La avenida de Madrid impulsará su seguridad con dos radares, cámaras y 12 pasos de cebra

Habrá siete cruces peatonales más y se emplazarán a una distancia media inferior a 200 metros: dispondrán de semáforos e iluminación reforzada

La intersección con San Roque y Loureiro no se resolverá con una rotonda

Vehículos circulando ayer por la avenida de Madrid.

Vehículos circulando ayer por la avenida de Madrid. / Javier Teniente

La nueva avenida de Madrid, que se despedirá de las tan reconocibles verjas metálicas, no solo será más amable para los ciudadanos, más verde y más moderna, también ganará seguridad, un aspecto que necesita mejorar la entrada y salida a la ciudad más utilizada por los vehículos: registra cada día una media de más de 50.000 trayectos. El proyecto de remodelación de esta arteria de asfalto entre la Praza de España y la calle Gandarón –a la altura del Alcampo, aproximadamente–, financiada por el Concello de Vigo y el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana a través de un convenio firmado esta misma semana por ambas partes con un presupuesto de 16,8 millones de euros–, contempla la instalación de nuevos semáforos, más pasos de peatones con iluminación reforzada, dos radares y más espacio para los viandantes.

Para controlar la velocidad de los vehículos, a petición de la Policía Local, se instalarán dos cinemómetros y se señalizarán para advertir a los conductores. Según se concreta en el proyecto de remodelación de la avenida, serán de tramo y podrían estar situados sobre báculos de alumbrado –es decir, farolas–. Se propone la ubicación al principio y final de la avenida en la calzada decreciente –hacia la Praza de España–, aunque esta implantación es orientativa y deberá confirmarse su emplazamiento final con el Ayuntamiento. También se contempla la colocación de espiras –elementos metálicos localizados bajo el firme de la vía– para medir las intensidades de circulación, cámaras para la toma de imágenes y un panel de mensajería variable.

El refuerzo de la seguridad en esta carretera, que espera desde hace años por un lavado de cara integral, se logrará, a su vez, con nuevos pasos de cebra. Serán una docena en total: se suman siete a los actuales. Todos presumirán de iluminación reforzada –se dispondrán columnas de 6 metros de altura con luminarias específicas para este fin– y estarán regulados por semáforos. En base al escrito de explicación del proyecto, esta medida ayudará a incrementar la permeabilidad entre los márgenes de la avenida. Estos cruces de viandantes dispondrán de un resguardo en la mediana –que acogerá luminarias y será más amplia y ajardinada– de, al menos, dos metros de ancho.

Todas las fases semafóricas asociadas a los pasos de peatones se programarán de tal manera que no sea necesario realizar paradas intermedias hasta alcanzar las aceras, que se humanizarán: serán más anchas y dispondrán de elementos ornamentales. En cualquier caso, se contempla la pavimentación del refugio situado en la zona de mediana, ya que, en la zona de terciana –espacio entre los carriles centrales y los laterales–, se considera que no existe un ancho suficiente para la detención de peatones con seguridad. No se cree necesario porque la idea es que el cruce de la avenida se realice de forma completa.

La cifra de paradas de autobús será la misma, una decena –seis hacia la salida de la ciudad–, pero se modificarán los emplazamientos unos metros para impulsar la accesibilidad de los usuarios de este medio.

De cara a la ordenación del tráfico, las transferencias entre los carriles centrales y las vías de servicio se efectuarán en tres intersecciones. La primera, calles Loureiro y San Roque: no se creará una rotonda, como se planteó inicialmente; habrá dos vías de giro directo hacia ambos viales con ceda el paso. La segunda, Emilia Pardo Bazán (PO-2002) y Estrada do Vilar: la eliminación de las tercianas y sus vallas y la mediana en este punto permite generar siete nuevos movimientos –desde la calzada creciente del tronco (carriles centrales) hacia la vía de servicio de la calzada creciente, de la vía de servicio de la calzada creciente hacia la calzada creciente del tronco, desde la calzada decreciente del tronco hacia la vía de servicio de la calzada decreciente, desde la vía de servicio de la calzada decreciente hacia la calzada decreciente del tronco y desde la PO-2002 hacia la calzada creciente del tronco, la calzada decreciente del tronco, la vía de servicio de la calzada decreciente y la Estrada do Vilar. El documento detalla que, desde la Estrada do Vilar, únicamente se permite el giro a la derecha para acceder tanto a la calzada decreciente del tronco como a la vía de servicio decreciente.

La tercera intersección se encuentra entre Camiño Raposeira y Gandarón: conservará su tipología de glorieta partida. Habrá nuevas isletas ajardinadas para mejorar la canalización del tráfico y de mantendrán todos los movimientos con respecto a la antigua configuración de la intersección. Operativamente, se diseña la ejecución de nuevas isletas para facilitar el encauzamiento del tráfico y evitar que se colapse la rotonda: se bifurcarán la circulación de la vía de servicio de la calzada creciente hacia el óvalo –forma que tomará este punto con la creación de las isletas– en dirección al Camiño Raposeira y los tráficos procedentes del Camiño Raposeira y Gandarón hacia la entrada al óvalo de los que van hacia el tronco y la vía de servicio.

Concello y Gobierno pretenden finalizar la obra en los próximos tres años: se espera que a finales de 2025. Eso sí: todo dependerá de lo que suceda hoy en las urnas. Un cambio de color en La Moncloa podría alterar los planes. La actuación, que se efectuará en dos tramos, contempla la eliminación de las vallas y una mediana con arbolado y césped, así como la reforma del pavimento para mejorar la experiencia de circulación.