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José Manuel Ponte

Inventario de perplejidades

José Manuel Ponte

Desequilibrar al desequilibrado

El presidente del PP, Pablo Casado, acusó en el Congreso a la vicepresidenta primera del Gobierno, Nadia Calviño, de encubrir abusos sexuales y de arruinar al país. Aunque en ningún momento supo aportar pruebas de tan graves afirmaciones. "¿Pero te das cuenta de las barbaridades que estás diciendo?”, le afeó la diputada por A Coruña, que figura como independiente en la candidatura del PSOE. El reproche no tuvo efectos balsámicos, sino todo lo contrario. La bancada del PP y la fundación FAES, que alimenta al partido conservador con munición ideológica de boca, enfilaron la artillería contra la señora Calviño con la que, hasta la fecha, habían mantenido una relativamente buena relación. “Se ha quitado la careta de moderada”, dijeron algunos voceros del PP mientras otros la llamaban “feminista de pandereta”. Una escalada de improperios a la que hubo que añadir (sin que venga a cuento) la presunción de simpatizar con el próximo ingreso en la coalición de Gobierno que sostiene a Pedro Sánchez de David Pla, “el último jefe de ETA, el encapuchado más famoso de la banda terrorista y ahora el nuevo referente político en las filas de Sortu”.

Por el medio de la polémica hubo una conversación privada entre Casado y Calviño, de la que fue testigo ocasional el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, según el cual la vicepresidenta le dijo: “Tu jefe es un desequilibrado”. No sabemos en qué parará este nuevo episodio del ya largo enfrentamiento entre el PP de Casado y la coalición de Gobierno que forman el PSOE de Sánchez y la incontable multitud de integrantes del Podemos que lideraba Pablo Iglesias antes de cortar la coleta y convertirse en tertuliano de bien remuneradas tertulias madrileñas, que parece ser su vocación de siempre. La indiscreción del edil madrileño no ha hecho más que avivar la llama del enconamiento recíproco.

"El alcalde de la Villa y Corte quedará para la pequeña historia de esta trifulca como un 'acusica'. No un 'traidor', ni un 'delator', palabras de más tonelaje ofensivo"

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Ya es cosa sabida que aumentar el nivel de los insultos en una polémica política tiene un efecto parecido al de una cuadrilla de bomberos locos que pretenda combatir un incendio echando gasolina al fuego. Pero no es cuestión de exagerar. La expresión “Tu jefe es un desequilibrado”, dicha en el ámbito de la privacidad, es un juicio benévolo comparada con otras mucho más hirientes. Como “loco”, “majara”, “zumbado”, “chiflado”, “guillado”, “mochales”, “perturbado”, “demente” y otras que acreditan la rica variedad de la fértil lengua española. Y de su utilización maliciosa en público hay que responsabilizar en primer lugar al alcalde de la Villa y Corte que quedará para la pequeña historia de esta trifulca como un “acusica”. No un “traidor”, ni un “delator”, que son palabras de más tonelaje ofensivo.

Al que esto firma, “desequilibrado” se asocia a la operación de corregir el deficiente equilibrado de las ruedas de un automóvil en un taller mecánico. Una intervención delicada en la medida que garantiza la seguridad en la marcha, ya que las ruedas son el único elemento que conecta el asfalto con el coche. De ahí la importancia de cuidarlas en buen uso. ¿Aprenderán de esto los políticos? Especialmente los “desequilibrados”.

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