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José Manuel Ponte

inventario de perplejidades

José Manuel Ponte

Cuando se habla por el estómago

A veces, cosas de la edad, uno se despierta en lo más profundo de la madrugada, y no puede volverse a dormir por mucho que lo intenta. Entonces vagabundea por las emisoras de radio a la espera de que los primeros informativos le ayuden a situarse. A situarse o a desquiciarse porque a esa hora incierta (“pisando la dudosa luz del día”, escribió Camilo José Cela) dominan el cotarro los profetas del apocalipsis radiofónico.

Lo que se escucha es tremebundo y si llegase a ser cierto, aunque fuere en una mínima parte de lo que se anuncia, era como para coger el camino más corto hacia el exilio. Y no mirar hacia atrás hasta no tener la certeza de estar en lugar seguro. Por ejemplo, con la versión de la noticia sobre la detención de José Luis Moreno, el famoso ventrílocuo y productor de espectáculos para la televisión. El señor Moreno fue detenido muy de mañana en la mansión que habita en una urbanización de lujo madrileña junto con varios directores de banco, abogados, y hasta un notario. Todos ellos bajo acusación por la Audiencia Nacional de supuestos delitos de lavado de dinero procedente del narcotráfico, estafas, amenazas, coacciones, abusos sexuales y un largo repertorio de enormidades que no puedo memorizar. Si hemos de creer lo que dicen algunos medios, el famoso ventrílocuo nunca fue trigo limpio y ya hace años infundió sospechas sobre conductas irregulares cuando fue asaltado en su casa por unos pistoleros de ignorada procedencia que, tras golpearlo, lo dejaron atado como un paquete listo para su entrega a domicilio. De aquel oscuro episodio no se supo más, pero cundió la impresión de que se trataba de un ajuste de cuentas entre mafiosos, o de una advertencia.

De aquel oscuro episodio no se supo más, pero cundió la impresión de que se trataba de un ajuste de cuentas entre mafiosos, o de una advertencia

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Eso creíamos el común de los mortales tras conocer la versión de los hechos por el juez de la Audiencia Nacional que lleva desde hace meses la investigación contando con la ayuda de agentes especializados de la Guardia Civil y de la Policía Nacional. Nada más lejos de la verdad. Según el profeta del apocalipsis radiofónico, la detención de José Luis Moreno es una maniobra de distracción urdida por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y por su jefe de Gabinete, Iván Redondo, para entretener a la gente y hacer que olvide las vergonzosas cesiones de soberanía a los independentistas catalanes. Unas cesiones que comenzaron con la concesión de indultos a los nueve dirigentes del procés encarcelados y concluirán con un cambio de régimen. “Aquí –textual– la única organización criminal es la del Gobierno de Pedro Sánchez”. Por supuesto, una organización criminal necesita para funcionar coherentemente de una Guardia Civil y una Policía Nacional igualmente corruptas y criminales. Y, por descontado, de una Judicatura sobornable y dócil a las indicaciones del poder.

Todas estas barbaridades se escuchan de madrugada en algunas emisoras y uno se pregunta cómo es posible que al amparo del derecho a la libertad de expresión se puedan decir impunemente ciertas cosas. A este paso, habría que indemnizar al señor Moreno por haber sido elegido como víctima inocente de una organización criminal. Una organización ventrílocua que dice una cosa por la boca y otra muy distinta por el estómago.

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