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Santiago Lago Peñas.

Santiago Lago Peñas

Director de GEN (UVigo) y del Foro Económico de Galicia

2022: ¿El año de la recuperación?

El viernes, el Instituto Galego de Estatística publicó los datos de crecimiento del cuarto trimestre de 2021 y, con ello, los del conjunto del año. El PIB ha crecido un poco por debajo de lo esperado (5.2%), aunque por encima de la media estatal (5.0%). La menor caída en 2020 y el mayor crecimiento en 2021 hacen que la recuperación de los niveles previos a la pandemia vaya a producirse antes en Galicia que en España.

2022: ¿El año de la recuperación?

En el gráfico adjunto se muestra la evolución de la economía gallega desde principios de 2017 hasta la actualidad. Siendo 100 el nivel alcanzado en 2015, en 2019 nos situamos justo al borde de la frontera del 110, sin superarla. Al hundimiento que se produce en el tercer trimestre de 2020 le sigue tres fases diferenciadas. La primera, en el segundo semestre de 2020 de rebote parcial, alrededor del 60% de la caída. A continuación, llega un semestre de estancamiento en el proceso, hasta que las vacunas empiezan a cambiar el panorama a partir de la primavera de 2021. Desde entonces, se retorna a la senda de la recuperación. Que hubiese sido mayor sin la crisis de suministros, los problemas logísticos y la escalada de precios.

Cierto que esos problemas en el lado de la oferta siguen con nosotros y no se esperaba que se resolviesen hasta la segunda mitad de 2022. Aún así, nuestro pronóstico era que ya en el primer semestre la línea del gráfico volviese a estar a la altura de 110 en Galicia, lo que significaría retornar al nivel del PIB prepandemia. Si la menor incertidumbre provocada por el COVID-19 nos animaba a ser optimista, la invasión de Ucrania supone un nuevo choque negativo e inesperado que puede arruinar este escenario.

A pesar de los miles de kilómetros de distancia, la globalización e interdependencia económica hace que en Galicia estemos notando ya sus efectos; porque tenemos tiendas allí en las que vendemos nuestros productos, porque nuestros ganaderos dependen de los cereales ucranios, o por la subida en los precios del natural. Existen múltiples canales que elevan el coste de los conflictos bélicos para (casi) todos. Pero esa incidencia cruzada también empuja a que los líderes que los provocan se vean urgidos a limitar su duración. Ojalá sea así. Por lo ucranios, ante todo; pero por nosotros mismos, también.

*Director de GEN (UVigo) y del Foro Económico de Galicia

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