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Madrid y Boston, espejos para dignificar el acceso de la AP-9

Boston, Vigo y Madrid : los polos opuestos

Boston, Vigo y Madrid : los polos opuestos

Vecinos, negocios y el propio alcalde vigués, Abel Caballero, demandan a Audasa, la concesionaria de la AP-9, un acceso “digno” por la autopista. Quieren que la puerta de entrada a la ciudad por esta arteria, coronada por el centro comercial Vialia, sea permeable, libre de ruidos e integrada.

En ambas metrópolis, las autoridades optaron por soterrar el tráfico con el objetivo de ganar espacios verdes para los vecinos

Visto el aspecto actual de ese punto de la urbe, en el que cobran protagonismo el asfalto, los coches, los grafitis y la maleza, con edificaciones que se levantan a tan solo unos metros del vial desprotegidas de la contaminación acústica, puede parecer una verdadera quimera, pero hay ejemplos en España que ayudan a entender que no lo es: Madrid Río, en la capital española, y el Big Dig, en Boston, son dos casos de éxito.

En el primer modelo: el soterramiento de la M-30 en la zona del río Manzanares, como explican desde la página web del Ayuntamiento de Madrid, supuso la “mayor operación de reequilibrio ecológico en la historia reciente de la ciudad”: se desembolsaron miles de millones de euros, lo que derivó en que las arcas del municipio se situasen en números rojos. La zona por la que antaño circulaban miles de coches se convirtió hace justo 10 años en un gran parque lineal, un corredor verde que se extiende desde El Pardo hasta Getafe capaz de unir bosques, espacios verdes, jardines históricos y parques urbanos que, antaño, estaban dispersos y sin conexión entre ellos.

El resultado de esta actuación es una infraestructura medioambiental de un valor incalculable que permitió recuperar e integrar el río en la estructura urbana y convertirlo en un nuevo eje vertebrador de la capital española. Madrid Río tiene una superficie total de 1.210.881 metros cuadrados, donde se han plantado 33.623 nuevos árboles de 47 especies, 470.844 arbustos de 38 especies y 210.898 metros cuadrados de pradera. Está concebido como un espacio “accesible para todas las personas con independencia de sus características físicas, psíquicas y sensoriales”.

Los puentes gemelos del Invernadero y del Matadero

Al mismo tiempo, es una apuesta por la movilidad blanda, una de las reclamaciones del alcalde vigués. Se centra en itinerarios peatonales y ciclistas y en los desplazamientos mediante transporte público. Ofrece 30 kilómetros de sendas ciclables; 33 pistas deportivas para la práctica de patinaje, skate, escalada, fútbol 7 y 11, fútbol sala, pádel, tenis, baloncesto y ciclismo BMX; 17 áreas de juegos infantiles con 65 elementos; 3 circuitos biosaludables con 22 elementos; 7 pistas de petanca; 12 mesas de juegos; tres plataformas de eventos culturales en el Puente del Rey y Matadero y un Centro de Interpretación del Río Manzanares, a lo que se suma el Complejo Cultural de Matadero Madrid. Además, con el fin de facilitar la estancia y el disfrute del parque, se instalaron 5.506 nuevos bancos, 63 fuentes para beber, 637 horquillas aparcabicis y 84 aparcabicis, así como 8.528 luminarias.

La permeabilidad es otro de los factores por los que Madrid Río puede sacar pecho. Para conectar ambos márgenes del río, existen 33 pasos, entre los que destacan puentes de nueva creación que, por su singularidad, constituyen nuevos iconos urbanos, como el puente monumental de Arganzuela, los puentes gemelos del Invernadero y del Matadero, el puente del Principado de Andorra o el denominado puente oblicuo, construido sobre lo que antes eran calzadas de la antigua M-30 en superficie.

Un segundo caso similar al de Madrid Río se ve en Boston. Se conoce como el Big Dig –la gran excavación, en inglés–. Las autoridades optaron por soterrar la arteria central de la ciudad, que contaba con seis carriles, para poner fin a un reguero de problemas asociados a la contaminación acústica, atmosférica y visual. A mayores, se creó un nuevo ramal para conectar el núcleo de la metrópolis con el aeropuerto. Tras una obra de miles de millones de euros –es el proyecto de autopista más caro de Estados Unidos– que se empezó a disfrutar en la década de los 2000, el asfalto dio paso a parques llenos de vegetación y con zonas para correr, pasear, andar en bicicleta o disfrutar sobre el césped.

 La construcción de los túneles Ted Williams y Tip O’Neill, así como del puente Zakim, pusieron punto final a la separación del vecindario por medio de una barrera arquitectónica gigante levantada a mediados del siglo pasado. Las críticas a la transformación de la zona vienen motivadas por el elevado coste que supuso llevar a cabo una actuación de ingeniería tan colosal.

Klyde Warren Park

Reutilizar pasos elevados

Una opción interesante para mejorar la habitabilidad de las ciudades con el mínimo coste posible es la reutilización de pasos elevados para generar zonas verdes. En Dallas, han tomado esta decisión: utilizaron el paso elevado que se ubica en el barrio de Deep Ellum para construir el parque Klyde Warren Park, un enclave repleto de vegetación y punto de referencia no solo de los vecinos, también de los visitantes, con amplias zonas de esparcimiento ciudadano.

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