatro, la expresión que desea el éxito rotundo parece todo lo contrario, lo que hace recomendable no emplear lo de “mucha mierda” –con perdón– en la política porque sin duda, además de malsonante, alguien creería que encierra el deseo de una catástrofe por ejemplo para la Xunta que hoy mismo debuta bajo la presidencia de don Alfonso Rueda Valenzuela –que el sábado juró su cargo con la mano sobre el Estatuto– como protagonista de una obra que aún está por hacer.

De momento, en lo dicho y en lo hecho, ha cumplido. Había reiterado su deseo de continuidad, insistido en que eso no quiere decir continuismo y, en definitiva, anunciado pocos cambios en la Xunta. Y así ha sido: solo hay un nuevo conselleiro, el señor Calvo, en Presidencia, que además es vicepresidente segundo a la vez que “asciende” a don Francisco Conde a viceprimero. Los demás repiten todos, lo que teniendo en cuenta que este gabinete consiguió, casi en su totalidad, cuatro mayorías absolutas, es lo lógico. Como lo es que don Alfonso ratifique la confianza en quienes han estado con él en un barco que, hasta el momento, aparenta insumergible. Salvo que le sorprenda un iceberg.

Es posible que las próximas elecciones municipales “mueva”, como ya ha ocurrido antes, algún titular de departamento. Peso resulta mera especulación; ahora lo que procede es ceñirse a lo que se repitió en cada ocasión parecida: que como solo los necios desean lo peor para un Gobierno que se estrena –porque los primeros perjudicados serán los gobernados– no es solo lógico desearle éxitos a la Xunta en estos dos próximos años –y pico– con un presidente de perfil distinto a sus predecesores. Y no se cita el dato, obvio, por desconfianza o menosprecio, sino más bien al contrario: se hace por disconformidad ante la supuesta falta de liderazgo que murmuran los rivales de dentro y de fuera.

No se trata de discutir sobre supuestos, sino de plantear hechos. Y es un hecho que cuando “don Manuel” decidió presentarse como candidato a la Xunta, no fueron demasiados los que supusieron el Fraga que se demostró después. Del mismo modo que cuando el presidente que ahora se va llegó a la sucesión del veterano dirigente conservador, no pocos le supusieron un discípulo del prohombre coruñés Romay y, por ello, vinculado a su modelo, algo que los gallegos de todo el país no compartieron ya desde su primera ocasión en que, como aspirante, logró la mayoría absoluta: luego, ya se sabe, llegaron otras tres. Conviene, por tanto, refrescar alguna que otra memoria.

Es pues temeraria, o por lo menos precipitada, la afirmación de aquel déficit en don Alfonso. Que presenta una trayectoria notable tanto en lo público como en formación personal, virtudes contrastadas a lo largo de más de quince años. Y eso, que dicho de otro modo se llamaría experiencia en gestión, lo habilita para, como definió el poeta, hacer su camino al andar, y hacerlo bien. Su discurso ante medio millar de invitados lo hubieran firmado casi todos los presentes y –aunque formase parte del ceremonial– si acierta y aplica los principios que expuso, esta tierra seguirá progresando como lo ha hecho a lo largo de todos estos años y con los distintos ejecutivos que se han sucedido. Multicolores, por cierto, lo que aporta sosiego ante el estreno de otro, muy experimentado todo él y que, sin llegar a la infalibilidad, se ha ganado la confianza de mucha gente.

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