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De los castros y romanos al ferrocarril: dos milenios bajo los pies

La aparición de nuevos restos arqueológicos en las obras de Porta do Sol ha vuelto a reabrir el debate público en Vigo

De izquierda a derecha, empezando por la fila de arriba: Villa Romana de Toralla; salinas de Roslía de Castro; restos arqueológicos en O Castro; restos en calle Elduayen;Casa de Mora y fachada estación Urzaiz FDV

El debate no es nuevo ni singular. La construcción de aparcamientos subterráneos, nuevas promociones inmobiliarias, viales o centros de salud han puesto de manifiesto que la ría de Vigo lleva siendo habitada más de dos milenios. En esta ocasión, ha sido la aparición de unos restos en Porta do Sol lo que ha reabierto el debate en Vigo.

Los restos arqueológicos de O Castro, sin protección en el siglo pasado FDV

El ejemplo más paradigmático es en el Monte de O Castro, cuna y escudo de la ciudad. Hoy en día solo una pequeña parte del poblado se encuentra recuperada y musealizada pese a su importancia, ya que la construcción de la fortaleza defensiva en su cima se llevó por delante buena parte de sus edificaciones. También en un ámbito suburbano se ha recuperado la antigua villa romana de la Finca Mirabell.

No obstante, la zona de Toralla apenas contaba con edificaciones sobre un yacimiento que acoge cada año celebraciones relacionadas con esta civilización. Contemporánea pero en una situación distinta encontramos a las salinas de Rosalía de Castro, unas de las más grandes de todo el Imperio Romano. La céntica calle fue edificada encima de los restos de esta explotación, lo que ha provocado que urbanizaciones como las situadas en la parte final entre Serafín Avendaño y García Barbón se demoren varios años mientras se catalogaba todo lo presente.

Villa romana de Toralla, preservada y musealizada

También la fábrica de salazón presente en Marqués de Valladares presenta una importancia y dimensiones similares, por lo que el Concello lleva varios lustros con el solar en propiedad a la espera de poner en valor su contenido. La arquitecta Iria Sobrino pone como ejemplo la recuperación de la fachada de la primera estación de ferrocarril de Urzáiz como una línea a evitar en términos patrimoniales.

El edificio inaugurado en 1881 cayó en desuso con la segunda terminal en 1987, siendo sus piedras abandonadas en la estación de Redondela con el nuevo milenio. Tras varios hurtos y ser deterioradas por el clima, fueron restauradas para adornar el muro de Praza da Estación tras la inauguración del complejo Vialia, algo que bajo su criterio es “terrible” al desplazarlo de su origen y despojarlo de cualquier función. A todos ellos habría que sumar los edificios, bancos, cines, mercados y viviendas que el desarrollismo se ha llevado por delante en ese “Vigo perdido”.

La fachada de la antigua estación del ferrocarril se ha reconstruido pegada al muro de Urzáiz. Ricardo Grobas

Una huella que pese a los intentos de arquitectos como Alfonso Penela con la nueva Cidade da Xustiza o las iniciativas contempladas en el PXOM para La Panificadora y otros iconos industriales del pasado, difícilmente volverá a sentirse.

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