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Almudena Díaz Fervenza | Paciente superviviente de cáncer de mama en Cangas

“La quimio me afectó a pies y manos y no puedo trabajar, pero el INSS me baja la pensión al 55%”

Interviene en la mesa redonda que abren hoy las Xornadas de Adicam en Cangas

Almudena Díaz, en la alameda de Cangas. | // SANTOS ÁLVAREZ

La Asociación de diagnosticad@s de cáncer de mama de Cangas (Adicam) celebra hoy y mañana la XXI edición de sus Xornadas Científicas, dentro de los actos que con motivo del Día Internacional del Cáncer de Mama este 19 de octubre, se celebran a lo largo de todo el mes. La presidenta de Adicam, Olga Sotelo, inaugura esta tarde, en el salón de plenos, a las 18:00 horas, estas Xornadas, que acogen una mesa redonda sobre “Supervivientes del cáncer”. La vecina de Cangas Almudena Díaz Fervenza ofrecerá su visión como paciente superviviente; e intervendrán como ponentes la psicóloga de Oncología en el Hospital Meixoeiro de Vigo, Paula Cid; y el médico en el Centro de Salud de Cangas, José Gestido Santomé. Almudena Díaz es una auténtica superviviente. Heredó el gen dañino BRCA1 que la predispuso al cáncer de mama; intentó la mastectomía profiláctica, pero la operación no llegó a tiempo y apareció el cáncer antes y una neuropatía en el cráneo motivo por el cual, al seguir estable y pese a la neuropatía periférica que le dejó la quimio en manos y pies y que le impide trabajar, la Tesorería General de la Seguridad Social le bajó la incapacidad absoluta a total, por lo que bajó la pensión al 55%. Almudena Díaz cobra 540 euros. Pero ella es una superviviente, sacrificada a anteponer la vida a todo lo demás, incluso a renunciar a tener hijos por temor a predisponerles al cáncer. Intentó la opción de la donación de óvalos, pero llegó la neuropatía. Para ella, Adicam ha sido un pilar importante en su vida y una suerte tenerla en Cangas.

–¿Cuándo le detectaron el cáncer?

–A los 35 años -ahora tengo 41- y sigo con revisiones.

–¿Puede hacer vida nomal?

–No. Me encuentro bien, aunque hay una neuropatía en la cabeza, pero está estable en el tiempo. Solo es controlable, no lleva tratamiento. Sin embargo, el tratamiento de quimio me dejó una neuropatía periférica con hormigueos en manos y pies.

–¿Es habitual esta secuela?

–En el cáncer de mama ponen dos tipos de quimio; la primera con unos componentes y la segunda, con otros. En las primeras sesiones de esta última ya nos dimos cuenta que se me ponían muy rojos los pies y manos, las uñas se despegaban y tenía mucho hormigueo. Igual que tu cuerpo puede tener alergia a un medicamento, las pacientes pueden presentar una reacción a la quimio. Los cánceres de mama son diferentes, algunos responden a los tratamientos hormonales, el mío no. Es un triple negativo, con lo cual solo quedaba operación, quimio o radio. No me podía beneficiar de otro tratamiento y seguimos la quimio. Tuve que poner en una balanza que era lo mejor y había que seguir con la vida, no lo dudé.

–¿Cuándo acabó la quimio?

–En mayo de 2017.

–¿Sguieron las secuelas en pies y manos?

–Sí. Probaron con varios medicamentos, pero fue irreversible. Me impide volver al trabajo de camarera. Antes tenía una incapacidad absoluta, pero me la bajaron a total por cosas que no se entienden muy bien; es decisión del INSS que entienden ellos.

–¿Qué supone bajar de incapacidad absoluta a total?

–Por un lado, aunque no estés para el trabajo que hacías habitualmente, sí para otro tipo; pero en mi situación no puedo trabajar porque me caigo y no tengo sensibilidad en las manos. Y por otro lado, supone que te bajan la pensión al 55%. De unos 960 euros, cobro 560.

–¿Cómo es posible que con su problema le hayan variado la incapacidad?

–Hice una revisión en marzo y me llegó la resolución en julio. Recurrí, pero sigo sin respuesta.Son muy duros. Te dicen que denuncies, pero te supone un dinero que no tengo. En mi caso, cambiaron la incapacidad porque la neuropatía en cabeza sigue estable.

–¿Cómo supo usted que era portadora del gen dañino?

–En una revisión, el ginecólogo que me vio en Coia y viendo los antecedentes familiares me aconsejó y me hizo escrito para darle a la oncóloga que llevaba a mi madre que, a día de hoy es la mía. Por un fallo en el protocolo pasaron dos años sin respuesta. Se lo recordábamos y la oncóloga nos decía que estaba pedido, pero hubo que reclamarlo otra vez por otra vía. Se acabó haciendo el estudio. Mi abeuela materna tuvo cáncer de mama y murió de colon; una tía de 44 años, de cáncer ginecológico de ovario; otra tía, está operada de mama; un primo de 16 años murió de sarcoma y otro de cuatro añitos desarrolló un cáncer con 13 meses, aunque ahora está maravilloso. Hay una presdisposición en la familia. Mi hermana, que es portadora del gen, se sometió a la operación preventiva y está en controles.

La doctora Paula Cid reflexiona sobre la necesidad de atención a pacientes y familiares

La psicóloga Paula Cid. Fdv

Hay que incorporar la psicología clínica al tratamiento del cáncer en el sistema público

Paula Cid - Psicóloga clínica de oncología radioterápica en el Hospial Meixoeiro de Vigo

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“Gran parte de los profesionales de salud y la sociedad en general reconocen la importancia de la atención psicológica en el abordaje integral del cáncer y sus consecuencias. Sin embargo, en el sistema público de salud no es habitual” contar con psicólogos clínicos en los equipos de oncología”, adelanta la doctora Paula Cid Gutiérrez, psicóloga clínica del Servicio de Oncología Radioterápica del Hospital Meixoeiro, que participa esta tarde en la mesa redonda “Supervivientes de cáncer”, organizada por Adicam. “A menudo, pacientes y familiares tienen que recurrir a la vía ordinaria, esto es, derivación a los servicios de salud mental a través del médico de familia, donde las listas de espera no permiten dar una adecuada respuesta a las necesidades de los pacientes”, reconoce.

“Gracias a asociaciones como Adicam, muchas familias tienen acceso a servicios tan importantes como la atención psicológica, entre otros”, valora esta especialista, que considera necesario “incorporar la visión de la psicología clínica en el proceso de tratamiento del cáncer dentro del sistema público de salud”. Matiza que dar ese paso “no implica que todos los pacientes con cáncer y sus familiares vayan a desarrollar procesos psicopatológicos; de hecho, la mayoría muestra una mayor capacidad de adaptación y recursos de afrontamiento de lo que pensamos, en especial si el sistema facilita estos procesos normales de adaptación”.

Explica la doctora Cid que la atención psicológica no consiste sólo en detectar y tratar posibles trastornos psicológicos (lo más habitual son síntomas de ansiedad y bajo estado de ánimo), sino que “implica acompañar a los pacientes desde una perspectiva de prevención que incluya escuchar activamente, validar emociones que puedan surgir en cada paciente y familia, ayudar a mantener un buen autocuidado durante el proceso, ajustar expectativas, aportar estrategias para el manejo de situaciones complejas como cirugías que modifican la imagen corporal, la quimioterapia, la comunicación con hijos pequeños, etc… Y esta atención debe estar disponible en cualquier momento del proceso”.

Cada persona y cada proceso de enfermedad son diferentes. “No todos los pacientes ni todas las familias necesitan lo mismo, y lo que puede ser bueno para uno puede ser perjudicial para otro a nivel psicológico”. En el caso del cáncer de mama, hay una serie de condicionantes habituales a tener en cuenta, y que justifican la importancia de que estas pacientes tengan acceso a la consulta de Psicología Clínica pero también de que los aspectos psicológicos sean tenidos en cuenta en el proceso médico.

“Estamos hablando a menudo de mujeres de mediana edad, laboralmente en activo, en muchos casos con hijos en edad escolar, con padres en edad de iniciar problemas de salud o ya en situación de dependencia. Cuando el diagnóstico de cáncer llega en este contexto, se convierte en una carga más para la mujer, que por otro lado vive en una sociedad en la que se invita a mantener las apariencias, “ser fuerte y positiva” y, como veremos, esto puede tener consecuencias importantes”, reflexiona Paula Cid como adelanto a su intervención en la mesa redonda de Adicam.

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