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SOLIDARIDAD EN PANDEMIA

El banco de leche logra crecer en donaciones en pandemia

Una técnica del Banco de Leche del Cunqueiro, procesándola bajo la campana de flujo. | // FDV

El mayor tiempo pasado en los hogares con el confinamiento y el teletrabajo, pueden estar detrás del aumento de las donaciones que el Banco de Leche materna del Álvaro Cunqueiro tuvo durante el primer año de pandemia, el 2020. Pero no solo eso, porque, si no, ese incremento se tenía que haber replicado en los de todo el país. Y no fue así. Los nuevos protocolos activados por la unidad viguesa, especialmente, en la facilidad de entrega de los biberones sin salir del coche, han permitido este aumento. Recibieron 403 litros, un 44% más que el año anterior. Con ellos pudo cumplir su principal objetivo: que ningún recién nacido de alto riesgo de Vigo, Pontevedra y Ourense se queden sin leche materna. En total, 143 bebés.

“Bajó un poco el ritmo de vida acelerado y creo que animó incluso a mamás que no habían pensado en ser donantes. Tuvieron más tiempo y eso pudo favorecer el aumento del volumen”, sostiene la jefa del Servicio de Pediatría del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi). No es el récord del banco, que en este mes de julio cumple cinco años, pero casi. Fue en 2018, con 415. A lo largo de 2020 obtuvieron el 25% de los 1.587 litros recogidos en total . Y entre el 10 y el 15% procedió de los dispositivos satélites en Pontevedra y Ourense.

Junto al de Santiago, el otro banco de leche materna gallego, reúnen unos 900 litros al año, lo que los sitúa de forma conjunta en el quinto puesto del ranking nacional, tras los más grandes: Cataluña, Madrid, Valencia, Granada y Sevilla.

Con el banco del Cunqueiro, en estos cuatro años y medio, han colaborado 266 donantes. Y a lo largo de 2020, se han adherido 60 nuevas, cuatro más que el año anterior. Para la captación de nuevas donantes, con el servicio de Calidad, han diseñado un nuevo folleto y un código QR para, en tiempos de pandemia, facilitar su reparto por distintos puntos.

Cada año van llegando a más niños. Si en 2018 fueron 116 alimentados con las reservas del banco, en 2019 fueron veinte más y en 2020 llegaron a 143. A todo el que lo necesita: recién nacidos con menos de 1,5 kilogramos o menos de 32 semanas de embarazo. “Y, como solemos tener excedente, alguno un poco mayor o que esté a término pero tenga un problema intestinal o haya sufrido alguna operación digestiva, también se beneficia. No hemos tenido que decir que no a ningún niño”, se congratula la doctora Concheiro. Se les mantiene este alimento, si su madre no puede, “hasta casi cuando se van a ir a casa”.

Los nuevos protocolos que idearon al poco del estado de alarma para facilitar la entrega de leche a las donantes en el coche y sin necesidad de acceder al hospital, les han dado buenos resultados y han recogido los resultados para exponerlo en congresos.

Tuvieron dos donantes que atravesaron la infección por el nuevo coronavirus. Determinaron un periodo de exclusión de 28 días. Algo más largo de la cuarentena por prudencia. Aunque la neonatóloga destaca que, en el caso de que se confirmara que el virus llega a la leche, se moriría en la pasteurizadora. Y una vez que lo ha pasado, “es una leche maravillosa porque está llena de anticuerpos y es buenísimo para proteger a los niños”. Los científicos del Instituto de Investigación Sanitaria Galicia Sur (IISGS) se han llevado muestras de estas donantes y otras madres de prematuros para determinar la cantidad de anticuerpos que hay. Aún no hay datos.

En el banco llevan a cabo muchos investigaciones. Con una beca de la Sociedad de Pediatría de Galicia se están secuenciando componentes de las proteínas de la leche materna.

Con alumnos de la Facultad de Medicina estudiaron la contaminación de la leche entregada por las donantes y concluyeron que había pocas. “Es mérito de las madres y del personal que las entrena”, destaca la doctora. Han pulido el protocolo con el que detectan gérmenes en la leche. “Cada vez nos hemos hecho más eficientes y descartamos menos leche”, subraya. Apartan entre un 8 y un 10% de la leche donada por este motivo, lo que los coloca en un nivel intermedio en España.

Otro de los avances con los que han llamado la atención de otros hospitales es el sistema que desarrollaron para quitar el exceso de grasa de la leche para poder administrársela a bebés con quilotórax, una patología poco frecuente en la que esta grasa de más se acumula en el pulmón.

Instalaciones

A l que sí ha afectado la pandemia es a los planes para ampliar las instalaciones del banco de leche. Había otras prioridades de inversión. La doctora Concheiro lo comprende, pero espera que se puedan retomar pronto, para poder disponer de unas instalaciones más cómodas para los técnicos y en las que se pueda incluir una segunda pasteurizadora.

Refuerzo de proteínas a la carta

La cantidad de proteínas que deben recibir los prematuros en su dieta es alta, según lo que estipulan las recomendaciones internacionales, y pocas madres tienen una leche con tantas. De hecho, es muy variable la cantidad de una mujer a otra. Gracias a la tecnología del Banco de Leche, la Unidad de Neonatología puede realizar un análisis nutricional tanto de la donada como de la que los niños ingresados reciben de sus madres. Así pueden suplementarlas a la carta. Es una de las pocas unidades de neonatología que lo hacen en España. Lo habitual es fortificarla de forma estándar con un sobre por 25 mililitros sin saber el punto de partida. Hacerlo a la carta da “muy buenos resultados”. En el Cunqueiro, que también analizan las grasas e hidratos de carbono, han presentando varios trabajos en congresos sobre ello. “Los niños crecen muy bien y hay menos sobrecarga proteica”, explica la jefa de servicio, la doctora Ana Concheiro.

Noelia Valverde, con el pequeño Lucas y el padre en su mes de ingreso tras el parto. | // FDV a. blasco

“Todo lo que les aporta a los prematuros les ayuda a salir adelante mucho antes”

En colaboración con el Banco de Leche del Hospital Álvaro Cunqueiro, científicos del Instituto de Investigación Galicia Sur están analizando la presencia de anticuerpos frente al COVID-19 en la leche tanto de madres que ha superado la infección como en las que han sido vacunadas. Una de estas últimas será la de Noelia Valverde. Cuando la llamaron para citarla para el primero de los pinchazos de la AstraZeneca, lo primero que hizo fue hablar con el banco de leche para ver qué hacía. “Les dije que, para mí lo importante es que sea bueno para el niño y que si iba a haber algún problema, yo no me vacunaba. Me dijeron que sin problema, que no iba a haber problema ninguno”, cuenta y añade: “Si ellos van a aprovechar la leche para los prematuros en UCI porque consideran que es buena para ellos, también lo es para el mío”. Lucas, el hijo de Noelia, también necesitó la leche del banco cuando nació, hace cinco meses.

Llegó al mundo mucho antes de lo que se le esperaba. Lo intentó primero en la semana 28 de las 40 que tiene la gestación. Lograron pararlo y el fármaco que le dieron para acelerar el crecimiento de los pulmones le permitió llegar con ellos bien desarrollados cuando decidió que ya no esperaba más para ver el mundo. Fue en la semana 30, cuando solo pesaba 1,4 kilos. La experiencia del parto fue muy dura para su madre, a la que durmieron para una cesárea de urgencia –el bebé venía de pie– y no pudo presenciar el nacimiento. Luego estuvo 8 horas en reanimación sin noticias. Con quince horas de vida lo vio por primera vez, en la UCI y allí también comenzó su experiencia con la lactancia. “Me trajeron un sacaleches y conseguí sacarme un par de gotas y me dijeron que toda gota valía y se la iban a dar”, recuerda. Antes, necesitó leche del banco. Un recurso que Noelia considera muy importante. “Todo lo que les aporta les ayuda a salir adelante mucho antes. Siendo tan prematuros, tan débiles como se les ve, es un aporte que les viene muy bien”, sostiene y añade: “Tienen bastantes problemas al principio con el reflujo y ver que no tienes que darle nada artificial es una satisfacción”. Por eso se convirtió ella en donante. Hoy, Lucas, con 5 meses, pesa más de 6 kilos “y no parece ni siquiera un niño prematuro y es alimentado solo de leche materna”.

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