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Detectar el “ahogamiento silencioso”, la prioridad del equipo de salvamento acuático vigués, que cierra el verano con 13 rescates

La prioridad de detectar el "ahogamiento silencioso"

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Pedro Fernández

“El mar es como el fuego, no vemos lo peligroso que es porque no arde, pero lo es”, avisa Carlos Vales, responsable del servicio de Salvamento del Concello que vigila las 12 playas del área de Vigo. Quiere que la gente comprenda que bañarse en el mar es una delicia a la que hay que tener siempre respeto. Especialmente cuando no se domina el arte de la natación, se tienen problemas de movilidad o se padecen patologías de base, como problemas cardiacos (tan comunes en Galicia).

Este ha sido un buen verano en términos de asistencias en el medio acuático, “afortunadamente, la mayoría de las intervenciones en el mar son rescates”, comenta Vales. Han sido 13 rescates (personas que necesitan ayuda dentro del agua para salir, por un tirón, cansancio...), pero ningún ahogamiento fatal. Sin embargo, este equipo integrado por 70 personas (entre socorristas, enfermeras, auxiliares y personal de emergencias sanitarias), ha vivido algunos episodios complicados.

El salvamento acuático vigués cierra el verano con 13 rescates

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Pedro Fernández

Por eso, son de los primeros socorristas en prestar atención al llamado ‘ahogamiento silencioso’, común en nuestras playas y al que, hasta ahora, no se le otorgaba la importancia que merece. Lo sufren bañistas con una patología cardiaca a quienes les da un infarto o una angina de pecho en el agua. “No pueden hablar, se mueven de manera errática y solo tienen un minuto antes de quedarse prácticamente inconscientes y boca abajo. ¿Cómo se detecta? Quien lo ve piensa... ¿qué está haciendo ese, qué cosa más rara”, explican los socorristas.

El equipo también pone ejemplos para aprender a ser prudentes. “En Fortiñón (donde más rescates se produjeron), conocida por la gente como Saiáns, una persona no podía salir. La orilla tiene una pendiente muy pronunciada, el oleaje viene sin romper porque no toca el fondo, entonces choca contra ese cantil, y en ese momento, se genera una fuerza que arrastra a una persona a más de 15 metros. No es una fuerza de arrastre tremenda, pero la gente se pone nerviosa porque ha cambiado la posición sin esperarlo y cuando quiere volver a la orilla no es capaz de coordinarse con la ola, que lo vuelve a arrastrar. Cada vez más nerviosa y cansada, esa persona no puede salir”, narra el responsable del equipo. Es uno de los rescates que más se repiten en esta zona.

Otro cantar son los niños, hay playas con mayor peligro y la gente no lo percibe. El equipo se refiere a Lagares. “Los padres entienden que es una zona tranquila y de remanso cuando está subiendo la marea, porque se forma una especie de lago donde se ponen los críos a jugar. Pero en el momento en que empieza a bajar es como quitar un tapón. Toda el agua acumulada en seis horas de subida baja de repente sin avisar y se forma una corriente rapidísima en apenas 10 segundos”, es ahí cuando intervienen los socorristas. También lo hicieron cerca, cuando dos adolescentes se quedaron atrapadas en el agua con sus tablas de body. “Se sumaba a la corriente, el viento, el cansancio y el hecho de estar cada vez más lejos de la orilla. Tras rescatarlas, las chicas no necesitaron asistencia sanitaria, pero sí para aplacar el susto”. Vales explica que para el rescate allí “no hay una técnica concreta” sino un profundo conocimiento por los socorristas de la playa donde trabajan, las mareas, las corrientes, por dónde entrar al agua y salir con la persona rescatada.

En las playas viguesas es común también “ver a gente con el bastón dentro del agua”. El equipo se refiere a personas mayores que se confían. “Tuvimos que ayudar a una persona con problemas de deambulación en Tombo do Gato. Es una zona donde las personas mayores se sienten seguras. Se meten con el agua a la altura del pecho y se dejan flotar un ratito, pero el efecto del oleaje les desplaza y cuando tienen problemas de movilidad o coordinación y no hacen pie, no pueden salir del agua solos”, recalca el jefe del equipo.

En los últimos veranos han observado que “cada vez se pierden más ancianos al desorientarse”. Y piden a los demás, que cuando se encuentren con alguien en peligro avisen a los socorristas, sobre todo en el agua.

“El cuerpo nos pide a todos ayudar, pero contactar con una persona en el agua, consciente, que siente que se está ahogando, puede acabar en dos ahogados”

Solo Samil concentra cada domingo de calor a más de 25.000 personas. Una plaza difícil en términos de vigilancia, que supone para el equipo de Salvamento a del Concello un desafío. Sin embargo, el groso de las asistencias son por: picadura de faneca e insectos, cortes en las rocas y “cada año más luxaciones y fracturas de personas que hacen deporte en el agua, juegan a las palas o al fútbol y caen al suelo”. Pero, con “un 70% de las paradas cardiacas recuperadas”, el balance es “positivo”.