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Luis M. Alonso.

Consignas incomestibles

La actualidad, salvo que uno se empeñe en huir de ella, parece predestinarnos a un diagnóstico demasiado deprimente de las cosas. La política, por ejemplo, ha perdido su razón de ser útil excepto por la utilidad propagandística que encuentran en ella los políticos que han decidido ir a la guerra. Los argumentos frentistas, en el caso de las disparatadas mociones de censura y en las elecciones convocadas en Madrid, ya los conocen de sobra. Iglesias amenaza con meter en la cárcel a Isabel Díaz Ayuso, y esta, a su vez, pasea el espantajo del comunismo. También en campaña, Irene Montero sostiene que la comunidad madrileña no es segura (?) para las mujeres; ella, que es residente, puede que esté exenta de riesgo por su situación privilegiada. Su marido, que tenía pensado aferrarse al Gobierno para seguir haciendo campaña desde él, igual que Salvador Illa, tendrá que dejarlo el martes, obligado por la ley electoral.

"El resultado de esta política nefasta, que tiene como objetivo enfrentar a los españoles para sumar votos, es la quiebra de una ciencia puesta al servicio del espectáculo más deplorable"

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Entre tanto, la prensa orgánica airea la equidistancia fingida del presidente del Gobierno, que acabará, como ya sucedió, evidenciando la mentira. En este clima de extremismo el PSOE no pactará Madrid con Iglesias, como si no gobernase con él en la Moncloa. Se trata de simple retórica, pero habría que preguntarse por qué Sánchez aún pretende a estas alturas hacernos idiotas.

El resultado de esta política nefasta, que tiene como objetivo enfrentar a los españoles para sumar votos, es la quiebra de una ciencia puesta al servicio del espectáculo más deplorable y del linchamiento popular, en manos de la telebasura. Solo importa la propaganda y todo, además, en medio de una gestión ineficaz de la pandemia, negocios arruinados, los ERTE sin liquidar y la inquietud de las vacunas que no llegan.

Adam Zagajewski, una inteligencia que ha dejado recientemente de alumbrarnos, recordaba citando a Stanislaw Kasprzysiak, que en las paredes de algunas casas de Pompeya se han conservado consignas electorales desvaídas: “¡Votad para edil a Gayo Julio Polibio! Se preocupa de que el pan sea bueno”.

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