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Los PCB amenazan al delfín común gallego

Un estudio realizado en el IIM-CSIC revela la presencia de estos contaminantes en ejemplares de Galicia, Irlanda y Francia

Un grupo de delfines comunes en aguas de Galicia. BDRI

El uso de bifenilos policlorados (PCB) se prohibió en 1987 dentro de la UE por sus elevados efectos tóxicos, incluidos los cancerígenos. Su presencia era muy elevada en la industria, sobre todo, en los aparatos eléctricos y 2010 fue la fecha límite fijada para su completa desaparición. El problema de estos compuestos persistentes es que una vez que entran en la cadena trófica se mantienen en ella durante muchísimos años y todavía se bioacumulan a día de hoy en ejemplares de delfín común –Delphinus delphis– en aguas de Galicia, Francia e Irlanda.

“Se ha producido un descenso en las concentraciones desde 2001 hasta 2017, pero aún así los niveles de PCB siguen siendo bastante alarmantes. Y esto es preocupante porque, entre otros muchos efectos, causan inmunodepresión, por lo que los delfines son más vulnerables a parásitos y enfermedades, y también problemas en la reproducción, afectando gravemente a la viabilidad de las poblaciones”, explica el autor de la investigación, Diego Fernández Fernández.

El biólogo madrileño realizó este estudio dentro del Instituto de Investigaciones Marinas-CSIC de Bouzas bajo la coordinación de Graham Pierce y además constituye su trabajo fin de grado. Hace unas semanas, también presentó sus resultados durante el XII Congreso de la Sociedad Española de Cetáceos (SEC), que se celebró de forma on line por la pandemia.

Diego Fernández. FDV

Fernández relaciona la edad, sexo y estado reproductivo de los delfines con la concentración de contaminantes y, a partir de ahí, se pueden plantear efectos en los individuos y en las poblaciones. Para ello, utilizó la información ya recogida por varios estudios anteriores: el proyecto europeo Biocet que coordinó el propio Pierce, la tesis doctoral de la viguesa Paula Méndez, actualmente investigadora del Observatorio Pelagis de La Rochelle, y otros datos proporcionados desde este centro de referencia en mamíferos marinos de Francia.

Los datos corresponden a un intervalo de tiempo entre los años 2001 y 2017, por lo que permiten establecer tendencias. Y junto con diferentes características de cada ejemplar –sexo, edad, longitud o el lugar donde varó–, también se recogía una muestra de grasa para determinar los diferentes contaminantes presentes y, a partir de ahí, establecer su concentración en el organismo.

La mayoría de las muestras fueron recogidas y aportadas por la Coordinadora para o Estudo dos Mamíferos Mariños (CEMMA).

“Primero analizamos la muestra y luego creamos un modelo que simula cómo actúan los PCB en las poblaciones de delfín común. Y nos centramos en este tipo de contaminante persistente orgánico porque es el más estudiado y el que más efectos negativos tiene”, apunta Diego Fernández.

Mayor bioacumulación en machos

“Las hembras transmiten una gran parte de su carga de contaminantes a las crías durante el periodo de gestación y la lactancia. De alguna manera, consiguen rebajarla. Pero los machos no tienen ningún mecanismo y acaban teniendo niveles de concentración hasta tres veces mayores”, subraya.

Independientemente del sexo, algunos mecanismos de los delfines a nivel enzimático también consiguen rebajar la concentración, pero lo hacen a niveles tan bajos que su efecto es “ínfimo”.

El estudio de bioacumulación de contaminantes en esta especie cetáceo también detectó variaciones geográficas, siendo los ejemplares de Irlanda los que presentaban los índices más bajos y los de Francia, los más elevados. Pero Fernández apunta que disponían de pocos datos individuos irlandeses, por lo que la diferencia podría deberse a un sesgo del estudio.

Pesca accidental

Tras defender su trabajo final de grado en Madrid, Diego Fernández volvió al IIM-CSIC de Vigo con un contrato de año y medio relacionado con el proyecto europeo CetAMBICion, coordinado por Graham Pierce y en el que también participa el Oceanográfico de Vigo (IEO), entre otras instituciones de España, Francia y Portugal. Y su objetivo es evaluar la pesca accidental de cetáceos desde el estrecho de Gibraltar hasta la Bretaña francesa.

“Desde que empecé la carrera de Biología tenía claro que lo mío era el mar y, concretamente, los cetáceos. Y he tenido mucha suerte de poder realizar aquí mi trabajo fin de grado y de tener ahora este contrato. Dentro del IIM-CSIC también estoy colaborando en el proyecto Transition, que lidera Pierce y que va a analizar la carga parasitaria y de contaminantes en el delfín mular, el delfín común y la marsopa de Galicia”, añade Fernández.

“Mi idea es seguir haciendo investigación. Después de este contrato haré un máster y, en el futuro, me planteo una tesis en este ámbito. Y Galicia es una zona fantástica para estudiar cetáceos”, reconoce.

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