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Si algo nos ha quedado claro es que evitar el contagio del covid-19 -la mejor vía que hay para librarse de las dolencias muy graves a las que puede conducirnos la infección- depende sobre todo de cada uno de nosotros porque las autoridades, todas ellas, dictan medidas contradictorias e inútiles.

Por suerte, comienza a haber una cultura de la prevención que no existía cuando comenzó la primera ola de la pandemia. El doctor Alfonso Ballesteros, médico y amigo de mi familia desde hace décadas, me ha hecho llegar una especie de decálogo con un título bien significativo: 'Manual de supervivencia para la gente corriente en tiempos del nuevo coronavirus'. Lo de nuevo viene del hecho de que en realidad hemos padecido coronavirus relacionados, por ejemplo, con el constipado común desde hace miles de años. Pero ninguno se mostraba tan contagioso ni tan letal como el covid-19.

El manual de supervivencia es un recordatorio de lo que ya sabemos porque los médicos se han encargado de aclararnos de sobra cuáles son las situaciones de riesgo a las que no conviene que nos expongamos y de qué forma debemos llevar a cabo las actividades imprescindibles -como la de ir a la compra- minimizando el peligro de contagio. Hasta los más alérgicos a los medios de comunicación, las redes sociales y el uso del teléfono saben que se trata de evitar el contagio por boca, nariz y ojos, como ventanas de entrada de la infección más comunes, y que para ello hay que llevar la mascarilla puesta de tal forma que nos tape las vías respiratorias -el que cuelgue del brazo o del cuello no sirve para nada-, dejarla puesta cuando hablamos por el móvil o cara a cara, fumar lo menos posible y lavarnos las manos a cada poco. Pero ni siquiera un uso impecable de la mascarilla y el gel hidroalcohólico nos librará del riesgo si nos metemos en un local cerrado con mucha gente.

Lo sabemos todos. La protección sólo necesita de los manuales como instrumentos para recordarlo. Pues bien, si es de tal suerte, ¿cómo resulta posible encontrarse por la calle personas que llevan la mascarilla, si la llevan, en cualquier lugar menos el indicado, que se apiñan en las colas y que, en el colmo del despropósito, van a fiestas que parecen organizadas para que proliferen los contagios?

La respuesta es bien simple: igual que existen los terraplanistas que niegan que el planeta sea esférico, tenemos los ignorantes por activa -como Trump, que asegura que el contagio es una mera broma- o por pasiva -como todos aquellos que actúan como si la pandemia tuviese lugar en Marte-. Se discute mucho en estos días acerca de si en verdad tenemos un sistema sanitario con garantías. Pues bien, no existe ninguno capaz de luchar contra los que, por mucho que sepan lo que hay que hacer, siguen los manuales al pie de la letra pero justo al revés.

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