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Faro de Vigo

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“Mi marido me pidió que cuidase de los niños”

Los familiares de los marineros de ascendencia peruana fallecidos o desaparecidos en Terranova afean a la Xunta y al Gobierno de España no haberles brindado ayuda: “A nosotros no nos ha llamado nadie todavía”

“Mi marido me pidió que cuidase de los niños”

La voz de Marluz Esquivel se quiebra cuando quiere explicar cómo fue la última conversación con su marido. No era la primera vez que Edwin Córdoba embarcaba, ni tampoco la primera en la que iba a faenar con unas condiciones meteorológicas adversas. A pesar de todo, el ambiente que percibía desde el casco del Villa de Pitanxo era especialmente crudo en la madrugada de este martes y así se lo hizo saber a su compañera: “Él intuía que algo malo podía pasar”, explica Marluz.

Para esta pareja de origen peruano era habitual mensajearse en los pocos ratos libres que él tenía en sus “interminables” jornadas de trabajo. Por la diferencia horaria, la última conversación que mantuvieron fue apenas unos minutos antes de que saltase la radiobaliza del pesquero, en torno a las 4.30 hora española: “Me dijo que el tiempo estaba muy mal y que el mar todavía peor”, lamenta la esposa del todavía desaparecido Edwin Andrés Córdoba. Eran las 4.57 horas de la madrugada del martes cuando Edwin firmó su último mensaje: “Cuida de los niños”.

“Mi marido me pidió que cuidase de los niños”

Los testimonios de las tres familias con las que ha podido hablar este periódico coinciden en que las incursiones del Villa de Pitanxo eran más “temerarias” que las de otros barcos que faenaban en este caladero de Terranova: “Ellos nos lo habían dicho otras veces. Mientras el resto de barcos capeaban, este siempre arriesgaba al máximo”, añade Pedro More, marinero de profesión y familia directa de Diego y Daniel More, también embarcados en el pesquero de Marín.

Desolación entre los familiares: la tragedia en tierra al otro lado del océano

Desolación entre los familiares: la tragedia en tierra al otro lado del océano Agencia ATLAS

“Ese patrón nunca miró por la gente, solo ve por su bolsillo y por el de la empresa armadora”, denuncia uno de los allegados de Diego y Daniel. Las opiniones negativas sobre la manera de capitaner las operaciones del Villa de Pitanxo por parte del patrón, Juan Padín, también son un denominador común en los testimonios de estas tres familias. “Seis de ellos tenían coronavirus con síntomas y, por lo que nos contaban, él les hacía trabajar igual. Las jornadas eran de veintidós horas. Tenían suerte si podían dormir algo más de dos”, denuncia la esposa de uno de los marineros que todavía se encuentra desaparecido. “¿Cuánto pescado vale la vida de un hombre?”, expone Pablo More, hermano de Daniel.

“Ese patrón nunca miró por la gente, solo ve por su bolsillo y por el de la empresa armadora”; “Seis de ellos tenían coronavirus con síntomas y les hacía trabajar igual. Las jornadas eran de veintidós horas. Tenían suerte si podían dormir algo más de dos”

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Una investigación necesaria

Todos los familiares están consternados y llenos de dudas en todo lo que rodea al accidente. Denuncian la lentitud de los canales oficiales para recibir información fidedigna: “Me enteré de que el barco de mi hermano había naufragado por un grupo de Whatsapp. No me lo podía creer”, lamenta Pablo More. “Queremos que haya una investigación que esclarezca los hechos. No solo por nosotros, sino por todos los marineros que puedan vivir esto mismo en el futuro”, añade Pedro, “y si hay algún responsable directo, que todo el peso de la ley caiga sobre él”, añade.

El hermano de Daniel More reconoce que le había dicho que esta era su última marea: “Él había buscado trabajo muchas veces en tierra, pero no encontraba nada”. Como él, muchos marineros se ven obligados a embarcar en estas largas travesías contra su voluntad y solamente empujados por la presión de una necesidad de supervivencia: “Tienen hijos, esposas, madres... Nadie querría meterse en esos viajes, pero no nos queda otra”, remata.

Sin noticias de los gobiernos

La situación por la que están pasando todos los familiares de los marineros los sobrepasa en muchos sentidos. Emocionalmente están desolados, pero las bregas con la Administración empeoran todavía más la situación: “Tenemos familia en Perú que quiere venir, pero no pueden porque ni siquiera tienen pasaporte”, explica Marluz. La madre de Edwin Esquivel tiene 65 años y, desde Perú, se ha pegado de bruces con una burocracia que no está preparada para situaciones de emergencia. Por eso, desde el Consulado General del Perú en Barcelona les brindan su ayuda y les prometen que harán todo lo que esté en sus manos para arreglarlo.

De los que no han recibido ni una sola llamada es de la Xunta de Galicia o del Gobierno de España. “No tenemos recursos para una posible repatriación y ni siquiera para pagar un billete de avión de última hora”. A última hora del día de ayer, el Concello de Vigo les ofreció el Auditorio Municipal para que las familias puedan reunirse.

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