Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Alza de ataques sexuales vinculados al ocio nocturno en Vigo

Al aumento de estos delitos entre jóvenes, en los que no se detectó ninguno con uso de sumisión química, se une ahora la preocupación por el fenómeno de los pinchazos

Instalaciones del juzgado de guardia de Vigo. // MARTA G. BREA

Los delitos sexuales vinculados al ocio nocturno están al alza en Vigo. Los juzgados y los forenses de la sede del Imelga han detectado un incremento notable de denuncias en las que víctimas y presuntos agresores son personas jóvenes que se habían conocido o habían coincidido de madrugada en discotecas o en zonas de marcha. En aumento ya desde hace meses, son casos que nada tienen que ver con el nuevo fenómeno de los pinchazos, que se está extendiendo como la pólvora por toda España y que en el área viguesa ha dado lugar esta semana a la primera denuncia, ante la Guardia Civil y todavía pendiente de tramitación judicial, la de una chica que fue trasladada al Hospital Álvaro Cunqueiro y a la que finalmente no le encontraron rastro de tóxicos en sangre. Precisamente, la sumisión química está ahora en boca de todos a raíz de este fenómeno. Aunque hubo algún asunto que levantó sospechas, en los últimos años en Vigo, finalmente no hubo ninguna agresión sexual a mujeres en la que se confirmase objetivamente la presencia de este tipo de sustancias. Los únicos en los que se constató la sumisión química tenían un fin muy distinto, robar a las víctimas: el caso del hombre que sedó a cinco hombres a los que conoció en la red social Badoo y el de los falsos sanitarios que drogaron a un matrimonio anciano para asaltar su vivienda, este último pendiente de juicio.

Los delitos sexuales se han disparado en Vigo en los últimos años. “Hay un claro aumento”, confirma José Luis Gómez, jefe del departamento de Patología Forense del Imelga de Vigo. Rara es la semana de guardia que no hay al menos un caso. “Y hemos tenido guardias de hasta tres denuncias”, constata. Junto a los casos en los que las víctimas son niños de muy corta edad en los que los agresores suelen encontrarse en el entorno familiar, se ha visto un aumento de procedimientos en los que las perjudicadas son chicas jóvenes que han conocido a sus agresores en locales o zonas de ocio. “Ese es el contexto que vemos en muchos de los casos que nos llegan”, afirma Gómez.

Pruebas

¿Y se ha detectado sumisión química en alguno de estos casos? Este experto señala que en su dilatada trayectoria profesional en Vigo no se ha encontrado ningún asunto de estas características en los que, realizados los análisis correspondientes, se constatase la presencia de sustancias como la benzodiacepina o escopolamina, conocida como burundanga. Lo que sí evidencian los análisis muchas veces es presencia de alcohol en las víctimas, algo de lo que los agresores se aprovechan.

El caso más sonado en Vigo de sumisión química fue el del joven colombiano condenado a 21 años de cárcel por suministrar benzodiacepinas en las bebidas y drogar a cinco hombres con los que había contactado a través de la aplicación Badoo, dejándolos en un estado de inconsciencia que aprovechaba para robarles. “Tomé un café, me quedé dormido y ya no se ni como llegué a casa”, relató en el juicio una de las víctimas. “Consumí una cerveza y no recuerdo nada más”, contó otro de los varones que cayó en el engaño.

“Tras un pinchazo con un tóxico aún hay tiempo para reaccionar”

Los profesionales del Imelga de Vigo siguen con atención el fenómeno de los pinchazos. En España se acumulan las denuncias de casos que no han venido acompañados de robos ni de agresiones sexuales, lo que rodea de misterio el fin que buscan los autores en los casos en los que, pese a no detectarse finalmente tóxicos, sí hubo evidencia de pinchazos. Hasta ayer por la mañana al Imelga vigués no había llegado ningún asunto de estas características, que necesita de denuncia previa de la víctima y que conllevaría el envío de muestras de sangre al Instituto Nacional de Toxicología de Madrid –así como de cabello y orina si es necesario– para determinar de forma cuantitativa y cualitativa si la víctima fue drogada. José Luis Gómez explica que un pinchazo con una aguja cometido para suministrar algún tipo de tóxico dejaría rastro y señal física. Estas sustancias –benzodiacepinas o escopolamina– reducen los niveles de consciencia de la víctima, a lo que se une la “falta de recuerdo” de lo sucedido. Pero, incide este forense, el efecto de los sedantes tras un hipotético pinchazo no es “inmediato”, la víctima tendría tiempo a reaccionar.

Compartir el artículo

stats