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"Aquí estamos seguros e de fame non imos morrer"

Vecinos de Ons acogen con tranquilidad el estado de alarma y no se muestran preocupados

Pepe de Miro ayer en su casa en Ons, dando de comer una manzana a su caballo "Careta".

Se acaba de cumplir una semana del decreto que instauraba el estado de alarma y la vida en la isla de Ons, en Bueu, sigue su curso habitual. "Es casi lo mismo que siempre, no es nada extraordinario aunque es verdad que no nos podemos mover y tenemos que quedarnos en casa", cuenta a sus 77 años Cesáreo Pérez, que vive en la isla junto a su esposa Victoria López. Con un punto entre humor y pragmatismo asegura que "aquí estamos seguros y de hambre no nos vamos a morir". Lo mismo sostiene otro conocido isleño, Pepe de Miro, que también asegura que "no me falta de nada".

La aprobación del estado de alarma les cogió en la propia isla y en ningún momento se plantearon regresar a Bueu. Eso sí, hubo quien sí se trasladó desde el continente para pasar el confinamiento en Ons, esperando que las medidas de control en la isla fuesen más laxas y poder moverse con cierta libertad ya que en estos momentos hay entre 10 y 15 personas. Sin embargo, desde la Consellería de Medio Ambiente explican que el estado de alarma rige de igual manera en el archipiélago que en cualquier otro punto del territorio y sus habitantes están obligados a respetar todas las disposiciones incluidas en el real decreto aprobado por el Consejo de Ministros.

De ello se encargan los vigilantes del Parque Nacional Illas Atlánticas, un retén que en estos momentos está compuesto por dos personas, que se desplazaron a cada una de las casas en las que hay isleños para explicarles las pautas a seguir. "No nos podemos mover, pero por lo menos podemos mirar el mar y hacer algo en la huerta, aunque a estas alturas las patatas ya están plantadas", cuenta Cesáreo. El decreto del estado de alarma a ellos de alguna manera les tranquiliza. "Ves en la televisión lo que está pasando en otras zonas y te asustas. De esta manera si no puede venir gente de fuera no traen el virus y estamos seguros", argumenta.

En esta época del año todos los establecimientos hosteleros de Ons están cerrados, incluyendo Casa Checho. Eso no significa en absoluto que los isleños corran el riesgo de quedarse desabastecidos. "Yo me traje bastante comida y si necesitamos más solo tenemos que llamar a la familia en Bueu para hacerles el encargo. Luego nos lo trae el barco de Acuña o la lancha de Parques Nacionales, que viene a traer víveres todos los martes", cuenta Pepe de Miro. Este marinero ya jubilado cultiva una pequeña huerta en la que dispone de patatas, verduras y hortalizas. También tiene gallinas y la compañía de dos perros y de su caballo "Careta". "Ya estaba en la isla. Era de un vecino que murió hace algún tiempo y la familia me lo dejó a mí", cuenta Pepe de Miro.

Algo parecido cuentan Cesáreo y su mujer. Entre la huerta, la comida almacenada en el congelador, las gallinas y los huevos sabe que "hambre no vamos a pasar". Además también disponen de un horno en el que pueden cocinar su propio pan, tal como se hacía antes. Además está la ayuda de los marineros que acuden a faenar en el entorno de Ons, que si es necesario pueden dejarle algunos víveres, como ocurrió precisamente ayer.

Desde que el Gobierno anunció que se procedería a decretar el estado de alarma hasta que finalmente entró en vigor pasaron 48 horas, un tiempo en el que los isleños que deseasen regresar a Bueu podían hacerlo. Ahora la posibilidad de dejar la isla es más complicada. "Las restricciones de movilidad son las mismas que para las personas de cualquier otro punto. Cosa distinta es que hubiese un problema de salud o de fuerza mayor, en el que se procedería a facilitar su traslado", explican desde la Consellería de Medio Ambiente, que es quien tiene las competencias sobre el archipiélago.

De momento esa es una posibilidad que la mayoría no se plantean. "Se está bien, estamos seguros, tenemos para comer y aquí no puede venir nadie que traiga el virus", sentencian.

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