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Faro de Vigo

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“Me aseguraron que mi abuela se moría; no me creo que esté en casa”

Pacientes del área sanitaria de Vigo relatan cómo vivieron la reinfección de COVID

Bernal Álvarez y Lorena Martínezcon Fidelina García. Ricardo Grobas

Con tan solo 12 años, Lorena Martínez se quedó huérfana. Fue su abuela la que en aquel momento se hizo cargo de ella y desde entonces han mantenido una relación muy estrecha, siempre cuidándose la una a la otra. Fidelina García Caramés es una mujer que hasta hace poco rebosaba vitalidad y energía, de hecho, hace un par de años, le pidió a su nieta Lorena volar en parapente como regalo de cumpleaños. Y así lo hizo, con 89 años de edad surcó el cielo de los valles del Pirineo.

A día de hoy, con 91 años, Fidelina García continúa teniendo ganas de vivir y el pasado lunes 17 de enero recibía el alta hospitalaria tras casi 25 días ingresada en el Hospital Álvaro Cunqueiro debido a la infección COVID. Si bien la primera vez que se contagió en febrero de 2020, cuando la pandemia todavía no había estallado, apenas tuvo síntomas y tan solo registró unas décimas de fiebre durante dos días, en esta ocasión el coronavirus ha estado a punto de ganarle la batalla y el pasado 23 de diciembre Fidelina ingresó en el hospital vigués casi sin respirar debido a la neumonía que el virus le había provocado.

La primera vez mi abuela apenas tuvo unas décimas de fiebre y en dos días estaba recuperada

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“La primera vez que nos contagiamos, estábamos viviendo en el Pirineo. Habíamos dejado Vigo hacía 10 años porque con la crisis yo no encontraba trabajo y mi abuela se vino conmigo. Allí compartíamos piso con otras dos chicas y una de ella se contagió en su trabajo. Cada una tuvo unos síntomas diferentes, mi abuela fue la que mejor estuvo de las cuatro, apenas tuvo fiebre dos días y, en mi caso, tuve anginas, fiebre y tos. Más adelante nos hicieron la prueba de anticuerpos y nos confirmaron que había sido COVID”, explica la nieta de Fidelina.

Desde hace 7 meses, puesto que su abuela ya tenía una edad avanzada, Lorena decidió regresar con ella a Galicia y en la actualidad residen O Rosal. En el sistema de salud de Aragón le habían recomendado no vacunarla debido a su avanzada edad y ella optó por seguir aquel consejo, se aislaron y se cuidaban de hacer vida fuera. Sin embargo, poco antes de las Navidades, en un entierro se volvieron a contagiar.

Los médicos vinieron a verla cuando casi no respiraba y hubo que ingresarla

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“Mi pareja fue el primero en empezar con síntomas y al segundo día, cuando se hizo la prueba ya dio positivo. A los cinco días, empezamos mi abuela y yo con síntomas. Mucho dolor de cabeza, dolor de cuerpo, cansancio, fiebre... La segunda vez fue mucho peor que la primera, y en el caso de mi abuela igual. Llamé varias veces a los médicos y me sentí ignorada, vinieron a verla cuando casi no respiraba y hubo que ingresarla”.

Del 23 de diciembre al 11 de enero, los días para Martínez se hicieron eternos sin poder ver a su abuela: “Me aseguraron que se moría y que no la iban a ingresar en UCI porque no lo iba a resistir. Yo pedí que, por favor, no la sedaran, la conozco y sé que todavía no quería irse. Y así fue, todavía no me creo que esté en casa de vuelta”, relata Lorena emocionada.

El 13 de enero Fidelina tuvo que volver al hospital y, finalmente, el pasado lunes los médicos le dieron el alta. Aunque está algo desorientada, su nieta asegura que “poco a poco se va acordando de todo y recuperando la vitalidad que tanto la caracteriza”, dice Lorena.

Embarazo y COVID

Al igual que Lorena y su abuela, Rosa Corugeira también ha pasado por el COVID hasta en dos ocasiones, una de ellas, durante el segundo trimestre de su embarazo. Esta joven redondelana de 30 años de edad explica que fue justo antes de recibir la primera dosis de la vacuna, a finales de julio de 2021, cuando supo que se había contagiado y que lo detectó “por casualidade”.

“A primeira vez fun asintomática e entereime porque como tiña que poñer a vacina, por precaución, decidín facer un antíxenos. Tanto a miña parella coma min demos positivo e el empezou con síntomas días despois. A segunda vez foi xusto en Reis, cando o meu irmán espertou sen gusto e sen olfato. Fixo unha proba e deu positivo, e eu poucos días despois. Desta vez tiven síntomas e foi semellante a un catarro”, comenta Corugeira.

En el momento del primer contagio de Rosa, el Sergas no recomendaba la vacunación de embarazadas que se hubieran infectado hasta seis meses después, sin embargo, a los pocos días el protocolo cambió, lo que le generó un mar de dudas: “A información non era clara e eu preferín agardar a dar a luz. Agora xa vou vacinarme, pero tras pasar o COVID unha segunda vez, descoñezo canto tempo teño que agardar. Hai moita incerteza con tanto cambio de normas”, indica.

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