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Sedación en resonancias para sortear el pánico de la claustrofobia

Es el último recurso tras buscar soluciones para cada caso como estar acompañado o colocar un espejo que permita ver el exterior

Povisa realiza cinco resonancias con sedación a la semana por claustrofobia Marta G. Brea

“Yo ahí no sé si seré capaz de meterme”. Es una frase que escuchan habitualmente en el Servicio de Radiodiagnóstico del Hospital Ribera Povisa por parte de usuarios que están a punto de someterse a una resonancia. Y es que alrededor del 10% de la población sufre claustrofobia y los profesionales tienen que lidiar con este temor a diario. Tratan de entender cada caso en particular y ofrecerle una solución personalizada para poder esquivarlo, pero no siempre es posible. Para realizar una de cada cincuenta de estas exploraciones acaban necesitando dormir al paciente con anestesia.

No todas las resonancias plantean problemas para las personas con esta fobia. Son, principalmente, las que requieren que la cabeza esté dentro de la máquina –de abdomen, cardíaca, de cerebro...– y esas representan, aproximadamente, la mitad, según estima el jefe del Servicio de Radiodiagnóstico, el doctor Francisco Tardáguila Montero. Calcula que, de la décima parte que tiene claustrofobia, más de la mitad –un 60%– logra superarlo con distintos mecanismos, como hacerla con un acompañante o tomándose un tranquilizante. Al resto, “hay que dormirlos con anestesia general”. Así, reservan una de las máquinas del hospital una mañana a la semana para estas pruebas y hacen una media de cinco.

“El personal de resonancia tiene muy interiorizado que tiene que trabajar con la claustrofobia”, destaca Maruxa Centeno, coordinadora de Enfermería en Radiodiagnóstico, y sostiene que estos casos ni les sorprenden ni les pillan sin recursos. “¿Usted entra en un ascensor?”, es la pregunta que ella suele hacer a los pacientes. “Si dice que no, vamos a tener un problema, es candidato para la sedación”, cuenta. Pero lo intentarán.

¿Cómo luchan contra la claustrofobia?

“Lo primero que buscamos es crear un entorno tranquilo y apacible, destaca el doctor con luz suave, imágenes, música o, incluso, la emisora favorita del paciente”, destaca el doctor Tardáguila.

Si esto no basta, se busca una solución “individualizada” para cada paciente. Centeno cuenta que a algunos les funciona estar acompañados; a otros les llega con darles una bolita con la que timbrar si tienen algún problema; unos prefieren tener los ojos cerrados y les facilitan antifaces; con otros intentan técnicas de relajación; y a otros se les va la angustia con un espejo en el casco que les permita ver hacia fuera. Hay gente que solo piensa en ese momento desde que le solicitan una resonancia y llaman desde casa preocupados o lo hacen sus médicos por ellos. “Les decimos que vengan y que la vean, para que se queden más tranquilos”, explica. Cuando lo llevan algo peor, puede ser necesaria medicación, un tranquilizante.

“Hay gente que es capaz de serenarse y otra no, porque es una fobia irracional y eso es una patología”, indica el doctor. Son exploraciones de entre 15 y 40 minutos en espacios de 60 centímetros de diámetro –Povisa tiene una resonancia con 10 centímetros más–. Demasiado tiempo para algunas personas.

Un riesgo que es mejor evitar

Solo en estos casos en los que no funciona nada –en una de cada cincuenta resonancias que hacen al día– optan por sedar. “Hacer una anestesia para una exploración no dolorosa y relativamente rápida es un gasto y un riesgo que es mejor evitar”, defiende el doctor Tardáguila. Además, una prueba de menos de una hora se convierte en una mañana entera en el hospital –con consulta de preanestesia antes y n corto despertar después–. Usan un equipo de anestesia especial y “muy sofisticado”, de aluminio o plástico, para que sea compatibles con los imanes de la resonancia. El paciente está monitorizado todo el tiempo, con electrodos, pulsioxímetro y aparato de la tensión.

Maruxa Centeno señala que están consiguiendo que cada vez haya menos sedaciones por todo el trabajo previo. El doctor Tardáguila añade que “los túneles cada vez son más anchos y el ruido es menor”. Hubo una época en la que las resonancias abiertas estuvieron “de moda” pero a él nunca le han interesado: “La calidad de la exploración es peor y lo que nos interesa es la precisión”.

“Luego también tenemos el otro extremo, el del paciente que se queda dormido y se escuchan los ronquidos cuando cesa el ruido”, comentan los profesionales.

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