Europa no cobrará aranceles en 3 años a casi un millón de toneladas de pescado foráneo

El nuevo reglamento que facilitará las importaciones beneficia al calamar patagónico, la tilapia y algunas especies de camarón; pero excluye a los productos rusos y bielorrusos

Arrastrero amarrado 
en el muelle de 
O Berbés (Vigo). |   // A. V.

Arrastrero amarrado en el muelle de O Berbés (Vigo). | // A. V. / jorge garnelo

Europa es una comunidad internacional increíblemente dependiente del pescado que proviene del extranjero. Prueba de ello son los resultados del último informe The EU Fish Market, publicado por el Observatorio Europeo del Mercado de los Productos de la Pesca y de la Acuicultura (Eumofa) y avanzado hace semanas por FARO. Solo en 2022, los Veintisiete invirtieron 31.900 millones de euros en productos del mar procedentes de terceros países: un 23% más que en 2021, cuando esa misma cifra rondaba los 26.000. En su conjunto, fueron 6,1 millones de toneladas las que entraron en el bloque comunitario, un 3% menos frente al ejercicio previo, dejando una balanza comercial sobradamente negativa. Un déficit de 23.800 millones de euros o, lo que es lo mismo, que por cada euro de pescado que vendimos al exterior, apoquinamos cuatro para comprar pescado foráneo.

Ante esta situación que solo va in crescendo, de mal en peor como consecuencia de la pérdida de productores locales –tanto armadores que han desguazado ya sus barcos como pescadores que no llegan por la falta de relevo–, la Unión se ha visto obligada a adoptar políticas más flexibles para conseguir el alimento que no somos capaces de generar aquí y así abastecer a nuestra industria procesadora para satisfacer la demanda de los consumidores. Se trata de plantas de transformación como las conserveras gallegas, por ejemplo, empresas a las que beneficiará el nuevo reglamento de contingentes arancelarios autónomos que acaba de aprobar Bruselas, que busca garantizar que estas compañías puedan seguir obteniendo materias primas de naciones no pertenecientes a la UE “con tipos reducidos de impuestos o libres de impuestos”.

Con esta medida, la UE quiere "asegurar" la materia prima de la industria del mar

La legislación a la que al fin se le ha dado luz verde, que se extenderá entre 2024 y 2026 tras la del periodo 2021-2023, beneficiará a un cómputo de 903.600 toneladas de pescado extranjero, un 8,7% más que las 831.100 a las que benefició su antecesora. Del montante, la práctica totalidad a excepción de 15.000 toneladas tendrán un derecho contingentario del 0% –es decir, exentos de pagar–.

Según el documento del nuevo reglamento, al que ha tenido acceso este periódico, los contingentes arancelarios autónomos se mantienen para las principales especies que importa la UE. Es el caso del abadejo de Alaska (340.000 toneladas), los bacalaos y pescados de la especie Boreogadus saida frescos, refrigerados o congelados (110.000 toneladas), el surimi congelado (60.000 toneladas), los camarones y gambas de las especies Penaeus vannamei y Penaeus monodon, cocidos y pelados (48.000 toneladas), la merluza del Pacífico y la merluza argentina (40.000 toneladas) y los lomos de atunes y listados (35.000 toneladas). Todas las grandes de la Unión, a excepción de los bacalaos de las especies Gadus morhua y Gadus macrocephalus en filetes y carne congelada (bajan de las 50.000 a las 45.000 toneladas).

Como novedades, la más positiva es que se introducen entre las especies favorecidas al calamar patagónico, la especie Loligo gahi (75.000 toneladas), y también a la tilapia (10.000). Asimismo, se constatan incrementos en los camarones y gambas de las especies Pleoticus muelleri, con cáscara o no, frescos, refrigerados o congelados (de 8.000 a 16.000 toneladas) y Pandalus jordani, cocidos y pelados (de 2.000 a 4.000 toneladas). No obstante, se suprimen los descuentos de los que disfrutaban los arenques, curados con especias o vinagre, en salmuera, conservados en barriles de 70 kilos de peso neto escurrido como mínimo (vinculado a 5.000 toneladas), así como la mielga (2.000).

Pese a todo lo anterior, el nuevo reglamento excluye de los contingentes arancelarios autónomos los productos del mar pertenecientes de Bielorrusia y Rusia, algo que afectará con fuerza a la importación del abadejo de Alaska pese a la enorme cuota disponible. En cuanto a la aplicación de esta decisión, tomada como medida disciplinaria con motivo de la guerra de Ucrania, la Unión reconoce que “tendrá repercusiones en los flujos comerciales y requerirá una adaptación por parte de la industria de la UE”. “Si, como consecuencia de ello, se identifican materias primas que actualmente no están incluidas en el ámbito de aplicación del presente reglamento como equivalentes a esos productos y que se necesitan con urgencia durante el periodo de adaptación, el presente reglamento podrá revisarse para tener en cuenta estas circunstancias”, agrega a renglón seguido.

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“Gracias a este reglamento salvaguardamos la competitividad de nuestra industria de transformación, el suministro a los consumidores europeos de productos de la pesca de calidad y a precios razonables, los intereses del sector pesquero de la UE y la seguridad jurídica”, avanzó ayer el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, afirmando también –de cara a la próxima reunión en Bruselas del Consejo de Agricultura y Pesca de la Unión, – que defenderá los intereses de España en las negociaciones sobre los Totales Admisibles de Capturas (TAC) y cuotas para 2024. La medida, sin embargo, no fue acogida con el mismo entusiasmo por el sector; y así lo expresó, entre otras agrupaciones, la patronal europea de armadores. Destacando que la Comisión Europea “está elaborando sus últimas propuestas de políticas pesqueras de la UE bajo el imperativo de abordar una crisis climática y de biodiversidad, lo que resulta en una creciente variedad de reglas y restricciones que se aplican a los buques de la UE”, Europêche dejó claro que habría deseado que Bruselas “hubiera adoptado una postura tan firme también en lo que respecta a la sostenibilidad del sistema de contingentes arancelarios autónomos”. Anfaco-Cecopesca, que representa a la conserva española, valoró positivamente que se haya contestado a “demandas históricas” como algunas de las subidas constatadas, pero lamentó la “falta de ambición” a la hora de consolidar dichos aumentos a otras especies como el atún.