Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Ceferino de Blas.

La ciudad que encantó a Pérez Lugín

A Alejandro Pérez Lugín, el famoso autor de “La casa de la Troya”, le gustó tanto el Vigo de 1915 que lo atribuyó a los americanos, es decir a los emigrantes que se habían enriquecido en Sudamérica, y tras regresar para instalarse en la ciudad, habían encargado construir sus casas a arquitectos alemanes.

Al más popular de los articulistas vigueses de la época, Pío Lino Cuíñas, que firmaba con el festivo pseudónimo de “El Huérfano de Bembrive”, le encantó que un personaje tan importante hablase del Vigo “hermoso, progresivo, perla de los mares”, como lo designó el novelista, pero quiso matizarle en dos aspectos relacionados con el urbanismo. Las opulentas edificaciones viguesas, le replicó, no fueron levantadas por una legión de americanos, que no encargaron más de diez o doce casas, y salvo dos o tres, no de las mejores. Ni hicieron venir arquitectos de Alemania para trazar los planos y dirigir las obras. Para embellecer y acicalar la ciudad, remataba Pío Lino Cuíñas, “no precisamos aquí hacer pedidos al extranjero”.

Pero Lugín no iba del todo desencaminado en sus comentarios, ya que no los inventaba, aunque los trastocaba. Había oído hablar no de arquitectos sino de un arquitecto llegado de fuera de las fronteras, pero no era alemán, sino francés, y se llamaba Michael Pacewicz, al que se debían varias de las mejores edificaciones que lucían en el centro. Pero la gran mayoría de los suntuosos edificios, como recalcaba Cuíñas, habían sido planeados por profesionales gallegos, la mayoría vigueses.

Uno de los casos judiciales más sonados, que se dirimieron en los años veinte en la Audiencia Provincial de Pontevedra, fue una acusación de plagio por la autoría de “La casa de la Troya”

decoration

Alejandro Pérez Lugín era un personaje admirado y envidiado. Es evidente que Cuíñas lo admiraba, ya que recomendaba que todo buen gallego debía tener en su biblioteca tres libros imprescindibles: “Follas novas”, de Rosalía de Castro, “Los pazos de Ulloa”, de Pardo Bazán y “La casa de la Troya”, de Pérez Lugín.

Pero no todos lo admiraban. Uno de los casos judiciales más sonados, que se dirimieron en los años veinte en la Audiencia Provincial de Pontevedra, fue una acusación de plagio contra Lugín por la autoría de “La casa de la Troya”.

Un periodista vigués, José Signo, publicó en el periódico local “La Concordia” que el autor de “La casa de la Troya” era el tudense Camilo Bargiela –escritor y diplomático–, y aportaba argumentos que lo avalaban. Era una acusación muy grave, y Pérez Lugín, en pleno éxito por su otra gran novela, “Currito de la Cruz”, acudió a los tribunales. Eligió como abogado al jurista y escritor pontevedrés Prudencio Landin, y José Signo tuvo como defensor al ya muy conocido abogado Valentín Paz Andrade. Era el año 1924. Después de múltiples páginas dedicadas al caso, de abundantes declaraciones de testigos, en las que intervinieron por la acusación y la defensa conocidas personalidades, el tribunal falló a favor de Pérez Lugín, y condenó a José Signo.

Tras cerrar “La Concordia” para dar paso a “El Pueblo Gallego”, José Signo, que fue un excelente periodista, trabajó en “Faro de la Tarde”, semanario que aparecía los lunes.

Pero al margen de este y otros episodios en los que se vio envuelto, dada su notoriedad, lo importante es la opinión que tenía Pérez Lugín sobre el urbanismo vigués y la ciudad, expresado en el artículo que había escrito en el periódico madrileño “La Tribuna”, donde publicó una serie de trabajos titulados “Perez Lugín por tierras gallegas”. Muchos de ellos fueron recogidos en el libro “La Corredoira y la rúa”, editado en 1922.

A Lugín, como a otros literatos, aquel Vigo de la segunda década del siglo, le entusiasmó.

P. S. Viene al caso este recordatorio del gran novelista por celebrarse su sesquicentenario. Era pariente de Rosalía de Castro, que cuando se fue a Madrid de jovencita, en 1856, antes de casarse con Murguía, estuvo alojada en casa de su tía, María del Carmen García Lugín y Castro, la madre de Alejandro, que vendrá al mundo en 1870. En Santiago ha comenzado la conmemoración del 150 aniversario de su nacimiento, con diversas actividades. Una buena ocasión para recordar a este personaje en el escenario de su obra más reconocida.

Compartir el artículo

stats