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Javier Cuervo.

Artículos de broma

Javier Cuervo

El amor se regala y regala

El amor es un regalo que produce regalos. Lo recordamos en estas fechas tan señaladas por el dedo índice de la sociedad de consumo.

Por encima de nosotros, el amor y el regalo se encuentran cualquier día del año y lo hacen en proporciones inimaginables. Por los trabajos escolares que nos traen nuestros hijos en el día del padre o de la madre sabemos que no hay una tabla de equivalencia entre el poder del amor y el poder adquisitivo y eso nos hace estar tranquilos porque aceptamos que nunca podremos manifestar tanto lo mucho que sentimos como lo hacen los que mucho tienen. Una persona vulnerable de hoy (es decir, un pobre de ayer) puede tener un amor milmillonario, aunque no pueda manifestarlo así materialmente, ni falta que hace.

Nunca podremos dar 76 millones de dólares a una amiga como Corinna por cuánto significaron ella y su hijo, como hizo Juan Carlos I, aunque todos podamos comprender ese caro cariño, esa entrega en la entrega. Lo mismo sucede con los 100 millones de dólares que el difunto rey de Arabia Saudí hizo a su “hermano” Juan Carlos porque el afecto no se justifica y esas cantidades se justifican por sí solas, y no pueden ser fiscalizadas por una fiscalía en Suiza.

“Nunca podremos dar 76 millones de dólares a una amiga como Corinna por cuánto significaron ella y su hijo”

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Contra lo que creemos por demagogia y resentimiento de clase hay mucho cariño entre jeques árabes, princesas consortes, reyes eméritos. Hasta esas empresas del Ibex 35, que nos parecen crueles porque pueden organizar despidos por miles, tienen su corazón y son capaces de colocar y pagar los contratos de presentadoras que fueron novias del rey por el mero hecho de serlo. No creemos en el karma, pero existe. Eres entrañable y te devuelven cariño, joder.

Aún hay envidiosos que reprochan que estas manifestaciones de afecto no hayan sido a la luz de Hacienda, cuando lo deseable en la generosidad es que la mano derecha no sepa lo que hace la izquierda. Si el Estado quiere fiscalizar los afectos, apaga y vámonos. ¿Cómo va el Estado a confiscar un porcentaje del amor que donde mejor está es en el bolsillo de cada uno?

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